El bosque azul está en el lado oscuro.

El greenwashing, esa técnica que consiste en hacer un lavado de cara verde sin dejar de contaminar, apesta. Tanto que se ha quedado fuera de moda: ya no mola. Las mismas empresas que han conseguido quemar la “publicidad verde”, y de la mano de planteamientos como el de Gunter Pauli, se lanzan a la conquista de nuevos colores: es el momento del bluewashing.

Hace ya unas cuantas décadas, la Unión Europea tuvo que aprobar reglamentos, de cumplimiento voluntario, que garantizasen el correcto uso de palabras como ecológico, biológico y orgánico para evitar la publicidad engañosa. Pero todavía hay un gran número de organizaciones que prefieren ignorar la legislación ambiental, seguir produciendo barato a costa de lo que sea y atraer al consumidor con publicidad engañosa.

Ejemplos cercanos de bluewashing tenemos dos. El primero es el de Volkswagen. Este fabricante de coches está boicoteando desarrollos normativos relacionados con la reducción de gases de efecto invernadero procedentes de la automoción. En particular, según la campaña de greenpeace, que suma ya más de 230.000 seguidores:

  • Volkswagen gastaría millones de euros al año en financiar grupos de presión que están tratando de impedir que Europa fortalezca su compromiso de reducción de gases de efecto invernadero del 20% al 30% para el año 2020.
  • Volkswagen se opone a unos estándares europeos ambiciosos de eficiencia en el uso de carburante de los coches, medida necesaria para reducir la dependencia del petróleo.
  • Volkswagen dice que quiere ser “el fabricante de automóviles más respetuoso con el medio ambiente de todo el mundo”, pero los modelos más eficientes solo representaban el 6% de sus ventas en 2010.

A pesar de estas prácticas, manifiestamente contrarias a un compromiso de protección ambiental, la empresa Volkswagen tiene una campaña “azul”, totalmente infantilizada, en la que nos vende sus esfuerzos por reducir las emisiones CO2 ¿En qué quedamos? ¿Estamos comprometidos con la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero o sólo con pagar publicidad para llegar al público infantil y a sus papás a través de la publicidad de la película de Los Pitufos? Definitivamente, el bosque azul de Volkswagen está en el lado oscuro de la fuerza.

El otro ejemplo inmediato es el de Endesa, quien, anda buscando, a cambio de dinero, quien hable bien de su “actitud azul” en la blogosfera ambiental. No está mal para una empresa que, gracias a las medidas desarrolladas por un expresidente del gobierno al que ahora cobija en sus filas, está fomentando la pobreza energética en nuestro país y mantiene un modelo de negocio que impide el desarrollo de alternativas más sostenibles, más respetuosas con el entorno y más justas social y económicamente.

No voy a ser tan reaccionario como para decir que la “Economía Azul” no aporta nada nuevo, pero no está de más recordar que la definición de Desarrollo Sostenible del Informe Brundtland, de 1987, ya incluía la necesidad de incluir las variables social y económica, junto a la ecológica, en el modelo de desarrollo:

Esquema de los tres pilares del desarrollo sostenible.

Satisfacer las necesidades de las generaciones presentes sin comprometer las posibilidades de las del futuro para atender sus propias necesidades