King Kong 2005: visite Nueva York.

Cuando salí del cine después de ver la versión de 2005 de King Kong, me prometí a mi mismo que tenía que luchar contra el bombardeo subliminal que había recibido. Pero acabé sucumbiendo y, a pesar de un esfuerzo activo por reprimir el impulso, tiempo después acabé visitando la ciudad de los rascacielos.

Porque esa es la triste realidad sobre esta “película”: no es más que un experimento para inducir en la mente de los espectadores la necesidad de visitar la ciudad de Nueva York. No hay una historia original, no hay una revisión o actualización de una película anterior… sólo una serie de planos y secuencias cuyo objetivo es forzar la voluntad y buen criterio de personas normales y corrientes, de modo que cambien moneda local en dólares y se los gasten en la gran manzana.

Por supuesto, nadie se sometería a tal tortura voluntariamente, así que había que disfrazarlo. Qué mejor reclamo que un remake de un título clásico: capta la atención de cinéfilos y profanos, atrae a distintas generaciones… y, sobre todo, oculta perfectamente la intención real de la cinta: hacer llegar el mensaje a toda la humanidad de que, sea cual sea tu condición, en Nueva York siempre estarás mejor.

¿No me creen? Reflexionen ¿Han visto la película y posteriormente han viajado a la ciudad del Empire State Building? ¿Creen que es una casualidad?

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