¿Quién debería pagar por las emisiones del diésel?

Fueling upLa superación de los niveles saludables de contaminantes atmosféricos en el aire de las grandes ciudades es uno de los retos, tanto desde el punto de vista ambiental, como por su repercusión en la salud pública. Recientemente se ha vuelto a abrir el debate de penalizar el tráfico diésel y los vehículos más viejos por la vía impositiva. Se recupera, en esta etapa de profunda crisis económica, una medida impopular que lleva años encima de la mesa, pero que nadie quiso poner en marcha en época de vacas gordas. Con independencia de la necesidad recaudatoria, cabía preguntarnos si aumentar el coste al usuario final conseguirá reducir las emisiones atmosféricas, o si la mejor alternativa, desde el punto de vista medio ambiental, es rejuvenecer el parque móvil.

La mayor parte de los conductores no ganan dinero quemando combustibles fósiles en el motor de sus vehículos. Para muchos es un coste en el que incurren para poder acudir a su lugar de trabajo. La prioridad del usuario final no es quemar un derivado del petróleo, es desplazarse de un sitio a otro. Pero, con demasiada frecuencia, no hay alternativas al vehículo particular, bien porque los horarios o rutas del transporte colectivo no satisfacen sus necesidades, alguna condición particular hace que resulte necesario el transporte particular o, simplemente, porque no existen alternativas viables de movilidad sostenible por las que puedan optar.

Si se tiene la necesidad de un vehículo, el mercado no ofrece muchas alternativas: la mayor parte de la oferta asequible para el bolsillo del consumidor final, salvo que la bicicleta satisfaga sus necesidades, es de combustión interna. Tan responsables como son con el medio ambiente, las empresas automovilísticas saturan el mercado con máquinas de quemar derivados del petróleo para producir óxidos de nitrógeno, partículas en suspensión, emisiones de gases de efecto invernadero, compuestos orgánicos volátiles… ¿a caso la técnica no ha descubierto alternativas desde hace décadas? ¿por qué no se fabrican en masa? ¿por qué no saturan la oferta con vehículos eléctricos, solares, con motor de hidrógeno…? Como consumidor, preferiría un vehículo que no tuviese que parar a repostar o que, al menos, utilizase una fuente de energía que no me obligase a pagar una pasta cada vez que quiero hacer un viaje.

En el otro lado están los gobiernos y el impulso de la economía. Desde el comienzo de la crisis hemos gastado mucho dinero en seguir fabricando y poniendo en la calle vehículos que queman gasóleo. ¿Acaso las ayudas públicas no hubiesen sido una gran oportunidad para reconducir la contaminación? Quizá hemos perdido la mejor oportunidad que nos brindó la crisis para aumentar la oferta de alternativas por un transporte más limpio al subsidiar una industria obsoleta que se lucra de las emisiones atmosféricas que tanto nos preocupan. Supongo que a los empleados del sector les da lo mismo fabricar coches que fabricar paneles solares. Su objetivo es llevar un sueldo a casa a fin de mes.

Reflexionando sobre la variable ambiental y el rejuvenecimiento del parque de automóviles ¿cómo beneficia al medio ambiente que cambie mi viejo coche? Sí, tal vez reduzca las emisiones de gases, pero generaría cerca de una tonelada de chatarra y residuos peligrosos. ¿Cual es el coste ambiental de reemplazar un coche puramente mecánico por otro lleno de pijadas tecnológicas para cuya fabricación hay que cometer un expolio de recursos naturales a lo largo y ancho del planeta? No es sólo eso, también tendría que desembolsar varias veces el sueldo anual para reemplazar el coche que conduzco desde que mi abuelo decidió no conducir más. Por cierto, que la mayor parte de las averías de un coche viejo las arregla cualquier manitas con un destornillador y una llave inglesa, pero un coche nuevo tienen que pasar, ineludiblemente, por el ordenador de diagnóstico oficial de la marca para saber por qué se enciende la lucecita de turno.

Nos falta por analizar el asunto del combustible, que es el verdadero responsable del problema de las emisiones. ¿Podríamos tener un diésel cuya combustión generase menos residuos? ¿Existen alternativas más limpias que el diésel? ¿Por qué no se comercializan masivamente? Las distribuidoras de gasóleo tienen un buen margen de beneficios con el parque móvil y la oferta de vehículos actual. Son las que ganan dinero con la combustión en los motores que circulan por nuestras calles y carreteras.

Así las cosas, el ciudadano particular, al que van dirigidos los impuestos sobre las emisiones diésel, no tiene mucho que hacer. Es el menos interesado en producir emisiones contaminantes, pero es al que se le va a hacer pagar por ellas. ¿Para qué? ¿Para que la industria siga aumentando la oferta de coches que agotan nuestras reservas de petróleo y ponen en el aire de las ciudades sustancias que afectan a nuestro sistema respiratorio? ¿Para que el sector petrolero siga beneficiándose de la dependencia que tenemos de las gasolineras a la hora de desplazarnos?

Creo sinceramente que si el impuesto sobre el diésel fuese a cargo de los beneficios de las distribuidoras de combustible y la industria de la automoción avanzaríamos algo. El coste también llegaría al consumidor final, evidentemente, pero incentivaríamos al mercado a desarrollar productos alternativos libres de la carga impositiva asociada a las emisiones.

Imagen: Fueling up por Michael Kappel, en Flickr

4 comentarios

  1. Estoy totalmente de acuerdo contigo; mi situacion es similar, si tuviera que renovar mi coche (o mejor dicho el coche de mi abuelo) probablemente obtaria por no comprarme ningún coche. Otra idea que me atrae es gravar a los vehiculos todoterrenos que tan de moda estan. Un saludo.

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