Si me pierdo, no me busquéis en Nueva York.

Lo dicho, si algún día me pierdo, no me busquéis en Nueva York. 10 + 2 días han sido suficientes para mí. Sí, reconozco que me quedé con ganas de pasar más tiempo en el Museo de Historia Natural, recorrer más despacio la colección de fósiles de dinosaurios y la sala dedicada a la biodiversidad.

Vale, sí, me quedé con ganas de rodar por Manhattan con una fixed gear y de pedalear en tándem por Central Park. Cierto es que se me caía la baba en el musical del Rey León y que, con la cantidad de espectadores que reciben, los montajes de Broadway posiblemente serán los mejores del mundo.

Tal vez la prolongación de la estancia debida a la tormenta tropical Irene tiene algo que ver en la percepción negativa sobre la ciudad, pero…

  • En Nueva York si no estás ganando o gastando dinero no pintas nada: es una ciudad para el negocio. ¿La ciudad que nunca duerme? No, la ciudad que siempre tiene tiendas abiertas y anuncios luminosos encendidos a todas horas, que es bien distinto.
  • Da igual que el dolar esté devaluado, Nueva York es caro, sobre todo si no sales de Manhattan: el personal vive de las propinas, por lo que al precio de casi todo hay que añadirle un porcentaje en “tips”… y otro poco en impuestos, que no se queda flojo y el precio a la vista no lo incluye.
  • No es una ciudad humana, en Nueva York no hay personas, hay tarjetas de crédito asociadas a cuentas corrientes que se llenan o se vacían.
  • Allí todo el mundo tiene prisa, menos para atenderte a ti: después de entregarle todos sus derechos humanos al sistema, lo único que les queda a los trabajadores de Nueva York es su dignidad, así que cuida tus modales.
  • Vigilado no, lo siguiente. Hay cámaras por todas partes, es imposible hacer nada fuera del control de las autoridades, los comercios, los medios de comunicación y los turistas. Toda tu actividad en Nueva York quedará registrada para la posteridad y saldrá sin que te enteres en un anuncio en Times Square, en un informativo o en You tube.
  • ¿Qué es ese vapor asqueroso que sale de las alcantarillas para abrazarte cuando menos te lo esperas?
  • Si llevas un poco mal el aire acondicionado, Nueva York no es para ti: cuando paseas por la calle el reclamo de los establecimientos es una corriente de aire fresquito que sale por la puerta invadiendo un radio de 5 metros e invitando a pasar a todo el que lo siente. Una vez dentro, la temperatura gélida es una incomodidad que te fuerza a consumir rápido y salir corriendo. Eso cuando no hay un cartel que dice “aquí se come en 20 minutos”, pasados los cuales un empleado te invita amablemente, o no tanto, a abandonar el local.
  • El local, en muchos casos, se reduce al mostrador. A pesar de las indicaciones de algunas guías de viajes, existen establecimientos de cierta cadena internacional de cafeterías que, por no tener, no tienen ni aseos. Eso sí, te puedes conectar (que no navegar) a su wifi desde la calle.
  • El precio de los perritos calientes, y de todo lo demás, es directamente proporcional a la distancia a Times Square.
  • No existe el menú pequeño, las medidas empiezan en inmenso. Corolario: no hay talla de ropa pequeña.
  • A pesar de que lo habla todo el mundo, el idioma en el que escribo estas palabras es una lengua de segunda, para apestados: si empiezas una conversación en inglés en un espacio público tu interlocutor intentará mantenerla en ese idioma a toda costa, a pesar de que los dos compartáis el mismo lenguaje nativo. Si hablas en español todo el mundo te entiende, a pesar de que habrá quien siga contestándote en inglés.
  • Lo de la climatización en el transporte público alcanza el máximo. En los andenes del metro se alcanza una temperatura similar a la que debe haber en el infierno, mientras que en el interior de los vagones hace un frío polar. Si coges un autobús para visitar otra ciudad, que se yo un outlet de Jersey, que es una atracción típica de Nueva York, a pesar de estar en otro estado, para acercarte a Boston o a Washington, a los bártulos de turista añade una buena manta.
  • De la comida mejor no hablamos. A dolar la pieza de fruta y con una infinita oferta de patatas fritas de colores y sabores indescriptibles, si quieres comer algo que no sea carne picada vas listo. La alternativa está en ensaladas con salsas grasientas. O pasta y pizza. De la bebida no hablamos, eso sí el agua del grifo tiene una calidad excelente y hay fuentes públicas dispuestas a ser utilizadas en todas partes.
  • No puedes utilizar trípode para hacer fotos de las vistas desde los edificios emblemáticos, no sólo porque a algunos como el Empire State Building no te lo dejen subir (te lo retienen en la entrada hasta que bajas), es que hay tantísima gente por todas partes que hacer una foto decente es una proeza digna de admiración. Es más, salvo que estés a los pequeños detalles, resulta imposible sacar una en la que no aparezca publicidad o algún turista posando.

Bueno, no sigo, no sea que estés leyendo esto para preparar tu viaje a Nueva York y quieras encontrar alguna sorpresa o descubrir algo por ti mismo. Si Nueva York marca la tendencia a seguir, prefiero navegar sin rumbo, lo bueno de ir allí es tener la oportunidad de comprobar el modelo y tomar decisiones al respecto.

3 comentarios

  1. No se si pasarle esto a mi hermano que se va allí de luna de miel. 😛

    Las fixies son molonas pero no para Madrid… He visto a una chica subir Huertas zigzageando con una de estas sudando hasta por las pestañas.

  2. Buenas Txema,

    Lo mismo es que yo soy un poco rarito. Igual ellos vuelven con otra impresión. Lo que sí es una buena idea es prevenir de los cambios de temperatura y lo de los aires acondicionados, más vale prevenir…

    Lo de las fixies, sí tengo esa impresión, que mejor para recorridos planos, pero molar, lo que se dice molar, molan.

    Un abrazo.

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