Mucho antes de tener cualquier pista sobre mi orientación profesional, cuando todavía no sabía que algunos cursos después debería tomar decisiones como estudiar letras o ciencias, mis padres me apuntaron a mecanografía. Era una forma de mantenerme ocupado durante el «recreo de comedor», ese espacio de tiempo que, los hijos de padres trabajadores, pasábamos perreando…