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PFAS en el agua de lluvia

Quizá eres de los que estudiaste el ciclo del agua como un proceso purificador que nos devolvía del cielo una sustancia limpia gracias a los procesos de evaporación y condensación. Tenemos que revisar esa idea. De un tiempo a esta parte sabemos que el agua de lluvia arrastra microplásticos, omnipresentes en la atmósfera terrestre. La noticia ahora es que llueven PFAS.

Según el estudio “Outside the Safe Operating Space of a New Planetary Boundary for Per- and Polyfluoroalkyl Substances (PFAS)” el agua de lluvia está contaminada por sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas (PFAS).

Este grupo formado por miles de sustancias químicas (incluye cualquier sustancia con al menos un resto −CF2– o −CF3 en su estructura), que tienen en común su alta persistencia. El conocimiento de sus impactos biológicos se basa principalmente en estudios de cuatro ácidos perfluoroalquílicos (PFAA): sulfonato de perfluorooctano (PFOS), ácido perfluorooctanoico (PFOA), ácido perfluorohexanosulfónico (PFHxS) y ácido sulfónico perfluorohexano (PFNA).

Dado que no se degradan, se han empleado durante décadas en infinidad de aplicaciones: desde envases en contacto con alimentos, baterías de cocina antiadherentes o textiles que repelen las manchas hasta productos de limpieza o espuma para extinción de incendios.

El lado negativo es que tienen efectos perjudiciales para la salud de las personas: pueden acumularse y permanecer en el cuerpo humano largo tiempo. Las evidencias sobre los efectos perjudiciales de la exposición a las PFAS indican que pueden causar efectos adversos en los sistemas reproductivos e inmunitarios, en el desarrollo y en órganos como el hígado y los riñones. También se relacionan con la aparición de tumores. Las personas expuestas presentan mayores niveles de colesterol. Igualmente se relacionan con bajo peso al nacer, efectos en el sistema inmunitario, cáncer y perturbación de la hormona tiroides.

En relación a este riesgo se han ido fijando y actualizando distintos valores en relación a la presencia y la ingesta tolerable para algunas de las sustancias del grupo. Tanto es así que algunas de ellas se encuentran en las listas de sustancias prioritarias de la Directiva 2008/105/CE del Parlamento Europeo y del Consejo de 16 de diciembre de 2008 relativa a las normas de calidad ambiental en el ámbito de la política de aguas. Y la preocupación sobre sus efectos a la salud a través de la cadena alimentaria se manifiesta en el aviso de las autoridades de la región metropolitana de Estocolmo para no comer pescado de los lagos de esa zona.

El estudio compara la presencia de PFAS en muestras de agua de lluvia con los valores establecidos por la legislación de Dinamarca y las recomendaciones de la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (US EPA). Y obtiene como resultado que los niveles de PROA en el agua de lluvia superan ampliamente los límites legislados, tanto en áreas urbanas y zonas rurales como en muestras del Tíbet o la Antártida.

Análisis de suelo en distintos lugares, incluyendo suelos forestales suecos, muestran una contaminación de fondo debida a la deposición atmosférica de PFAS que superaría el estándar holandés para la concentración de estas sustancias en los suelos. Desde aquí podrían pasar a las aguas subterráneas. Estas sustancias tampoco quedan retenidas en los océanos, ya que se ha demostrado que desde allí pueden ser transportados por la atmósfera y volver a las aguas continentales.

Con todos estos datos el equipo de investigación concluye que hemos superado otro límite planetario: la presencia global de PFAS por encima de los niveles de referencia. La persistencia de estas sustancias hace que a pesar de que se ha reducido su uso, seguirán estando presentes durante décadas en las aguas continentales.

El principal problema es el desconocimiento de los riesgos asociados a la inmensa mayoría de los PFAS que están en uso y sobre los que no hay estudios o información suficiente. Por eso recomiendan, a la vista del impacto de la huella química de la humanidad sobre la salud del planeta, sería muy importante evitar la exposición a PFAS y restringir, rápidamente, su uso en todo lo posible. Igualmente la sociedad debería dejar de repetir los mismos errores con otras sustancias químicas persistentes.

Referencia:

Ian T. Cousins, Jana H. Johansson, Matthew E. Salter, Bo Sha, and Martin Scheringer (2022)

Outside the Safe Operating Space of a New Planetary Boundary for Per- and Polyfluoroalkyl Substances (PFAS)

Environmental Science & Technology Article ASAP

DOI: 10.1021/acs.est.2c02765

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