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Consumo sostenible

¿Has quitado las pilas a las luces de Navidad?

Quizá tienes uno como el de la foto. En mi ingenua juventud pensé que en mi vivienda de adulto no habría árbol de Navidad, ni luces, ni adornos… pero esa ingenuidad la cura el tiempo. El caso es que, llegado el momento, me hice con un juego de luces navideñas led que funcionan con energía solar.

El primer año dieron buen resultado, pero el segundo… tocó desmontar y hacerse preguntas ¿Qué hay debajo de este panel solar? Efectivamente, una pila recargable. La idea no está mal, pero si dejas eso un año entero metido en el armario puede que al siguiente no sea capaz de encender las luces. Ni de recargarse. O que si lo pones a pleno sol te cargues la pila. No sé cuál de todas ellas fue. El caso es que tuve que cambiar la pila.

Desde entonces cada año, antes de poner las luces en el árbol y por el mueble del salón (todavía no nos ha dado por colocarlas por las ventanas ni en el balcón, que todo se andará) desmontamos la cajita y ponemos una pila (cargada) recargable.

Y cumple su función, más o menos dura desde que dan las vacaciones a los niños hasta el día siguiente a los Reyes Magos. Si andas un poco pendiente de que le llegue su ración de fotones al panel solar te garantizas los rítmicos parpadeos de colores. Sin el riesgo de tenerlas enchufadas permanentemente a la corriente o el engorro de andar enchufando y desenchufando.

Lo dicho, si estás en la tarea de recoger el árbol y quitar las luces, desatornilla y saca la pila recargable, igual puedes darle uso durante el resto del año en otras aplicaciones. A final de año la vuelves a colocar en su sitio y listo. Personalmente elijo la que tiene peor pinta, esa que cualquier día nos abandona, por si acaso, no me fío mucho de la capacidad de ese panel solar para freír las pilas.

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