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Consumo sostenible

Todos los libros acaban en Amazon

Mi primera aventura editorial fue una autopublicación con la que vendí mi alma al diablo de la distribución. Las críticas por poner en Amazon un libro sobre sostenibilidad no se hicieron esperar. Por suerte pude poner mi segunda obra en manos de la editorial que asumió el reto de publicar Contenedor Amarillo S.A.

Producto local y de proximidad directo a librerías de barrio, como mandan los cánones del buen hacer. Pero a las pocas semanas de su lanzamiento al mercado el libro ya estaba en Amazon ¿Cómo llegó hasta allí?

Pues en parte es un misterio y en parte no tanto. Amazon es un escaparate global en el que muchas tiendas anuncian sus productos. También librerías y distribuidoras. Por supuesto Amazon también vende productos. Pero no los fabrica, luego alguien tiene que suministrarle los productos que figuran como “enviado” y “vendido” por Amazon. Y eso es lo misterioso, al menos para este autor.

Entiendo que habrá algún procedimiento por el cual te conviertes en proveedor de Amazon y dejas una cantidad determinada de un producto para que esté a disposición de sus clientes en los almacenes de la corporación. Pero, en el caso de los libros… ¿Quién lo hace? ¿Por qué?

A la vista de lo que ocurre con “Contenedor Amarillo S.A.” Amazon hace competencia un poco fea al resto de vendedores que ofertan el libro. Sí, tienes 7 opciones de compra a elegir, pero la más competitiva, para el mismo producto, es la de Amazon. Ofrece un pequeño descuento, envío gratuito… lo justo para desincentivar la compra en los otros anunciantes. Salvo que Amazon se quedase sin ejemplares del libro. En este caso aparece un aviso en su opción de compra relativo a la próxima disponibilidad del producto, así que basta con esperar unos días para adquirir el libro al menor de los precios del escaparate.

Supongo que para las librerías tener el producto expuesto en Amazon podría ayudar a aumentar las ventas, quizá complementando las de sus propias páginas web. Pero la que realmente se lleva el gato al agua es quien suministra los libros que Amazon vende y envía en nombre propio.

Otra cuestión es la de la parte del consumo. A pesar de que el libro está disponible en más de 200 librerías y que, gracias a la red de distribución de la editorial, se puede conseguir en cualquiera a la que se le encargue expresamente ¿hacemos el esfuerzo de acercarnos a la librería del barrio, encargar el libro y esperar a que lo traigan?

La inmediatez se impone. Incluso para algo la lectura en papel. Quizá si está en el escaparate a la que pasamos de camino a otra parte sí podemos caer en la tentación de llevarnos el libro, pero ¿Entramos a preguntar? ¿Nos comprometemos con la persona que atiende la librería, si no lo tiene en ese momento, a volver otro día a por él? El maravilloso mundo de los libros y las compras.

Sí, he tenido suerte de que Fuera de Ruta se fijase en mi trabajo y decidiese asumir el riesgo de invertir en la revisión, corrección, maquetación, portada, impresión, distribución y promoción de “Contenedor Amarillo S.A.”. Y estoy orgulloso de que mi esfuerzo de juntar algo más de 300 páginas sobre un tema que me apasiona desencadenase una pequeña cadena de tareas remuneradas por esa inversión.

Nada de eso, ni el hecho de estar disponible en librerías y la plataforma «Todos tus libros», puesta en marcha por libreros, ha evitado que mi libro sobre la gestión de residuos de envases y su reciclaje acabase anunciado en Amazon. Y liderando algunas de esas listas efímeras con las que el demonio de la distribución tienta a consumidores y autores a mantenerse dentro de su abrazo estrangulador.

Lo que sí me aterra es la idea de que el editor no recupere su inversión o de que decenas, quizá centenares, de ejemplares del libro pasen sus días metidos en cajas, arrinconados en almacenes de distintos puntos del mundo, a la espera de lectores que no llegan. O, peor todavía, que les llegue el momento en el que alguien decida que no tienen salida y deben que transitar la senda de la destrucción.

Igual Amazon es la esperanza para que esto no ocurra, el escaparate que consigue sacar los libros de las cajas a base de compras compulsivas. O tal vez es el motor que está llevando el mundo editorial a un callejón sin salida que estrangula a editores, distribuidores y librerías en un modelo de impresión bajo demanda gracias a unas redes logísticas que explotan las desigualdades de la globalización. No lo sé.

Quizá nunca encuentre respuestas a cómo todos los libros acaban llegando a Amazon. Mientras tanto seguiré escribiendo. Quizá sobre residuos. Le voy cogiendo el ritmo. Y es algo para lo que sé que, gracias y a pesar de Amazon, hay salida.

2 respuestas a «Todos los libros acaban en Amazon»

Amazon, lo queramos o no, Alberto, es ahora mismo el demonio. Y (yo también) lo alimentamos. ¿Por qué digo que es el demonio? La lista de razones es larga. Amazon tiene dos modelos: vendor y seller.

La gran diferencia entre un modelo y otro está en quién es el dueño de los productos. En el modelo Seller, las empresas aprovechan el “escaparate” de Amazon para mostrar sus productos, pero son ellos los que venden y facturan directamente al cliente final. En cambio, en el modelo Vendor las empresas que quieren vender pasan a ser proveedoras de Amazon. Esto significa que estos proveedores venden sus productos a Amazon y este se encarga después de venderlos al cliente final. Dicho en otras palabras, Amazon se convierte en el cliente.

Amazon lo sabe todo y cuando ve negocio intentará pasarte a Vendor. Él manda.

Cuando dices que puede que Amazon se quede si stock, olvídate. Es un sesgo cognitivo que introducen para «hacer urgente» la venta. No me lo creo. Y si es verdad es que, sencillamente, saben que ciertas cantidades son las más adecuadas para estimular la venta.

En fin, no sé. Yo compro en Amazon y tengo un Kindle. Pero el ruido que me genera empieza a ser insoportable. Una contradicción interna que me abruma, la verdad.

Gracias por la aclaración Julen, no tenía muy claro lo del vendor y seller.

La contradicción también me abruma. Saber que alimento al demonio, intentar resistirme activamente y caer una y otra vez. Directa e indirectamente: de vez en cuando compro en Amazon, tengo un Kindle y vendo libros en Amazon… con Contenedor Amarillo S.A., al menos, intenté escapar y darme una oportunidad en el mercado tradicional… pero Amazon manda.

Saludos.

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