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Consumo sostenible

El decrecimiento no es opcional.

Un planeta limitado no provee de recursos ilimitados. Es una realidad física. Nuestro planeta cuenta con unas cantidades concretas de materiales que son las que limitan cualquier cosa que ocurra en él. La cantidad de petróleo, los minerales que utilizamos para fabricar nuestros dispositivos electrónicos. Incluso la superficie de tierra fértil capaz de producir alimentos. O el espacio disponible para enterrar los residuos de nuestro sistema de producción y consumo.

Algunas cuestiones son más evidentes que otras. Pareciese que la atmósfera es un sumidero infinito de emisiones gaseosas, pero resulta que somos capaces de cambiar el delicado equilibrio que regula nuestro clima. Lo estamos haciendo por sobrepasar los límites en las concentraciones de gases de efecto invernadero.

Los ríos, mares y océanos nos parecían un buen sumidero para los vertidos de aguas residuales, pero resulta que los hemos alterado tanto que nos devuelven contaminantes de todo tipo en los alimentos que obtenemos de ellos.

¿He dicho ya que nos quedamos sin espacios adecuados para acumular los residuos que generamos? Tirémoslos al mar… no que se descomponen aniquilando los recursos pesqueros y contaminándolos de forma que afecta a nuestra salud. Quemémoslos… ¿convirtiéndolos plásticos que tanto nos facilitan la vida en emisiones que amenazan el clima que permite la vida en la Tierra tal y como la conocemos?

Desde hace tiempo sabemos que muestro modelo de desarrollo no es sostenible. Una definición que nos permite encuadrar este problema es la que nos dejó Gro Harlem Brundtland (en un informe de 1987), que dice que sería aquel que garantiza las necesidades del presente sin comprometer las posibilidades de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades.

Más recientemente William Rees propuso un indicador para visualizar mejor la idea: la huella ecológica. Muy básicamente, este indicador da una idea del número de planetas que hacen falta para que todas las personas del planeta viviesen como tú vives actualmente. Como solo tenemos este planeta tu exceso es a costa del defecto de otras personas: la forma en la que satisfaces tus necesidades impide que otras puedan satisfacer las suyas de una manera adecuada.

Así las cosas vivimos una realidad preocupante. Las personas que consumimos más recursos de lo sostenible viviremos un ajuste que cada vez está más próximo. Las señales de alerta se van encendiendo y cada vez son más evidentes. Pero seguimos haciendo como que no las vemos.

Nos damos el lujo de consumir alimentos que recorren miles de kilómetros antes de llegar a nuestro plato, llamamos economía circular a triturar aparatos eléctricos y electrónicos plenamente funcionales o que se podrían reparar, viajamos en avión para pasar el fin de semana en una ciudad lejana en la que nos alejamos en un establecimiento y comemos en un local de las mismas franquicias que podríamos disfrutar en la ciudad de la que hemos salido… pasamos jornadas interminables en puestos de trabajo con los que pagamos a otras personas para que hagan las cosas básicas que nos hacen humanos: cuidar nuestro hogar, criar a nuestros hijos, atender a nuestros mayores…

Vivimos en una ilusión fugaz que va dando síntomas de agotamiento. El colapso está a la vuelta de la esquina. Con cada aplazamiento de la decisión de dejar de utilizar combustibles fósiles en la automoción, con cada retraso en la descentralización de la producción energética a los tejados y fachadas de los centros de consumo, con cada nuevo obstáculo a una legislación dura en materia de prevención de residuos de envases, con cada nueva campaña de limpieza de imagen de la corporación de turno estamos dando una zancada que nos lleva al abismo.

Será de forma planificada y responsable o de forma abrupta o imprevista. Pero el decrecimiento será. Decrecer es hacer menos con menos. Hacer menos ordenadores con menos metales raros. Para reutilizar componentes y generar menos basura electrónica. Viajar menos, para disfrutar de estancias más largas que nos permitan aprender de otros lugares y otras culturas.

Trabajar menos para repartir mejor la riqueza y dedicarles más tiempo a las personas que somos. Bloguear menos, tuitear menos… resistirse a la siguiente herramienta de Internet destinada a gestionar la dosis de dopamina que nos saca de la senda de la sostenibilidad y nos lleva a relacionarnos bajo la premisa de un desarrollo ilimitado en un planeta de recursos limitados.

El decrecimiento no es opcional. Y cuanto antes nos pongamos a ello menos doloroso será para nosotros y para nuestros seres queridos.

2 respuestas a «El decrecimiento no es opcional.»

Es un poco confuso su planteamiento como propuesta: «El decrecimiento no es opcional». Esto debería ser más claro, algo así como «Lo insostenible no es perdurable»; o «Lo insustentable es un precipicio». Puesto que (lo vuelvo acitar) «Trabajar menos para repartir mejor la riqueza y dedicarles más tiempo a las personas que somos. Bloguear menos, tuitear menos… «, no es consono con su posición, donde, además de que hace bien su trabajo y ajalá continué compqartiendo estos artículos para formar conciencia, lo primero que tenemos al alcance es Comparte esto: Twitter, … y más corporaciones mediaticas de la red donde Usted escribe, comparte e. igualmente, nos pone al alcance. Entonces, mi opinión es que, el trabajo produce no sólo riqueza, además de explotación, contaminación, desertización, agotamiento de los recursos, de la vida, y (lo vuelvo a citar) «la dosis de dopamina que nos saca de la senda de la sostenibilidad y nos lleva a relacionarnos bajo la premisa de un desarrollo ilimitado en un planeta de recursos limitados», sino también buenas obras como la que usted hace al intentar concientizar. Sin embargo, no creo que trabajando menos, o compatiendo en Internet (twittear, por ejemplo), sea la opción lógica. primero, porque no toda «dopamina» (ya que esta es natural; está en nuestro cerebro, y produce también felicidad) nos saca de la senda de la sostenibilidad y menos a relacionarnos bajo la premisa del desarrollo ilimitado, ya que esta es una opción subjetiva del individuo, aunque la mayoría, al parecer, sólo tenga prendido el «piloto automático». Gracias por compartir.

Muchas gracias por la reflexión Eudes.

Le doy una vuelta desde el compromiso de seguir publicando mientras aporte.

Saludos,

Alberto.

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