Tu causa perdida no tiene por qué ser mi causa perdida.

Andar defendiendo causas perdidas es un deporte de riesgo. La crítica al modelo de gestión de residuos y a las campañas más o menos descaradas de greenwashing de distintas corporaciones no me ha traído muchos amigos. Quizá sí la simpatía de personas que en la forma o en el fondo han compartido alguna de las reflexiones que he asomado por este blog, pero el balance es de un continuo desgaste que pasa factura.

Quedó atrás la época en la que todo mi tiempo, desde que me levantaba hasta que me acostaba, estaba dedicado a esas causas perdidas. En mi casa me llamaban “la ONG” y algún empresario para el que trabajaba me avisó de que no era muy prudente hacerme competencia desleal a mí mismo. «¿Qué es eso de hacer gratis los fines de semana aquello por lo que presentas ofertas y con lo que te ganas el sueldo de lunes a viernes?».

Por supuesto que sigo dedicando tiempo a todo aquello que creo que merece la pena. Pero la vida me ha ido haciendo concentrar esfuerzos en cosas concretas. La necesidad de pagar facturas y disponer de recursos para sacar a delante una familia, mantener una cierta estabilidad que permita un nivel ingresos suficiente para subsistir, atender las inquietudes de las personas con las que comparto más tiempo… son cuestiones que han ido ganando espacio a la lucha constante por arreglar los grandes males del mundo.

Sí, claro que me preocupan las emisiones de efecto invernadero, la contaminación atmosférica, la gestión de residuos, la pérdida de biodiversidad, los nativos americanos y los orangutanes de las selvas convertidas en plantaciones industriales. Pero mis prioridades, a día de hoy, pasan por bajar al parque, bailar peonzas, vivir aventuras en bici, ir caminando a trabajar, hacer la compra en la frutería del barrio, charlar un rato a la semana con el charcutero de la esquina o estar disponible para atender las dudas que surjan a la hora de hacer los deberes.

Me encanta estar en todos los saraos, pero el tiempo es limitado y no puedo asumir como propias las causas perdidas de todos los demás. Sí, tengo un blog, utilizo herramientas sociales de Internet y quiero un planeta mejor para los que lo habitamos ahora y para los que vendrán en el futuro. Pero después de cinco años de titulación universitaria y casi dos décadas de experiencia profesional he ido aprendiendo a separar el grano de la paja. Puede que tu causa sea lo más importante del mundo, pero ni es verde todo lo que reluce ni tengo por qué regalarte mi escaso tiempo.

Lo siento, pero cada vez soy más desconfiado. Y más pragmático. Si ya te he dicho que no comparto tu causa o que no estoy dispuesto a casarme con tu perfil anónimo en redes sociales, no sigas insistiendo. Más si te he aclarado que no comparto tus ideas y me has demostrado que no has leído lo que ya he escrito sobre ese tema que tanto te preocupa. Puedo ser borde y tajante en un mensaje privado, pero quizá sea más desagradable para todos si me siento y escribo un artículo analizando aquello que me realmente me inquieta.

No soy una agencia de comunicación ni vivo de mi capacidad para difundir contenidos de terceros. No soy “influencer”. Ni influyente. Quizá una china en el zapato para quienes se dedican a crear falsas plataformas e iniciativas ciudadanas para pervertir los debates sobre cuestiones ambientales y generar opinión a favor de modelos de negocio poco sostenibles.

Pero ni mis ingresos vienen de mi activismo ni mi blog me da de comer. Tal vez si me metes en nómina me lleve mis recursos conmigo. Si consiguiéramos integrar mis causas perdidas en tu modelo de negocio, consagrando un horario laboral al activismo, lograríamos una alianza que nos llevaría lejos a los dos. Pero todavía no me he tropezado con nadie que apueste por la sostenibilidad a ese nivel y que tenga un hueco en su plantilla -con un margen adecuado para la conciliación- en el que integrarme.

Te cuento todo esto porque quizá creas que hacerme chantaje emocional te parece una forma adecuada para que luche por los residuos que acumula ilegalmente la empresa a la que cediste el uso de tu terreno. O porque piensas que estoy obligado a compartir un artículo que escribiste y cuyo fondo o forma no comparto.

Podemos colaborar, pero si tu causa perdida es una actividad económica que genera beneficios monetarios tangibles, una forma de posicionar tu negocio o la manera de encontrar inversores para tu proyecto, lo suyo es que esa colaboración tenga una contraprestación económica por el tiempo que me pides que le dedique. Puedes coger ideas de mi blog y mis fotos para elaborar tus contenidos, pero si no los enlazas ni referencias ¿qué te hace pensar que me va a parecer bien que los utilices?

Podría sentarme y dedicarle un par de horas a explicarte en detalle por qué pienso que tu estrategia es errónea o a aclararte algunos conceptos ambientales que veo que no manejas adecuadamente. Pero le estaría quitando el trabajo a quienes se dedican a diseñar y planificar esas estrategias o a quienes se dedican a la formación y educación ambiental. Y me estaría quitando el tiempo que necesito para mis causas perdidas.

Lo dicho. Me encanta que tengas ideas propias para hacer del mundo un lugar mejor. Si coincidimos en algunas será un placer echarte una mano con todo lo que esté a mi alcance. Pero si no, no pasa nada, la playa es muy grande y caben muchos granos de arena rodando unos alrededor de los otros, cada vez más lejos o más juntos según el momento. Cuantos más y más diferentes mejor para todos. La marea azota todos los días. Y algunos muy fuerte.

4 comentarios

  1. Hola, pues a mi me basta con leer tu blog que me encanta, me informa, me educa y me anima a seguir. N9 me hace falta que apoyas ninguna causa mas. Espero que a tI te quedan muchas horas para disfrutar de tu familia, tu bici y tus charlas con el de la charcuteria de la esquina, gracias por todo que aportas y te mando animos para que sigues escribiendo 😊😊

  2. Muchas gracias Emma,

    Claro que sí, espero que sigamos compartiendo inquietudes. Escribir están en mi lista de causas perdidas.

    Saludos,

    Alberto.

  3. Me pasa lo mismo que a tí, en la primera parte del texto . De más joven estaba metido en ochenta mil cosas (0,7, Tercer Mundo, proyectos sociales, organizaciones, manifas etc.) Ahora, cuando me he hecho mayor, y tengo familia, otras obligaciones, he descubierto que aunque no tenga tiempo para las grandes causas, en los compromisos pequeños del día a día, es donde hay que seguir dando la talla, (Que transporte utilizas para ir al trabajo, si compras aquí o allá, tus pequeños campos de influencia (los hijos), las charlas con los vecinos. Cada día en cada gesto, seguimos construyendo el mundo que queremos. Y lo pequeño es muy importante. Un saludo.

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