Aquí no se recicla

El otro día, de camino al punto limpio, pasé por delante de una parada de autobús que lucía un cartel como el de la imagen que ilustra e inspira esta entrada. A distancia se puede leer “aquí se recicla”, junto con imágenes de tubos fluorescentes y distintos tipos de bombillas. En mi ingenuidad sentí una gran alegría. Pensé que Ambilamp había encontrado la forma de convertir las marquesinas de las paradas de autobús en puntos de recogida de bombillas, de modo similar al sistema que lleva años recogiendo las pilas en estos y otros elementos del mobiliario urbano. Pero no.

A pesar de la invitación “reciclemos también las bombillas” y el mensaje “recicla tus bombillas aquí”, no era más que un anuncio. No había ningún hueco donde dejar las bombillas o los fluorescentes. ¡Qué desilusión!

En España tenemos un problema con la manera en la que afrontamos los problemas ambientales. En particular con los residuos y su gestión. El país con más infracciones ambientales abiertas por la Unión Europea, también es uno de los rezagados en la materia. A pesar de los constantes avisos y recomendaciones para mejorar la gestión de residuos estamos en riesgo de incumplir los objetivos europeos de reciclaje. Y así lo cree el propio sector.

Ocultar el problema no ayuda a solucionarlo. Distintos estudios independientes ponen de manifiesto las carencias y cuestionan las estadísticas sobre residuos. Hasta el punto de, analizando los datos publicados por distintas administraciones competentes en gestión de residuos, concluir que sólo el 25,4% de los envases plásticos se recuperaron en España en 2016. 20 años después de su entrada en funcionamiento el sistema del contenedor amarillo apenas llega a recuperar poco más de la cuarta parte de los residuos para los que se puso en marcha.

¿Qué tienen que ver las bombillas y los envases de plástico? Pues poco o muy poco. Son flujos de residuos independientes, regulados por normativa diferente, con distintos objetivos… pero los sistemas de gestión de sus residuos comparten una misma estrategia corporativa. Y ese es otro de los errores en la gestión de residuos en España. Nos preguntamos por qué fracasan las campañas de comunicación y la respuesta está en la parada de autobús con la que empezaba esta entrada.

En gestión de residuos juega un papel clave la responsabilidad ampliada del productor, un principio plasmado en requisitos legales para que quienes pone en el mercado productos que con su uso se convierten en residuos asuman los costes de la correcta gestión de esos residuos.

Los agentes responsables de la fabricación, distribución y puesta en el mercado de esos productos se organizan en Sistemas Colectivos de Responsabilidad Ampliada del Productor (SCRAP), cuya finalidad es dar cumplimiento a esos requisitos legales, entre otras cuestiones, organizando la recogida de los residuos de las empresas adheridas al sistema.

En la mayoría de los casos, como es el de los Residuos de Aparatos Eléctricos y Electrónicos (RAEE) con los que trabaja Ambilamp, la normativa sobre responsabilidad ampliada del productor establece que los residuos deben recogerse en el establecimiento que vende los productos que generan esos residuos.

Requisitos para la recogida de Residuos de Aparatos Eléctricos y Electrónicos domésticos.

A pesar de que esta obligación tiene más de una década de antigüedad, son muchos los establecimientos que siguen sin darse por enterados y muchos más los consumidores que la desconocen: para la inmensa mayoría de los flujos de residuos regulados por la legislación existe la obligación de recogerlos en los mismos lugares donde se ponen en el mercado.

Esta idea no le gusta mucho al hermano mayor de todos los SCRAP, el primero en organizarse en España, el de los residuos de envases ligeros: Ecoembalajes España, S.A. (Ecoembes). Es más, inventó un sistema de contenedores de colores para que los residuos de envases no volviesen a los establecimientos. Y, por si fuera poco, lucha con todas sus fuerzas por intentar convencernos de que la devolución y el retorno nos perjudican a todos.

Ecoembes también es el SCRAP que dispone de una mayor cantidad de recursos: 500 millones de euros al año que liquida puntualmente en varias partidas, incluida una importante destinada a comunicación y mercadotecnia. No sabemos la magnitud, pero es suficiente para comprar el discurso de varios divulgadores y medios de comunicación.

Es una estrategia suicida de desinformación ambiental, fake news y greenwashing. Frente a un desafío urgente, la comunicación se centra en ocultar el problema, mantener un modelo de negocio insostenible y silenciar las evidencias de que necesitamos mejorar la recogida y gestión de residuos.

Son tantas las agencias de comunicación y los periodistas afectados por la influencia del hermano mayor de los SCRAP que toda la comunicación del sector está contagiada por esa estrategia. Si se queman cuatro instalaciones de gestión de residuos al mes en España, la Federación Española de la Recuperación y el Reciclaje (FER) se cierra en banda y niega la mayor. Ante el clamor de los consumidores que demandan fruta sin plástico, la industria del plástico echa balones fuera. Todos en la misma línea de victimizarse y acusar a otros de intentar confundir que utiliza Ecoembes contra quienes contrastan sus datos.

En vez de avanzar en la gestión de residuos de envases e invertir en más capacidad de recogida y mejor tratamiento, se gasta el dinero de la responsabilidad ampliada del productor –el que todos los consumidores de productos envasados aportamos al sistema en cada compra- en crear imagen de marca y condicionar el discurso ambiental. Hasta el extremo de entrar en las universidades y en los colegios. Ecoembes nos miente para mantener un sistema de recogida de envases que está hipotecando el futuro.

Y sí, nos queda claro que Ecoembes no quiere que se hable de sistemas de depósito, devolución y retorno, que para eso puso en marcha el contenedor amarillo. Tan claro como que ese hermano mayor se ha encargado de difuminar su responsabilidad y señalar los neumáticos, neveras y lavadoras que acaban como basuraleza, desviando la atención sobre los envases de usar y tirar que reinan entre la basura que se abandona en el medio natural.

El mensaje “aquí se recicla” colgado en la parada del autobús responde más a la estrategia de ocultar los tristes datos de reciclaje que a una realidad sobre la gestión de nuestros residuos. Nadie cuestiona que en España se esté reciclando. Ni la labor de los SCRAP. Claro que se recicla y es necesario contar con entidades que organicen la gestión de residuos. Pero queda mucho por hacer y hay que centrar los esfuerzos.

No haría falta gastar el dinero de todos los consumidores en publicidad si nos asegurásemos de que los establecimientos donde se comercializan los productos están en situación de recogerlos cuando se convierten en residuos e informar a los consumidores sobre derechos y obligaciones. Harían falta menos anuncios en marquesinas de autobús si nos asegurásemos de garantizar que las grandes superficies cuentan con espacios adecuados para que los consumidores depositen allí los productos adheridos a SCRAP cuando dejan de ser útiles.

Están muy bien los anuncios sensibleros, pero hace años que el reto no está en concienciar a la gente sobre reciclaje. Menos todavía cuando hay obligaciones legales que cumplir. El reto está en alinear las formas de recogida con los tratamientos que contribuyen al reciclaje de residuos, poner fácil la entrega de esos materiales que la economía circular podría convertir en nuevas materias primas.

Quizá sea cómodo identificarse con un bando y sentarse cómodamente con los que se quieren identificar como nuestros iguales a preparar el ataque al enemigo. Pero estamos todos en el mismo barco. No hay enemigos más allá de los que fabrica la estrategia de comunicación de Ecoembes para seguir dilapidando sin control los recursos de todos que deberían estar destinados a recoger mejor los residuos de envases.

No podemos seguir el ejemplo de un contenedor amarillo que apenas tiene capacidad para el 30% de los residuos que debería recoger y dice estar reciclando más del 70%. No es creíble y no ayuda a mejorar la situación. ¿Qué sentido tiene plantear campañas que responden a los intereses estratégicos del hermano mayor y su modelo de negocio? Estamos ante una urgencia que no admite excusas o lavados de imagen y que no puede esperar.

A pesar de todo, no puedo cerrar esta entrada sin reconocer que el vídeo de Ambilamp que he visto (en “exclusiva”) mientras documentaba esta entrada me parece un rayo de esperanza. Pierde la oportunidad de aclarar que la opción de devolver las bombillas al sitio donde las compramos no es una molestia ni un favor, si no la obligación aparejada a venderlas, financiada por todos los consumidores con la compra de bombillas nuevas pero, por lo menos, invita a llevar las bombillas a los establecimientos donde se comercializan. Un anuncio que se pierde en el buenismo pero, por lo menos, es un paso para sacar la palabra reciclaje de los contenedores de colores. De todos modos no creo que compense el nivel de frustración de quien se acerque a una marquesina del anuncio con el que abría esta entrada con un fluorescente en la mano.

Seamos claros: en la parada de autobús no se reciclan los fluorescentes

3 comentarios

  1. Hola Alberto. Me parece muy interesante tu post. No sólo nos mienten sobre la cantidad que estamos reciclando o que son capaces de procesar, también han convencido a una inmensa mayoría de que el reciclaje es una solución para salvar nuestro planeta. Seamos honestos el reciclaje es un parche muy necesario mientras se cambia la manera de producir. El plástico y otros materiales tóxicos deberían ser un lujo.¿Dónde está el cambio? Y el reciclaje ,aunque pretendan culpabilizarnos( que si reciclamos mal, que si nuestros hijos…) es un negocio redondo costa del consumidor final en todas sus fases. En su día también estuve rascando un poco con las plantas de reciclaje y nunca se salen de su guión preguntes lo que preguntes. Por cierto todo el esfuerzo de cada uno de los bizkainos acaba en una empresa mitad capital de la Diputación, mitad capital privado alemá…

  2. Así es Ana María.

    Siguen un guión para mantenernos en un modelo de consumo insostenible que es la base de su negocio.

    Lo triste es que podrían hacer el mismo o más negocio si nos permitiesen consumir en envases reutilizables y recogiesen nuestra basura de una forma que permitiese procesarla mejor.

    Saludos y gracias por tu comentario.

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