10 mentiras sobre sistemas de depósito, devolución y retorno

10 mentiras sobre sistemas de depósito, devolución y retorno (SDDR)

Con los nuevos objetivos de reciclaje aprobados por la Unión Europea vuelve a estar encima de la mesa el debate sobre el modelo de gestión de residuos. La campaña de desinformación y noticias falsas al respecto recrudece a medida que los planes de gestión de residuos de las distintas comunidades autónomas entran en fase de revisión y se plantea la necesidad de adaptar la legislación estatal a las nuevas reglas europeas.

Antes de seguir, quizá convendría recordar que un sistema de depósito, devolución y retorno (SDDR) es una obligación prevista en la Ley 11/1997, de 24 de abril, de Envases y Residuos de Envases, según la cual “Los envasadores y los comerciantes de productos envasados o, cuando no sea posible identificar a los anteriores, los responsables de la primera puesta en el mercado de los productos envasados, estarán obligados a:

  • Cobrar a sus clientes, hasta el consumidor final y en concepto de depósito, una cantidad individualizada por cada envase que sea objeto de transacción.
  • Aceptar la devolución o retorno de los residuos de envases y envases usados cuyo tipo, formato o marca comercialicen, devolviendo la misma cantidad que haya correspondido cobrar de acuerdo con lo establecido en el apartado anterior.

Este sistema se incluye entre las recomendaciones de la Unión Europea a España para mejorar la gestión de sus residuos y como uno de los instrumentos económicos y medidas para incentivar la aplicación de la jerarquía de residuos previstos en la Directiva (UE) 2018/851 del Parlamento Europeo y del Consejo, de 30 de mayo de 2018, por la que se modifica la Directiva 2008/98/CE sobre los residuos.

Contra este sistema, cuya implantación en España (en contra de lo estipulado en las directivas y recomendaciones europeas) lleva más de 20 años de retraso, se está divulgado un decálogo de mentiras que pasamos a analizar.

  • El SDDR rompe la máxima “Reciclar es un deber”.

¿Reciclar es un deber? La normativa establece una jerarquía de residuos que, como orden de prioridades en la legislación y la política sobre la prevención y la gestión de los residuos, lista las siguientes:

  1. prevención;
  2. preparación para la reutilización;
  3. reciclado;
  4. otro tipo de valorización, por ejemplo, la valorización energética; y
  5. eliminación.

Igualmente se establece que quienes ponen en el mercado productos que con su uso se convierten en residuos tienen que asumir la gestión de esos residuos. El fabricante de un producto, en la fase de diseño, es el que decide los materiales, durabilidad, posibilidades de arreglo, reutilización o reciclado de ese material.

Por cierto, el deber de las personas que generamos residuos en el ámbito doméstico es entregar esos residuos a los sistemas de recogida. Reciclar no es tirar cosas a contenedores de colores, eso viene después y es deber de otros agentes

Así pues, el SDDR no rompe la máxima de “Reciclar es un deber” lo que hace es evitar que la responsabilidad de la gestión de residuos se traslade al consumidor. Porque efectivamente, una vez que no se ha prevenido el residuo y no se ha podido reutilizar, el último usuario de un producto debe entregarlo para su gestión como residuo.

La diferencia es si ese residuo va de vuelta a quien lo puso en el mercado vía SDDR o no. Es decir, si quien hace negocio con ese producto que se convierte en residuo se encarga de su reciclaje o si traslada esa responsabilidad -y los costes- a otros.

  • El SDDR incrementa el precio de la cesta de la compra.

La propia normativa establece que quien cobra el depósito debe devolver esa misma cantidad a quienes retornan los residuos dentro del SDDR. Luego es un sistema que, por ley, no puede encarecer la cesta de la compra.

Es decir, si me cobran 10 céntimos por cada envase sujeto a SDDR, cuando vuelvo al establecimiento con esos envases vacíos recupero mis 10 céntimos. El sistema consigue que los residuos se depositen adecuadamente con un incentivo económico: si a mi no me importan los 10 céntimos y abandono el envase pude que otra persona decida recogerlo para recuperar esos 10 céntimos.

  • El SDDR ataca directamente al pequeño comercio.

De todas las mentiras del decálogo esta es la más increíble. Resulta que el pequeño comercio ha funcionado históricamente a granel y con envases reutilizables. Quizá la memoria colectiva lo ha perdido, pero cuando los envases eran de vidrio reutilizable no había grandes superficies para consumidores domésticos, la compra se hacía en pequeños comercios de proximidad. El casco retornable se llevaba a la bodega de la esquina, no se cogía el coche para ir a un centro comercial.

Las grandes superficies y las corporaciones multinacionales de distribución de productos envasados son las que acabaron con el modelo del envase reutilizable e instauraron el de usar y tirar. ¿Para qué? Para cerrar el pequeño comercio local y de proximidad, concentrando a miles de consumidores en centros comerciales a los que podían acudir a comprar compulsivamente, sin preocuparse de los envases y de las necesidades reales de su día a día.

El SDDR perjudica a esas grandes superficies, planteadas en un sistema de producción y consumo lineal, en las que no cabe la posibilidad de aceptar de vuelta millones de unidades de envases vacíos. Para eso inventaron el contenedor amarillo y por eso atacan el SDDR.

  • El SDDR perjudica el medio ambiente.

Resulta que un sistema de depósito, devolución y retorno permite recuperar los envases uno a uno y prepararlos para su reutilización. ¿Cuál es la alternativa al SDDR? Los contenedores de colores ¿Cómo recuperas un envase del contenedor amarillo para su reutilización? ¿La recogida en el contenedor verde permite la reutilización del vidrio?

Se habla mucho de economía circular. Pues la forma de recoger envases para su reutilización es, precisamente, mediante sistemas de depósito, devolución y retorno. Si los distribuidores no aceptan de vuelta los envases vacíos están fomentando una economía lineal que apunta a un vertedero o a una incineradora como destino para los residuos de envases.

Por otro lado hay que analizar los modelos de producción y consumo de los envases retornables frente a los que promueve el envase de usar y tirar. Con envases de usar y tirar nos vamos a cadenas lineales de producción y consumo, donde se concentra la producción y se alarga la distancia recorrida por los productos envasados. Donde se destruyen puestos de trabajo y se cierran pequeños establecimientos de proximidad.

¿Lo comparamos con un sistema en el que los envases vacíos vuelven al distribuidor en un esquema de logística inversa que utiliza los mismos camiones en los que se hace el reparto? ¿Quién gasta más combustible? ¿Quién tiene más emisiones? ¿Un modelo de usar y tirar con camiones de reparto que vuelven vacíos y camiones de basura que también inician y finalizan su ruta sin carga o una logística inversa basada en SDDR?

  • El SDDR aumenta la suciedad en las calles.

En el SDDR todos los envases adheridos tienen un valor, por lo que existe un incentivo para su recogida. Mira las calles y dime que suciedad ves. Vale, olvida los excrementos caninos y las hojas secas. Botellas, latas, envases de plástico… si se comercializasen sujetos a SDDR no estarían ensuciando las calles:

  • Primero porque la mayoría de los consumidores tendrían un incentivo para devolver el envase al establecimiento donde compraron el producto envasado.
  • Segundo porque quien encontrase esos envases abandonados tendría un incentivo para llevarlo a un punto de recogida donde recuperar el depósito.

Se argumenta que la rebusca de envases por personas indigentes podría causar más suciedad en las calles. La cuestión es ¿qué se rebusca actualmente en los contenedores? Residuos con algún valor.

Los envases ligeros no valen nada para esos rebuscadores que, básicamente, tratan de encontrar objetos de metal con peso suficiente para conseguir unos pocos euros en alguna chatarrería cercana. Su actividad ensucia las calles de envases que no tienen valor porque nadie se los compra. Si consiguiesen más dinero recogiendo los envases abandonados que metiéndose en los contenedores de basura a buscar restos metálicos, tendrían un incentivo para dejar de hacerlo.

  • El SDDR tiene un coste desorbitado.

Es curioso que esta mentira se basa solo en el coste de implantar el SDDR, no considera los costes del sistema actual de contenedores de colores. Es como si los camiones y los cubos de basura fuesen gratis. Pero tampoco entra en la cuestión clave ¿Quién asume los costes de la gestión de residuos? La legislación establece que deben ser asumidos por quien pone en el mercado los productos que con su uso se convierten en residuos.

Con un SDDR todo el coste de la gestión de residuos queda en las empresas que venden productos sujetos a SDDR, mientras que con un sistema de contenedores de colores el coste se traslada a los municipios que recogen sus residuos con estos contenedores y los ciudadanos que pagan impuestos y tasas para que el sistema funcione.

¿Cuánto te cuesta aparcar el coche en la calle? ¿Cuánto ubicar un contenedor de obra delante de tu portal para recoger los escombros de una reforma en tu piso? La recogida selectiva no paga por el espacio que ocupa en las calles de las ciudades.

El coste del SDDR no es desorbitado, es justo. Exactamente lo que tienen que pagar quienes ponen en el mercado productos que con su uso se convierten en residuos. Por el contrario, los contenedores de colores trasladan costes al conjunto de la sociedad. Mucho más barato para las multinacionales de la distribución, pero no para los ciudadanos ni para los ayuntamientos.

La ventaja del SDDR es que el agente con capacidad de decidir sobre el envase percibe el coste y puede tomar medidas adecuadas y pertinentes para aplicar la jerarquía de residuos en su modelo de negocio.

  • El SDDR dificulta el reciclaje.

El principal problema de la recogida de residuos con contenedores es la mezcla de distintos tipos de residuos y materiales que luego hay que tratar en plantas de clasificación de residuos para volver a separarlos y conseguir materiales homogéneos que puedan utilizarse como materias primas. ¿Cómo dificulta esto la recogida separada de envases uno a uno? De ninguna manera. Recuerda que estamos desmontando un decálogo de mentiras y algunas, como esta, caen por su propio peso. Los sistemas de depósito, devolución y retorno consiguen materiales más atractivos para las empresas que se dedican al reciclaje.

Los envases que no son reciclables no pasan a serlo porque estén fuera o dentro de un SDDR. El contenedor amarillo da cabida a toneladas de envases que no se pueden recuperar ni reciclar, pero se venden dentro del mismo sistema de que otros que sí lo son. Así se camufla impacto ambiental de los envases que no se recuperan, pero con la contrapartida de que se encarece la clasificación de residuos y muchos de los que se recuperarían en un SDDR se pierden mezclados con los que no se pueden reciclar.

Nuevamente un SDDR podría mejorar el reciclaje enviando una señal a los distribuidores: si vuestros vacíos envases tienen un valor en el mercado de las materias primas el SDDR tiene un coste menor que si, por el contrario, nadie quiere el material que se obtiene de vuestros envases residuales. Con el sistema del contenedor amarillo los residuos de envases que no se recuperan van a incineradoras y vertederos al mismo coste, para el distribuidor de producto envasado, que los que sí reciclan.

envases de plástico recuperados y listos para el reciclaje

  • El SDDR ha sido rechazado por los países que lo han estudiado.

Esta es una verdad a medias, que casi puede ser peor que una mentira. El SDDR funciona en muchos países y regiones del mundo. Algunos lo estudian y lo incorporan a sus modelos de gestión de residuos. En otros van las corporaciones multinacionales de distribución de productos envasados y crean grupos de presión para que la opinión pública rechace el SDDR.

Si te interesa el tema, en este enlace tienes una entrevista sobre cómo se obstaculiza el avance de los SDDR y el ejemplo de la Comunidad Valenciana, pionera en estudiar el modelo.

  • El SDDR no está implantado en Bélgica, que es el ejemplo a seguir.

Está implantado en otros países que también son ejemplo a seguir. ¿Por qué elige Bélgica el autor del decálogo de mentiras? ¿Qué pasa en Bélgica que no pasa en España? Analizar el caso belga y compararlo con el español o con otros países con SDDR excede el objetivo de este artículo. Sí cabría destacar que, de modo general, los países con SDDR gestionan mejor sus residuos que aquellos que no lo tienen. Realizar esa comparativa a escala global también excede el objetivo de este artículo.

En cualquier caso, es pertinente a recordar que la Unión Europea propone a España considerar la implementación de sistemas de depósito y devolución para mejorar la gestión de sus residuos y avanzar en materia de reciclaje. Puedes leer al respecto en este enlace.

  • El SDDR, por tanto, solo tiene un beneficiado.

Efectivamente, el SDDR solo tiene un beneficiario: el conjunto de la sociedad. No perdamos de vista que SDDR no es una propuesta concreta de una empresa determinada, es un instrumento económico que se puede implantar de muchas formas y con muchos matices.

Quienes atacan el SDDR se centran en una forma de entenderlo que les permite hacer análisis a la medida de sus intereses particulares. Pero los sistemas de depósito, devolución y retorno admiten varias opciones que redundan en un menor impacto ambiental, económico y social en la gestión de envases, empezando por la aplicación de la jerarquía de residuos.

Frente al contenedor amarillo, que destina los residuos -en el mejor de los casos- a un reciclaje de baja calidad, tenemos la posibilidad de implantar sistemas de depósito, devolución y retorno basados en envases reutilizables.

Seguro que podemos encontrar más argumentos en favor y en contra de los sistemas de depósito, devolución y retorno, pero no hace falta mentir para imponer un modelo de recogida de gestión sobre otros posibles.

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