Más reciclaje no resuelve la contaminación por plásticos

más reciclaje no resuelve la contaminación por plásticos

Matt Wilkins publica una interesante columna en Scientific American en la que afirma que “es mentira que los consumidores derrochadores causen el problema y que cambiar nuestros hábitos individuales pueda solucionarlo”. Un interesante repaso al problema del plástico de usar y tirar que me permito resumir, comentar y adaptar libremente en esta entrada, pero que te recomiendo leer su fuente original, siguiendo el enlace que inicia este párrafo.

Sí, todos podemos hacer algo para mejorar nuestro impacto, en particular el que causamos con el plástico que consumimos. A pesar de las críticas al modelo de recogida, es imprescindible participar en él para conseguir que funcione el reciclaje. Pero para solucionar el problema hay que empezar por reconocer la magnitud del mismo y la responsabilidad de los distintos agentes que intervienen.

Ante un problema enorme, de dimensiones planetarias, no podemos actuar mintiendo. Matt Wilkins dice algo así como que:

Reciclar plástico es a salvar la Tierra como clavar un clavo es a detener el derrumbe de un rascacielos. Te esfuerzas por encontrar un lugar para hacerlo y te sientes satisfecho cuando lo logras. Pero su esfuerzo es totalmente inadecuado y distrae del verdadero problema de por qué el edificio se está cayendo realmente.

El verdadero problema es que el plástico de un solo uso es un abuso increíblemente imprudente de tecnología. Alentar a las personas a reciclar más nunca resolverá el problema de una producción masiva de plástico de un solo uso que debería haberse evitado.

Y plantea el ejemplo de las bolsas de plástico del supermercado: se utilizan, de media, durante 12 minutos pero persisten en el medio ambiente durante quinientos años. Cita las evidencias científicas que vamos acumulando sobre los riesgos relacionados con los plásticos de usar y tirar. La lenta degradación de los plásticos en la naturaleza, las amenazas a la vida silvestre, que es un vector de toxicidad, que algunas especies confunden el plástico con su alimento, que se acumula en la cadena alimentaria, que llega a nuestra dieta en el pescado

Si los consumidores tenemos la culpa, ¿cómo es posible que no reaccionemos cuando un estudio informa que habrá más plástico que peces en los océanos para 2050? Yo diría que la respuesta simple es que es difícil. Y la razón por la cual es difícil tiene una historia interesante.

A continuación Matt Wilkins explica cómo en la década de 1950, las grandes multinacionales de bebidas como Coca-Cola y Anheuser-Busch, con otras corporaciones como Phillip Morris crearon la organización de concienciación ambiental, sin ánimo de lucro: Keep America Beautiful. Uno de sus primeros y más duraderos impactos fue llevar “litterbug” al léxico estadounidense a través de sus campañas de publicidad contra individuos no concienciados. El artículo analiza las campañas publicitarias de esta organización, que llevan a los consumidores a imaginar la reencarnación de botellas y cajas de champú.

El problema de estas campañas es que desvían la atención sobre el papel que juegan las corporaciones en el problema del plástico. Mientras hacen publicidad de buen rollo, contribuyen dirigir el foco hacia el comportamiento del consumidor y frustran activamente la legislación que aumentaría la responsabilidad ampliada del productor, cuyo modelo de negocio se beneficia de los envases de usar y tirar y la creciente generación de residuos. El autor ejemplifica en su columna varios casos en los que se intentó reducir la producción de residuos, pero la presión de las corporaciones a través de campañas de lavado de imagen frenó esas iniciativas.

De hecho, el mayor éxito de Keep America Beautiful ha sido trasladar la carga de la responsabilidad ambiental al público y al mismo tiempo convertirse en un nombre de confianza en el movimiento ecologista. Este error psicológico ha creado el apoyo público para un marco legal que castiga a los individuos con fuertes multas o cárcel, mientras que casi no impone responsabilidad a los fabricantes de plástico por los numerosos riesgos ambientales, económicos y de salud generados por sus productos.

En este punto tengo que salir del artículo, basado en lo ocurrido en los Estados Unidos de Norteamérica, y marcar el paralelismo con lo que está pasando en España, con 60 años de diferencia. Podemos cambiar “litterbug” por “basuraleza” y tenemos la misma estrategia: incluir una palabra en el vocabulario de la ciudadanía para despistar la atención sobre el problema de los envases de usar y tirar.

En EEUU lo hicieron en la década de 1950 y, con la experiencia acumulada, lo trasladan a la España de los 2010. En vez de hablar de Keep America Beautiful hablamos del proyecto libera y tenemos la misma campaña de los grandes responsables de los productos de usar y tirar apropiándose del discurso ecologista. Es más, por el módico precio de 5.000 euros donados a una ONG, una corporación multinacional de productos envasados (Procter & Gamble) y una empresa que los distribuye (Carrefour) nos hacen soñar con la reencarnación de sus residuos en nuevos productos.

Nada de esto llamaría la atención si hubiésemos estado pendiente del curriculum de las personas que se dedican a la comunicación en materia de residuos. Un número sospechosamente alto viene de la industria del tabaco, una de las implicadas en la puesta en marcha de Keep America Beautiful. Reproducir el experimento en nuestro país era un juego de niños. ¿Quién se iba a negar a pasar de vender cigarrillos a la puerta de los colegios a inculcar a los niños el uso de botellas de usar y tirar?

Volviendo al artículo que inspira esta entrada, el autor continúa comentando algunas de las modestas iniciativas que, gracias a quienes luchan contra la corriente de plásticos de usar y tirar aceptados como parte de un modelo de consumo moderno, han ido calando en distintos lugares. Y finalmente se nos proponen tres líneas de trabajo. Entonces, ¿qué podemos hacer para que el uso responsable del plástico sea una realidad?  Las resumo en:

  • Primero: rechazar la mentira. Los individuos operamos dentro de unas limitaciones de tiempo, ancho de banda mental y restricciones sistémicas. Nuestro gran problema con el plástico es el resultado de un marco legal permisivo que ha permitido el aumento descontrolado de la contaminación por plástico, a pesar de la clara evidencia del daño que causa a las comunidades locales y los océanos del mundo.
  • Segundo: habla sobre nuestro problema plástico en voz alta y con frecuencia: comenzando conversaciones sobre el tema con la familia y los amigos. Pide a los representantes públicos una mayor responsabilidad del productor y sistemas para la reutilización y el reciclaje. Hay indicios de que algunas empresas también escuchan las opiniones de los consumidores.
  • Tercero: piensa en grande. Ahora se habla mucho de residuo cero. En lugar de tratar de reducir el desperdicio en una pequeña fracción, algunos individuos y comunidades están cambiando su estilo de vida para asegurarse de que casi todo se reutilice, recicle o composte. Las pajitas no reciclables y las tapas para tazas para llevar no caben en este sistema. Aunque inspirador, un estilo de vida de desperdicio nulo será poco práctico o imposible para la mayoría de nosotros dentro de los sistemas económicos actuales. Una alternativa es el modelo de economía circular, donde los desechos se minimizan al planificar de antemano cómo los materiales pueden reutilizarse y reciclarse al final de la vida de un producto en lugar de tratar de resolverlo después.

Por último destacar la conclusión de Matt Wilkins: Este podría ser nuestro futuro: un futuro de ciudades, ríos y playas limpios, pero también elecciones más simples y más responsables para los consumidores. Ahora hay demasiados humanos y demasiado plástico en este punto azul pálido para continuar planificando nuestras expansiones industriales trimestralmente. Es hora de dejar de culpar a los consumidores por nuestra crisis de plástico y exigir un sistema mejor.

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