El nuevo presupuesto de la Unión Europea da la puntilla al sistema español de gestión de residuos de envases.

Tenemos sobre la mesa el nuevo presupuesto de la Unión Europea para el período comprendido entre 2021 y 2027. Un presupuesto nuevo, pragmático y moderno para una Unión que proteja, empodere y vele por la seguridad, según la nota de prensa que podéis leer en este enlace.

El presupuesto, que pretende responder a la realidad actual y a la expectativa de que Europa desempeñe un papel más preponderante en la seguridad y la estabilidad mundiales, propone una cesta de nuevos recursos propios de financiación entre los que se incluye el que inspira esta entrada: una contribución nacional calculada sobre el volumen de residuos de envases de plástico no reciclados en cada Estado miembro (0,80 euros por kilo).

El mensaje está claro: o reciclas tus plásticos o pagas. La medida pretende crear un incentivo para que los Estados miembro reduzcan los residuos de envases y estimular una transición hacia una economía circular implantando la estrategia europea sobre plásticos: reforzar la recogida separada por tipos de materiales (que ya se estableció en la Directiva 2008/98/CE sobre los residuos), para mejorar el reciclaje y aumentar la reutilización. En realidad al revés, porque la jerarquía tiene un orden claro: reducir, reutilizar y, si no queda más remedio, reciclar.

En España se nos da mal aplicar la normativa y cumplir los objetivos europeos. No en vano este país acapara el 70% de las multas de la UE. Transponemos mal y tarde. Y nos inventamos los datos para cumplir estadísticamente lo que a todas luces nos estamos saltando a la torera.

Hasta ahora el negocio de los envases de usar y tirar se había estado escapando de asumir sus impactos ambientales, económicos y sociales, trasladando responsabilidades al conjunto de la sociedad en un sistema de recogida que hipoteca toda la gestión de residuos. Campañas de propaganda e inversiones de buen rollo en asociaciones conservacionistas, centros de investigación, cátedras universitarias y saraos para periodistas estaban desviando el foco de atención.

Pero se acabó. La Unión Europea quiere poner fin al despilfarro que suponen los envases de usar y tirar. Un lujo que no se puede permitir un territorio que depende de las importaciones de materias primas y productos elaborados. Y menos cuando los países a los que se exportaba la basura generada se niegan a seguir recibiéndola. Lo miremos por donde lo miremos, los plásticos de usar y tirar nos salen muy caros. Así que, o los reciclamos, o pagamos 800 euros la tonelada.

Según los datos de la industria (memoria de PlasticsEurope para 2017) en España se recogieron en 2016 2,3 millones de toneladas de residuos plásticos post-consumo de las que se recicló el 37%. El 46% fue a parar a vertedero. Unas 1.058.000 toneladas. ¿Lo multiplicamos por 800 euros la tonelada? Nos sale el módico precio de 846,4 millones de euros ¿Qué harías con ese dinero? ¿Pagar a la Unión Europea la ineficacia del sistema de recogida y tratamiento de residuos de tu país? Yo preferiría que lo invirtiesen en sanidad, educación, movilidad sostenible…

Bueno Alberto, no te pongas melodramático. Pero, esto… seguro que esto tiene arreglo. Claro que lo tiene. Antes de ponerse a pagar 846 millones de euros por no reciclar sus plásticos España tiene muchas opciones. Entre otras:

  • Prevención de residuos: es la primera prioridad en la gestión. Y hay muchos frentes donde se pueden conseguir resultados que afectan tanto al medio ambiente como a la distribución de la riqueza. Un ámbito clave es el comercio local y de proximidad, donde no se requieren los sobreenvasados propios de las grandes corporaciones de la distribución. También tomar medidas para generalizar el consumo de agua de grifo: enseñando a los niños a beber agua del grifo le ahorramos al planeta el consumo de materias primas y unas cuantas toneladas de residuos.
  • Envases reutilizables: es algo que se pide en la estrategia europea sobre plásticos, es la segunda línea de la jerarquía de gestión de residuos y tiene mucho sentido. En España estamos haciendo lo contrario, retirar envases reutilizables de los sectores que los utilizaban para congratularnos de que cada vez reciclamos más, a costa de reutilizar menos. Y de paso cerramos embotelladoras dejando a cientos de trabajadores en paro. La globalización nos ha llevado a transportar materias primas y residuos miles de kilómetros para fabricar envases que se rellenan a cientos de kilómetros de los lugares de consumo ¿No tiene más sentido producir las bebidas cerca del lugar de consumo y llevarlas en envases retornables que puedan reutilizarse varias veces?
  • Mejorar la recogida de residuos: Si la Unión Europea nos va a pedir cuentas de los plásticos que reciclamos o dejamos de reciclar y nos exige una recogida separada por tipos de materiales ¿qué sentido tiene organizar la gestión de residuos en función de si son o no envases ligeros? ¿Por qué nos empeñamos en basar la gestión en un contenedor amarillo que impide la reutilización de envases?
  • Liberar el contenedor amarillo: el contenedor amarillo está secuestrado por la industria del envase de usar y tirar. Podría ser un chiste, pero es un lastre para el sistema de gestión de residuos. Tenemos que dejar que todos los agentes de la cadena de valor del material entren en el contenedor amarillo. Quizá la fórmula, ahora que van a tener que pagar a 800 euros cada tonelada de plástico que no se recicle, es crear sistemas integrados de gestión por tipos de material. En vez de un único sistema integrado de gestión de residuos de envases ligeros crear un sistema integrado de gestión de plásticos. O uno por cada tipo de plástico. De modo que sean estos nuevos sistemas los que controlen todo el proceso, desde la fabricación hasta la nueva obtención de materias primas a partir de residuos recuperados.
  • Despertar a la Administración: quien tiene que vigilar y controlar a los distintos agentes que participan en la gestión y el reciclaje de residuos es la Administración. Estatal, autonómica y local. Actualmente una parte importante está dormida en los brazos de la industria del usar y tirar. Confiando en que los mecanismos establecidos por los intereses económicos del sector resuelvan el problema que han generado. Y no está dando resultado. La Administración tiene que velar por que los mecanismos europeos de protección ambiental tengan los efectos previstos sobre los agentes a los que van dirigidos. Si seguimos dejando que el discurso esté en manos de la industria, las personas particulares seguiremos asumiendo todos los costes de la actividad económica que pone en el mercado productos que se convierten en residuos.

La Unión Europea nos quiere hacer sostenibles. Por las buenas o por las malas. Y no lo vamos a conseguir con las campañas de propaganda buen rollista de la industria del envase de usar y tirar. Hay que tomar medidas serias para aplicar la normativa sobre residuos y evitar el impacto que causa. No es tanto el modelo de gestión como el modelo de consumo. Favorecer a los productores locales y a los pequeños comercios de barrio: generan empleo, reducen la necesidad de transporte de mercancías y necesitan menos plásticos para cumplir su función de llevar alimentos hasta nuestra mesa.

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