Lo que espero de ti si me acusas de mentir sobre tu empresa

triste mentir

Supongo que cada empresa tiene su forma de gestionar la comunicación en redes sociales, que no deja de ser un reflejo de las prácticas internas de gestión y la propia cultura organizativa. Pero hay formas más o menos elegantes de responder a cuestiones que puedan afectar a la reputación corporativa. Esta entrada es la historia de una respuesta en Twitter y otras posibles alternativas que podrían haber sido.

La cuestión pasa por una frase “Es rotundamente falso lo que se afirma en ese artículo” referida a la entrada sobre el ataque black hat SEO recibido en este blog. El artículo en cuestión se dedica a describir una serie de hechos que pueden comprobarse fácilmente. Pese a ello alguien cree que lo que se afirma es rotundamente falso. Preguntada la persona en cuestión “¿podrías concretar qué se afirma en el artículo que sea “rotundamente falso” para corregirlo?“, la respuesta es “Tengo un gran proyecto x el q trabajo intensamente de forma honesta y constructiva y no me caben polémicas“.

La cuestión es que se trata de la Directora de Comunicación y Marketing de una empresa que se nombra en el “polémico” artículo. En este caso la empresa se nombra en el artículo porque el ataque está dirigido a perjudicar el posicionamiento, en los resultados de buscadores como Google, de los contenidos de este blog que tienen que ver con intereses de esa empresa. Y dado que ejemplificaría con contenidos en los que aparece la empresa quería dejar claro que no tengo intención de acusar a esa organización de ser la responsable del ataque, primero porque no tengo pruebas de ello y, tal como indico en la entrada, sería bastante complicado demostrarlo.

La cuestión es que me parece una respuesta bastante triste para un DIRCOM. Quizá yo no lo hubiese hecho estoy haciendo mucho mejor, pero estas son algunas de las cosas que cabría esperar, en respuesta a una pregunta como la mía, desde una empresa preocupada por aportar valor:

  • La lista de afirmaciones falsas en el artículo: es lo que pedía. Me he mostrado dispuesto a corregir el artículo, pues aprovecha la oportunidad. Si es rotundamente falso lo que allí se afirma seguro que hay algo por donde empezar a mostrar el talante corporativo.
  • Silencio: realmente es lo que esperaba que ocurriese. Pensaba que no obtendría respuesta. Si mi pregunta es una impertinencia polémica ¿para qué iba a meterse en el fregao de contestar ahora una persona que me lleva ignorando desde que ocupa su cargo actual?
  • Colaboración: una propuesta de colaboración para resolver el problema. Si la empresa en cuestión tiene entre sus apuestas de marketing frases como “el poder de la colaboración” y presume de estar comprometida con la información ambiental, se me ocurren pocas ocasiones para lucirse como colaborar con un bloguero independiente para aclarar esta situación tan turbia para todos.
  • Una política corporativa de SEO: veamos la lista de empresas y colaboradores que trabajan en ello y un compromiso firmado por cada uno de ellos declarando que no realizan las prácticas expuestas en la entrada. ¿Tiene la empresa control sobre sus empleados, colaboradores y proveedores para asegurar que nadie bajo la responsabilidad de su organización nunca ha hecho black hat SEO? Si es así podrá demostrarlo ¿no?
  • De modo similar al caso anterior, una declaración donde se muestre que, efectivamente, ni los empleados ni las empresas relacionadas con el posicionamiento de sus contenidos en Internet tienen nada que ver con el asunto. Por supuesto, algo así debería de venir acompañado de una propuesta de colaboración para ser creíble.

La neutralidad de la red es algo que me inquieta y la gestión, también de la reputación corporativa, en organizaciones es algo que me ocupa. Por eso y a pesar de que mis ingresos no dependen de este blog, todo este asunto del black hat SEO me ha tenido entretenido algunas horas desde que lo detecté. Así fue como descubrí el tuit que dio pié a la pregunta. Y que creo que también es digno de estudio -me abstendré del comentario especulativo- en el contexto del uso corporativo de redes sociales. Esta es la cronología:

  • El 3 de agosto publico la entrada, en pleno calentón después de una inoportuna consulta a las estadísticas del blog.
  • El 12 de agosto alguien la comparte en twitter con un “vía @alvizlo”.
  • El 14 de agosto (domingo previo a festivo nacional) a las 22.20  la dirección de comunicación y marketing responde al tuit del 12 de agosto, eliminando la mención a mi cuenta en twitter.
  • El 15, repasando las menciones y su actividad me doy cuenta de la existencia de esa respuesta en la que se dice que lo que yo había escrito, describiendo hechos ciertos, es rotundamente falso. Ya contesto mañana que hoy es festivo nacional y el cumpleaños de mi suegra.
  • El 16 pregunto que me aclaren que es falso en mi artículo y no sólo no me lo concretan si no que me mandan a pasear con viento fresco, la dirección de comunicación y marketing.

Yo creía que la red social iba de escuchar, enlazar y compartir. No es una guerra para ver quien se queda con más trozo del pastel. Es más, no hay guerra cuando una de las partes tiene todos los recursos -independientemente de que sepa utilizarlos adecuadamente o sea capaz de hacerlo- y la otra no tiene más que un blog personal al que le dedica unas horas en semana. Personalmente intento aportar conversación sobre cuestiones que me preocupan, sin más pretensión que poder debatirlas con otras personas con intereses similares. Y si podemos debatir o colaborar para solucionar problemas relacionados con la sostenibilidad y el modelo de consumo bien, pero si me etiquetas como el enemigo a combatir o me incluyes en la lista negra es tu problema.

En cualquier caso, me parece que destinar recursos a aborregar a la mayoría, a base de despreciar o intentar ocultar los análisis de la información disponible o la crítica a argumentaciones interesadas, no es el camino para posicionarse como una organización comprometida con la sociedad o fomentar la colaboración con el modelo de negocio corporativo.

2 comentarios

  1. Gracias Carmen, supongo que el apartamento en Torrevieja no es para mí.
    Espero que el premio de consolación en esa tarjeta sea simpático.

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