10 motivos por los que no me satisface el Acuerdo de París

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Ya está aquí, tenemos la aprobación del Acuerdo de París. El resultado de la 21 Conferencia de las Partes del Convención Marco sobre el Cambio Climático. Quizá tacharlo de rotundo fracaso no sea lo más correcto. Fundamentalmente porque es ponerse en contra de los grandes titulares y posicionar al lector en un “ya está otra vez el amargado este aguando la fiesta”. Pero tampoco es para ningún brindis.

 

  • Todavía no está en vigor: sí, las Partes reunidas en París salen con un nuevo –e ilusionante para algunos- acuerdo debajo del brazo. Ahora hay que esperar a que el Secretario General de las Naciones Unidas, Depositario del Acuerdo, lo declare abierto a la firma en Nueva York (Estados Unidos de América) del 22 de abril de 2016 al 21 de abril de 2017. Y el Acuerdo no entrará en vigor hasta el trigésimo día contado desde la fecha en que no menos de 55 Partes en la Convención, cuyas emisiones estimadas representen globalmente un 55% del total de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero, hayan depositado sus instrumentos de ratificación, aceptación, aprobación o adhesión. Por supuesto, entre los ciento y muchísimos países que se han puesto de acuerdo saldrán los que hacen falta para cumplir esta condición –para eso han convocado ya un buen fiestote en abril de 2016-, pero la cosa tiene que esperar hasta que se pase la resaca y la prensa quite los focos de la cuestión. Por otro lado, es lo normal en estos casos y el propio Acuerdo anima a las Partes a no dormirse en los laureles, pero ya tenemos antecedentes decepcionantes al respecto.
  • No se habla de combustibles fósiles ni se concreta nada sobre energías limpias y renovables. Sí, -en sus prolegómenos, el articulado legal es más ligerito -, el Acuerdo reconoce la necesidad de promover el acceso universal a la energía sostenible en los países en desarrollo, en particular en los de África, mediante un mayor despliegue de energía renovable, pero ni define qué es el acceso universal a la energía sostenible, ni establece objetivos, ni condena al carbón o al petróleo como culpables de las emisiones de efecto invernadero. Que sí, que para eso ya estarán los compromisos concretos de los países, los instrumentos de aplicación del acuerdo, pero pudiendo dejarlo atado desde el principio… ¿para qué seguir jugándosela? ¿la fractura hidráulica, la nuclear o la hidroeléctrica entran en el capítulo de energía sostenible o renovable? ¿entrarán próximamente?

 

 

  • El desfase entre las propuestas de mitigación y los objetivos de reducción de emisiones de efecto invernadero: a pesar de que, también en los prolegómenos, se pone de relieve con grave preocupación la necesidad urgente de resolver el importante desfase que existe entre el efecto agregado de las promesas de mitigación de las Partes … y las trayectorias que deberían seguir las emisiones agregadas para poder mantener el aumento de la temperatura media mundial muy por debajo de 2 ºC con respecto a los niveles preindustriales, lo cierto es que todo el Acuerdo se sigue basando en esas promesas de las Partes.
  • No podemos contabilizar las emisiones de efecto invernadero. El Acuerdo, como no podría ser de otra manera, se basa en los informes sobre emisiones que las Partes tendrán elaborar. Unos fijando un límite a sus propias emisiones, otros dando datos sobre las emisiones realizadas. Pero, a pesar del consenso técnico – científico sobre cómo se tienen que realizar las estimaciones de las emisiones, no hay forma de contar los gases de efecto invernadero que efectivamente se están emitiendo. Así, estimando el parque móvil en función de los datos de matriculación podemos asignar un valor a las emisiones procedentes de los vehículos automóviles. Si luego los fabricantes mienten y resulta que los motores emiten más de lo que habíamos metido en el cálculo de la estimación…
  • 2ºC son muchas gigatoneladas. El objetivo de mantener el aumento de la temperatura media mundial muy por debajo de 2 ºC con respecto a los niveles preindustriales, y proseguir los esfuerzos para limitar ese aumento de la temperatura a 1,5 ºC con respecto a los niveles preindustriales, suena muy ilusionante. Pero implica reducciones en las emisiones actuales de decenas de gigatoneladas de gases de efecto invernadero. Cifras que se escapan a la comprensión, al menos del que escribe esto y especialmente después de haberse manejado con los inventarios estatales de emisiones, sus márgenes de error… En cualquier caso, esas toneladas de gases de efecto invernadero y su reducción implican cambios en las formas de producción y consumo que no se recogen en el Acuerdo. Es más, a día de hoy las Partes que lo han adoptado no están en situación de cumplir el objetivo: los niveles estimados de las emisiones agregadas de gases de efecto invernadero en 2025 y 2030 resultantes de las contribuciones previstas determinadas a nivel nacional no son compatibles con los escenarios de 2 ºC.

 

  • Lo antes posible no es una fecha: En el artículo 4 se dice que para cumplir el objetivo comentado antes las Partes se proponen lograr que las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero alcancen su punto máximo lo antes posible, teniendo presente que los países en desarrollo tardarán más en lograrlo, y a partir de ese momento reducir rápidamente las emisiones de gases de efecto invernadero. Es decir, no sólo no se habla de dejar de utilizar combustibles fósiles, tampoco se concreta una fecha objetivo a partir del cual reducir las emisiones: vamos firmando el Acuerdo, vamos viendo cuando estamos que vamos a emitir… y ya iremos hablando.
  • En cien años todos calvos: sí se propone –en el mismo párrafo cortado mal intencionadamente en el punto anterior- llegar a alcanzar un equilibrio entre las emisiones antropógenas por las fuentes y la absorción antropógena por los sumideros en la segunda mitad del siglo, sobre la base de la equidad y en el contexto del desarrollo sostenible y de los esfuerzos por erradicar la pobreza. Así que, con muchos matices, en algún momento, dentro de al menos 35 años esperamos llegar a una especie de balance neto: las emisiones que salen por las que entran. Nos ponemos la medalla de haber resuelto el problema, pero seguiremos aumentando la concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera de nuestros hijos y nuestros nietos. Total, la mayoría de los señores y las señoras que estaban en la COP21 ya no estarán “en la segunda mitad del siglo” para pedirles cuentas.
  • 100.000 millones de dólares anuales: sí, quizá debería alegrarme porque se prevé una importante dotación económica, lo que refleja que esto va en serio. Y sí, me alegro. Pero ese pastel deja muchas migajas, responsables de que la inmensa mayoría de los titulares sean positivos y buen rollistas. De que las organizaciones de la “sociedad civil” estén tan satisfechas con el Acuerdo. Como hemos visto con el caso del reciclaje de residuos, en medio ambiente lo que importa no es hacer las cosas bien, si no que alguien comunique que lo estás haciendo bien. Y son muchas las asociaciones, agencias de comunicación y periodistas cuyos ingresos de penderán de la parte del pastel que agarren. Y seguirán jugando con nuestra conciencia para coger sus migajas. Lo grave es que el que no haga el juego se queda fuera del reparto. Y en los tiempos que corren… Pues eso. Por supuesto el Acuerdo hace sus referencias a la importancia de la educación, la formación, la sensibilización y participación del público, el acceso público a la información y la cooperación, pero yo sigo sin saber cuánta pasta se han gastado el Ministerio, la Fundación Biodiversidad, ECODES y compañía en tomarnos el pelo con los compromisos #porelclima.

 

 

  • Adaptación y mitigación. Al menos en esto el Acuerdo no deja lugar a dudas. Se podría resumir como: estamos aquí reunidos para reconocer que hay cambio climático, que se está produciendo y que se producirá, a ustedes les toca prepararse para lo peor:
  • Nos vemos en 2023. La Conferencia de las Partes en calidad de reunión de las Partes en el Acuerdo de París hará su primer balance mundial en 2023 y a partir de entonces, a menos que decida otra cosa, lo hará cada cinco años. Pues eso, el acuerdo urgente para resolver el problema acuciante no parece tener mucha prisa.

Podíamos ampliar la lista con temas de igualdad, derechos humanos, países en desarrollo, pero creo que como como llamada de atención para estar pendientes de los titulares y cuestionar las sonrisas de cartón piedra creo que es suficiente. Me siento decepcionado.

Donde las personas reclamábamos energías limpias y renovables, los políticos nos están preparando nuevas subvenciones a motores de combustión, mantener un modelo productivo que nos está matando con la amenaza de que cambiarlo nos podría dejar sin empleo.

Donde pedíamos ser la generación que atajase el problema del aumento de las emisiones de efecto invernadero, ellos mantienen niveles de emisión que comprometen las posibilidades de desarrollo de nuestros hijos.

Quizá el problema es que a los que les reclamamos responsabilidad tienen claro que no estarán para sufrir las consecuencias de sus decisiones. Y que los que nos tienen que informar o alertar sobre los fallos pueden sacar tajada aquí y ahora, bridar por un acuerdo que hoy les llena los bolsillos y cuyas consecuencias no tendrán que sufrir, porque tendrán recursos para “adaptarse” o, sencillamente saben que en esa segunda mitad del siglo a la que nos remite el Acuerdo, se habrá acabado su tiempo aquí.

Así pues, es tiempo de posicionarse:

¿Estás con los que brindan, están felices por decir la frase o publicar el titular que habían esperado durante toda su carrera profesional, con los que salieron en la foto del acuerdo histórico? ¿o estás con los que van a sufrir el aumento de temperatura que se acordó en París en 2015?

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