10 años sin Julio.

placa julio ramos“En su fluir por las areniscas una brisa cálida nos inunda de aromas rojizos y verdes, a resina y madera, a Julio y su trabajo en el medio y la vida, que es motivo de orgullo y acicate para afrontar nuestras profesiones”

Han pasado 10 años de aquel incendio en Guadalajara que tanto nos conmocionó. Al menos a los compañeros de Julio cuando nos enteramos de que había perdido la vida desarrollando su vocación de servicio a la conservación de la naturaleza. Pero siendo uno de los incendios forestales más graves a nivel nacional y mundial sigue siendo tema tabú. Como es costumbre en situaciones similares, en lugar de analizar el suceso y tomar las medidas para evitar que vuelva a ocurrir se culpa al muerto y todos a otra cosa.

Hace 10 años había una gran cantidad de combustible acumulada en el monte que no debería estar allí: residuos de explotación forestal, lo que nadie quiere después de podar los árboles o sacar la madera más atractiva para el mercado, se acumulaba (y sigue acumulando) en los montes españoles mientras los gestores ignoran o miran para otro lado en lugar de velar por que el que se lucra con la explotación de nuestros bosques asuma el coste de su correcta gestión.

Hace 10 años vecinos de los pueblos afectados alertaron de que estaba ocurriendo un incendio para el que ni se dimensionó ni se gestionó adecuadamente. Esos mismos vecinos tuvieron que tomar medidas para evitar que las llamas se llevasen sus pueblos por delante, ante la descoordinación de las administraciones competentes para atender el incendio forestal y el despropósito de los responsables políticos al cargo de dichas administraciones y sus recursos.

Hace 10 años la descoordinación de actividades y la falta de recursos hizo que 11 empleados fallecieran durante el desarrollo de su actividad profesional. Muertos en su lugar y horario de trabajo por unas condiciones laborales precarias impuestas por la empresa Tragsa con dinero de todos destinado, precisamente, a evitar lo que ocurrió.

Después vinieron las lágrimas y las medidas de compensación. Pero también se han olvidado a estas alturas. Aquella planta de biomasa de Corduente está cerrada. Lo que no sabemos es cuanto tardarán en recuperarse los montes de los alrededores que fueron arrasados sin más criterio que demostrar la brillante capacidad de prevención de incendios de la instalación: nula a la vista de los acontecimientos. Paradojas del modelo energético, los abusos sobre el paisaje de la Siberia Española, donde la escasa población tiene nula capacidad de respuesta social, estamos amenazado con terminar de liquidar aquel territorio con proyectos de fractura hidráulica.

Tampoco queda rastro, en un lugar de cuyo nombre no quiero acordarme, de la placa ante la que compañeros y profesores de Julio nos juntamos a compartir duelo. Una metáfora de la forma que tenemos de gestionar los incendios forestales en España. sin_placaQueramos verlo o no se nos sigue quemando el país, seguimos incumpliendo la legislación de prevención de riesgos laborales, se nos siguen quemando vivas las personas que trabajan en la extinción de incendios, seguimos poniendo a cargo de la gestión del riesgo a incompetentes que son premiados con más capacidad para tomar decisiones erróneas, nos gastamos una gran cantidad de dinero en medidas paliativas que se podrían evitar con inversiones en gestión sostenible del territorio y, lo peor de todo, parece que a nadie le importe nada de todo esto.

“Compañero del alma, compañero”

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