La huella de mi blog

Si pasas por aquí de vez en cuando sabrás que me gustan los indicadores ambientales, me apasiona revisar informes y cuestionar datos sobre medio ambiente y sostenibilidad.

Uno de los indicadores más interesantes es el que se refiere a la huella. Desde la huella ecológica a la huella de carbono o la huella hídrica. Son indicadores sintéticos que agrupan en un resultado único información de varios parámetros para dar una idea del impacto de nuestras actividades, bien sea de forma global sobre los recursos del plantea, en forma de emisiones de efecto invernadero o como consumo de agua, según el caso.huella verde sobre asfaltoLa pega de estos indicadores es que, a pesar de su valor divulgativo y utilidad en la concienciación ambiental, no dejan de ser simplificaciones de la realidad. Si bien existen metodologías muy complejas enfocadas a la toma de decisiones,- que nos hablan con bastante previsión de la huella ecológica de un producto o un servicio y nos ayudan a comportarnos como consumidores responsables-, la mayoría de las calculadoras ecológicas que encontramos se basan en parámetros y cálculos relativamente sencillos que resultarían fácilmente cuestionables.

Por el camino surgen iniciativas curiosas, como la que propone María: medir la huella de carbono de tu blog. Después de debatir un poco con ella sobre su método de cálculo me he animado a someter mi blog al cálculo y en los 12 meses anteriores a este post el resultado ha sido de… 18,09 kg de CO2. (la calculadora pide los datos para el año 2014, pero para ese cálculo utilicé los datos del periodo comprendido entre el Día de la Tierra de 2014 y el Día de la Tierra de 2015).

¿Cómo llegamos al cálculo? Pues María ha puesto en marcha una calculadora que pide datos sobre nuestra forma de bloguear (si utilizamos ordenador portátil o sobremesa, cuantas horas le dedicamos a escribir…), nuestros perfiles en redes sociales y nuestros usuarios (datos estadísticos de visitas). Básicamente el resultado para este blog es:

La Huella de Carbono del último año: 18.09 Kg CO2

Huella de Carbono de las Redes Sociales:

3.14 Kg CO2 por la cuenta de Facebook

Redacción de Artículos: 2.81 Kg CO2

Mantenimiento y documentación para el Blog: 1.20 Kg CO2

Lectores (sus ordenadores, móviles o tablets): 10.91 Kg CO2

Además de calcular la huella, lo que nos permitiría compararnos con otros blogs, junto con el resultado se nos invita a la acción: compensar las emisiones generadas.ecohuellaSi bien la propuesta me parece muy interesante, creo que pone de manifiesto varios problemas en relación a nuestra forma de afrontar ciertos problemas ambientales. En particular el impacto del uso de las tecnologías de la información y de la comunicación. Tuve ocasión de debatir con María sobre estas limitaciones y los dos estamos de acuerdo en que si bien el indicador de emisiones de gases de efecto invernadero puede ser un toque de atención importante, se limita a medir el consumo energético del uso de Internet.

Así pues, un indicador de huella de carbono debería profundizar en el origen de la energía y ser palanca de cambio para promover el uso de energías procedentes de fuentes limpias que permitan reducir las emisiones de efecto invernadero.

El problema es medir de dónde sacan la electricidad los distintos implicados: lectores del blog, proveedores de servicios de alojamiento de páginas web, servidores, proveedores de acceso a Internet, etc. Otro reto es determinar qué parte del impacto se debe al tráfico humano y qué parte se debe a tráfico no humano. Porque cerca de la mitad del tráfico que recibe una página web son máquinas. Y según el modo en que la herramienta de estadísticas de visitas a la web trate de filtrar los datos de tráfico, los resultados bailan.

En este caso María nos propone utilizar estadísticas de Google Analitycs, por lo que, posiblemente sólo estamos utilizando la mitad del tráfico recibido en el blog para analizar la huella de carbono. Estas visitas se hacen entre ordenadores y seguramente tienen un gasto energético menor que el de los humanos, que requiere iluminar pantallas, pero consumen recursos igualmente.

huellasnaif

En cuanto a los puntos fuertes del análisis destaca que, además de incluir el número de visitas se incluyen otros parámetros que matizan la estimación de la huella ecológica, tales como el tiempo dedicado a documentar y escribir post, responder comentarios, mantener y diseñar la página web… todo ello contribuye a que no se trate de una relación directa de visitas con huella de carbono.

En cualquier caso, la relación entre visitas y emisiones de efecto invernadero es muy estrecha y nos debería llamar la atención sobre el uso responsable de contenidos web ¿realmente quiero visitar esa página, ver ese vídeo, cargar esa imagen? ¿es sostenible publicar un post diario? Hay blogs que sí aportan contenido relevante todos los días y otros que únicamente publican con mucha frecuencia para conseguir más visitas y usuarios en sus redes sociales ¿es una estrategia sostenible más allá del potencial incremento de ventas o ingresos por publicidad?

Por otro lado, el consumo energético de los usuarios es sólo una de las muchas variables que entran en juego a la hora de valorar el impacto ambiental del uso de las tecnologías de la información y de la comunicación. También se podría añadir el gasto energético en todo el ciclo de vida de los dispositivos necesarios para el acceso a Internet, o de los elementos que componen la infraestructura necesaria para que la red de redes esté permanentemente operativa y disponible allí donde tengamos el capricho de ponernos a tuitear.

huella en la nieve

Ya puestos habría que extender el análisis a todo el ciclo de vida: desde la extracción de los materiales necesarios para la fabricación de nuestros ordenadores a la recogida y tratamiento de los residuos que se generan una vez que dejan de resultarnos útiles. El impacto ambiental de nuestros dispositivos es mucho más amplio que la mera carga de la batería. Pero si no somos conscientes de lo fácil que resulta dejar de emitir CO2 para suministrar electricidad a nuestra tableta, difícilmente comprenderemos las interferencias de nuestro móvil con el ciclo del agua.

Así pues, a pesar de todas las limitaciones que se nos puedan ocurrir, el cálculo y resultado de la huella ecológica es una invitación a la reflexión… y a la acción. En mi caso compensar poco más de 18 kg de CO2 es relativamente sencillo. No pasaría de aportar entre 3 y 5 euros al año a alguna de las organizaciones que tienen en marcha proyectos de compensación de emisiones. O de plantar y mantener un árbol. Si bien lo más rentable sería ir al mercado: el Fondo de Carbono FES-CO2 está comprando en 2015 las reducciones verificadas de emisiones a 9,7 euros la tonelada. ¿Destinan ese dinero a compensar las emisiones de sus campañas virales las grandes empresas que presumen de ser verdes?

El caso es que, ya puestos, si me voy a plantear en serio la compensación de emisiones de gases de efecto invernadero, debería extender el cálculo a otras facetas de mi vida e incluir cálculos sobre consumos asociados a iluminación, calefacción, transporte, alimentación…

Ese es el propósito los indicadores de huella ecológica: invitarnos a analizar nuestros hábitos de consumo para identificar oportunidades de mejora y actuar en consecuencia ¿Cuál es mi huella de carbono? ¿Cuánto costaría compensarla invirtiendo, por ejemplo en desarrollo y conservación de masas boscosas? ¿Es sostenible a largo plazo? ¿Puedo tomar decisiones y cambiar patrones de consumo que me ayuden a reducir esa huella ecológica?

2 comentarios

  1. Lo dicho, un auténtico placer que hayas querido, no sólo probar la calculadora, sino además, escribir sobre ella. Como bien dices, como todas las calculadoras, esta tiene sus limitaciones y creo que es en ese análisis de las limitaciones donde más se aprende sobre un indicador. Una vez más, un placer leerte
    (PD: a mi también me gusta más el blanco)

  2. Igualmente un placer poder compartir inquietudes y saber que en la conversación ganamos todos. He aprendido mucho de tu iniciativa y espero que mis comentarios puedan aportar algo para mejorarla.

    Saludos,

    Alberto.

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