Más represión implica menos libertad.

Je Suis CharlieAsisto consternado a la sucesión de noticias de estos días. El terrible y condenable atentado contra la vida de varias personas y un símbolo de la libertad de expresión se convierte en una serie de titulares y tertulias sobre la necesidad de mayor control y renuncia a libertades individuales. Sobre la necesidad de mantener o aumentar los presupuestos destinados a defensa y gastos relacionados con los cuerpos de seguridad. Está claro que no nos podemos permitir perder la vida de los profesionales del orden público en un atraco a una sucursal bancaria. Y que tenemos que repudiar cualquier atentado. Pero la defensa de la libertad no puede ser excusa para más represión.

No sé si tenemos elección, pero sí podemos reflexionar sobre la capacidad de las medidas de control para evitar la pérdida de vidas humanas por crueles actos vandálicos. Más cámaras en el metro no han servido para evitar muertes violentas en su interior. Más control de las telecomunicaciones no ha impedido que los hinchas radicales sigan quedando para apalearse hasta la muerte, destrozando lo que encuentran a su paso. Tampoco han impedido que un “pequeño Nicolás” se hiciese famoso por demostrar con qué facilidad se pueden poner en tela de juicio todas esas inversiones en control y seguridad.

Los titulares de prensa asociados a estas situaciones deplorables sí sirven para recortar derechos y libertades individuales. Para justificar la represión de las manifestaciones de descontento con un modelo que criminaliza al diferente y disuade de expresar opiniones distintas. O para pedir, justo cuando más difícil es repartir adecuadamente el gasto público, que destinemos el dinero común a gastos militares. Por cierto ¿se ha descontado de los presupuestos generales del Estado el coste demostrado de la corrupción y el desvío de dinero público a intereses particulares?

¿Más represión nos va a hacer más libres? No, claro que no. Más represión nos va a convertir en más reprimidos, y, posiblemente, más descontentos. Más gasto en defensa a costa de educación, sanidad u otros servicios públicos esenciales sólo sirve para aumentar brechas: generar más desigualdad y exclusión social. Caldo de cultivo ideal para el radicalismo, la violencia y el terrorismo.

Je suis CharlieLiberté, égalité, fraternité, ou la mort! (¡Libertad, igualdad, fraternidad o la muerte!)

Si “nuestro sistema” no ofrece oportunidades al desarraigado, otro de los muchos sistemas que operan en paralelo lo hará: fanatismo político o religioso, tráfico de drogas, terrorismo… Todos ellos se entrecruzan, son distintas formas de poder que pueden resultar igualmente atractivas en ausencia de alternativas viables en el modelo aceptable. Los ejemplos son claros a lo largo y ancho del mundo: desde líderes populistas que arruinan países con abundantes riquezas naturales, a multitudinarios estallidos de violencia en barrios de obreros condenados al paro y la exclusión social. Eso sin olvidar disturbios de corte racial en “la cuna de las oportunidades”.

No justifico el terrorismo ni aplaudo las muertes violentas. Creo que “la generación mejor preparada de la historia” debería ser capaz de analizar los factores llevan a alguien a simpatizar con una organización hasta el punto de consagrar su vida a la causa. Y pensar en las consecuencias de seguir generando desigualdad. Que las empresas responsables deben tomar conciencia de la diferencia de poner el dinero en publicidad o en puestos de trabajo. Que los medios de comunicación deben decidir si defiende la libertad de expresión o son un mecanismo de control social. Todos estamos en esto y no podemos mirar a otro lado, ni cuando atentan contra nuestra integridad física ni cuando lo hacen contra nuestras opciones de desarrollo personal.

¿El camino es dar más poder a los mecanismos de opresión o reducir la exclusión social?

Manifestación 15-M (3)

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