Otro adiós al OSE.

cerrojoCreo que la noticia del cierre del Observatorio de la Sostenibilidad de España (OSE) no ha cogido a nadie desprevenido. Sí, es algo lamentable por muchos motivos. Quizá el más importante la destrucción de empleos directos y la pérdida de actividad de muchos colaboradores. Pero, sobre todo, es una mala noticia por su valor indicador: el medio ambiente importa poco. En tiempos de crisis la sostenibilidad no es una prioridad.

Durante el tiempo que ha estado activo el OSE ha generado un buen número de publicaciones interesantes, destacando sus informes anuales. En ellos se repasaban los principales datos sobre sostenibilidad y presentaba la evolución de los mismos en forma de indicadores. Siempre he sido más amigo de los datos en bruto que de las tendencias comentadas, pero el valor divulgativo de este trabajo, que con cada nueva edición generaba notas de prensa difundidas en los principales medios de comunicación, fue indiscutible: por unos días todo el mundo recibía y comentaba noticias sobre el estado y evolución del medio ambiente.

Personalmente, lo que más voy a echar de menos es el Foro Permanente de la Sostenibilidad del Observatorio de la Sostenibilidad en España. Una cita, con un planteamiento que fue evolucionando en el tiempo, que tuvo capacidad de atraer la atención y ser el altavoz de los retos ambientales que enfrenta nuestro país. Recordaré especialmente la etapa en que las sesiones, celebradas en el incomparable marco del Real Jardín Botanico de Madrid, se cerraban con un ágape: uno se volvía a casa cenado después de una agradable charla (no siempre sosegada) con personas con las que compartía inquietudes, proyectos o, simplemente espacio y tiempo.

Interminables discusiones sobre el criterio elegido para definir un determinado indicador, y la comparación con el resultado para ese mismo parámetro en otras publicaciones, debates sobre el modelo de desarrollo, conversaciones sobre cualquier tiempo pasado, puesta al día sobre proyectos futuros y críticas sobre la intervención de tal o cual ponente. Todo acompañado por unos aperitivos y unos refrescos. Esa función de punto de encuentro sí que se echa de menos. Cada vez quedan menos y peligran más.

Pero la pretendida independencia siempre estuvo en tela de juicio: el OSE había nacido en un contexto político muy concreto y parecía difícil que fuese a sobrevivir a un cambio de partido en el gobierno. Otro indicador sobre el riesgo de desaparición del OSE fue el cierre de Fundación para la Investigación y Desarrollo Ambiental (FIDA), organización a la que ni la afinidad política salvó de la quema.

En tiempo de vacas gordas el medio ambiente se utilizó como excusa para crear chiringuitos en los que refugiar a cargos y colaboradores políticos venidos a menos. Sí, es cierto que gracias a esas figuras se han creado puestos de trabajo ocupados por brillantes profesionales y que se han desarrollado actividades muy provechosas en lo que a la conservación se refiere. Pero, ¿estaríamos en otra situación si esos recursos se hubiesen gestionado de otra manera? Tal vez si el dinero invertido en el OSE se hubiese puesto en generar la estructura necesaria para dar cumplimiento a la legislación sobre el derecho de acceso a la información ambiental, ahora todos tendríamos acceso efectivo y directo a los datos sobre la sostenibilidad que recopilaba el OSE (y que, de algún modo, se perderán con el cierre de su página web).

Más triste todavía es que no exista iniciativa privada capaz de mantener la actividad de este tipo de organizaciones. Tanto FIDA como el OSE han sido víctimas de los nuevos tiempos políticos, pero… ¿dónde están ahora las empresas que venían a vendernos la moto a las sesiones del Foro de la Sostenibilidad? ¿Qué fue de todos esos colaboradores cuya imagen se asociaba a las actividades de estas organizaciones? Quizá el OSE no cerraría sus puertas si hubiese conseguido financiación independiente.

Cierra el OSE. Una pena por los amigos que se quedaron sin trabajo. Ahora bien, de todos y cada uno de nosotros depende que se mantenga la conversación crítica, abierta, plural e independiente sobre sostenibilidad.

4 comentarios

  1. Sí que es una verdadera pena. Muy de acuerdo con el análisis de los chiringuitos surgidos a la luz del periodo de bonanza. Por lo menos el OSE tenía utilidad, no como algún otro que se me ocurre y que se creó en la Comunitat Valenciana. En cualquier caso, el verdadero drama lo constituye la situación de desempleo en la que quedan los profesionales que integraban la institución. Lo dicho, una pena.

    ¡Saludos!

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