A utilizar WhatsApp también se aprende.

Whatsapp
imagen: media.whatsapp.com

Uno de los peligros de la revolución 2.0 es que pareciera como si todos los usuarios nacieran sabidos. El engañoso concepto “nativo digital” ilustra muy bien el problema: la disponibilidad y facilidad de uso de la tecnología no nos exime de un proceso de aprendizaje.

El ejemplo que me trae a escribir esta entrada va de una felicitación navideña vía WhatsApp (o guachap, como ustedes prefieran). A alguien, cuyo número de teléfono no tengo en la agenda de mi terminal, se le ocurrió incluirme en un grupo, de nombre navideño, con otras 28 personas cuyos números tampoco están en mi agenda. Para alguien como yo, con una larga historia de uso de teléfono móvil que incluye un par de involuntarios cambios de manos y una lista de contactos abandonada a su propia suerte, recibir una felicitación navideña o de cumpleaños de un número desconocido no es nada raro.

Lo grave viene en la forma. Enviar un mensaje despersonalizado a un grupo de gente no es nada nuevo: cuarenta tarjetas por correo postal con el mismo mensaje, sesenta mensajes cortos a otros tantos móviles, un par de cientos de envíos por correo electrónico de una presentación de diapositivas, un tweet a quinientos followers que pueden darse o no por aludidos… pero con independencia de que tenga más o menos interés, hay formas y formas de hacerlo. Y crear un grupo de WhatsApp no tiene pinta de ser la mejor manera: descubres a todos los que están en el grupo lo que estás haciendo y les pones en contacto entre ellos.

Así, lo que podía haber sido la felicitación de alguien cuyo número de teléfono no está en mi agenda, pasó a ser “Mi nuevo grupo de desconocidos en WhatsApp”. Y fue reaccionando a la felicitación a lo largo de Nochebuena de la siguiente manera:

  • quien creó el grupo no escribió ningún mensaje, se limitó a poner un nombre de felicitación navideña al grupo y añadir a 29 personas.
  • se enviaron algo más de 30 mensajes, uno de ellos incluyendo un vídeo que no me he atrevido a abrir, no se si por miedo a un virus informático o al contenido.
  • de estos mensajes, cinco son una sucesión de iconos sin letras.
  • seis personas declaran no saber quienes son el resto, algunas de ellas aprovechan para felicitar la Navidad igualmente.
  • cinco personas se identifican de algún modo, sólo dos con nombre y apellido.
  • a medida que avanza la “conversación” la cosa degenera y algún usuario empieza a preguntar sobre la disponibilidad sexual del resto.
  • 22 personas han dejado el grupo desde el momento de su creación y yo lo hago en el momento de escribir esto.

Quizá fuese una meditada estrategia para intentar colocar nombre a una lista de números sin cara. O un experimento con los números de las tarjetas recopiladas en algún sarao… Quizá la buena intención de algún viejo amigo cuyo número guardo en alguna agenda de papel y al que esta entrada le está sentando un poco mal… O una prueba para la selección de candidatos para el mejor empleo del mundo… A saber.

El caso es que la forma de enviar un mensaje a muchos destinatarios en WhatsApp no es crear un grupo con los teléfonos de todos ellos y abandonarlo a ver qué pasa. O tal vez sí…

6 comentarios

  1. Y así con todo.
    No somos conscientes de lo que nos traemos entre manos. Lo cuentas en principio no pasa de ser algo indiscreto y molesto pero veo en ello un uso bastante ingenuo de la tecnología, una falta de consciencia sobre lo que será la herramienta básica del futuro, y me refiero a la tecnología no al WhatsApp de marras.
    Yo no era consciente del uso indiscriminado del chisme hasta que estas navidades uno de mis sobrinos se quedo sin batería y tres horas después cuando llegó a casa y encendió el móvil tenía casi 400 mensajes vía WhatsApp.
    Una vez más nos lanzamos con inconsciencia al uso de sistemas sin reflexionar lo más mínimo con el único criterio de “es que me gusta” o “que remedio si lo usa todo el mundo”. Ya se que me repito pero si no nos paramos a filtrar y racionalizar seguiremos el mismo camino que con la banca, las hipotecas o la energía: acabar presos voluntarios a pesar de que estamos avisados.
    De un tiempo a esta parte le doy muchas vueltas a este tema y está empezando a preocuparme seriamente sobre todo la escasez de voces críticas.
    Que sistemas utilizamos, para que e incluso los modos y maneras condicionaran el desarrollo del invento. Y no me gusta el camino que esto lleva.

  2. Los niños de 1º y 2º del CEIP LAS FUENTES han elaborado este árbol con materiales reciclados. Participamos en el concurso de Puerto Venecia “La Navidad más verde”. Nuestro alumnado, por sus circunstancias sociales, no disponen en su mayoría de medios informáticos para votar, así que pido vuestra colaboración.
    MUCHAS GRACIAS.
    http://www.cplasfuentes.org/novedades/novedades.htm

  3. Totalmente de acuerdo con lo que planteas Rubén.

    Es difícil encontrar voces críticas. El discurso está dominado por los patrocinadores de saraos de asistencia gratuita redes publicitarias de afiliación y publicidad contextual. Es el modelo de negocio: prescribir a otros para que consuman lo que quiero que me regalen las marcas.

    Quizá es que los conceptos de intimidad, identidad, conversación… han cambiado para siempre y me estoy quedando carca, pero creo que “la red social” que se ha comido es espacio de lo que podría haber sido “la sociedad de la conversación”, nos está esclavizando en el modelo de consumo de la tarifa plana para todos.

    Quizá el paso sería no estar en esas herramientas que tanto critico, pero, al menos, es un placer encontrar con quién reflexionar de estas cosas y ver que, si soy un bicho raro, no soy el único.

    Un abrazo y muchas gracias por tu visita y comentario.

  4. Estimada Cristina, muchas gracias por tu visita y comentario, espero que no sea únicamente una forma de hacer propaganda de un centro comercial y que realmente ayudemos a los chicos a conseguir algo que merezca la pena.

    Por aquello de ser un poco coherente con lo que estamos debatiendo aquí, edito tu comentario para enlazar a la página del colegio.

  5. Yo personalmente hubiese salido del grupo al momento, soy bastante mal pensado con esas cosas y tomo muchas precauciones con lo del móvil.
    La llegada de whatsapp creo que significa el fin del antiguo SMS, uno de los mayores focos de ingresos de los grandes monstruos empresariales, tipo Telefónica, Movistar, etc., por lo que de entrada aunque sólo sea por el debilitamiento de estas mastodónticas estructuras, el whatsapp tiene mi simpatía.
    Como todo está la contrapartida, todo lo que es gratuíto… ya se sabe. Yo creo que se acabará autorregulando un poco todo, porque yo sí creo que con esto de internet es mucho más fácil oir las voces críticas.
    Por otro lado, no sé cómo ira lo de esta app. Le están saliendo duros competidores (el éxito es lo que tiene). También y aunque no venga mucho a cuento, la policía tiene un montón de problemas tecnológicos para intervenir en esto del Whatsapp, y por otro lado, el tema de tu privacidad queda bastanet en entredicho (horas a las que lo usas, el que te agreguen sin darse uno cuenta, etc.).

  6. Estuve tentado de salir al momento, pero ya había aparecido mi número en el grupo y tenía curiosidad por saber algo más. No descubrí nada, pero pude comprobar que no era el único que no sabía que pintaba en ese grupo.

    Coincido con lo que planteas, sólo que me da la sensación que las telefónicas me cobran en la tarifa plana los mensajes que ya no envío, hasta hace bien poquito me resultaba más rentable estar en mi tarifa “tradicional” pero han conseguido moverme a una tarifa plana y un dispositivo con el que no sólo la compañía telefónica, google y otros también me tienen geolocalizado constantemente.

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