¿Cambio climático? emisiones de gases de efecto invernadero.

humos.jpgPor mi formación, trayectoria profesional e inquietudes personales, con frecuencia me veo debatiendo sobre el cambio climático. Un debate que para muchos no existe, entre otras cosas porque el clima es una realidad cambiante por definición, así que no merece la pena perder el tiempo en algo que no admite discusión. Otras veces la conversación se centra en el sentido del cambio, si la evolución global tiende hacia un calentamiento o hacia un enfriamiento… o si las personas tenemos algo que ver en el proceso.

El caso es que se trata de un debate perverso en el que las posiciones no dependen tanto de la evidencia científica como del posicionamiento político o la modernidad de la pose que el interlocutor quiera adoptar. También está sesgado por la escala espacial y temporal con la que juguemos. Y lo más grave de todo: el sistema climático es tan complejo y difícil de entender que cualquier aproximación medianamente seria al asunto requiere una dedicación que pocas veces se consigue en un debate de cafetería, una tertulia de televisión, en un repaso a los retos ambientales que afronta la humanidad en la obligada charla de sensibilización ambiental en un curso de formación ocupacional o una entrada bloguera.

Cuando tengo ocasión de hablar sobre este particular a mis alumnos les recomiendo que saquen de su discurso el cambio climático y hablen de las emisiones de gases de efecto invernadero. Difícilmente podemos cuestionar la vinculación existente entre las actividades humanas y el aumento de la concentración de CO2 y otros gases con distinto potencial de calentamiento global en la atmósfera. Y es relativamente fácil ilustrar cómo la revolución industrial aceleró ciclos biogeoquímicos liberando a la atmósfera, a través de la combustión, el CO2 que estaba retenido en la corteza terrestre en forma de reserva fósil.

Tampoco es complicado entender que la disponibilidad de carbón y el petróleo es limitada, por lo que su despilfarro conducirá a la disminución de sus reservas y esto complicará nuestra forma de vida, totalmente dependiente del oro negro: tanto como materia prima para gran cantidad de productos como para la generación de energía, monetariamente hablando, barata.

Con este escenario, empieza a dibujarse como bastante ridícula la postura que pretende eximir a las personas o sus actividades económicas su responsabilidad en el drama que supone, para el planeta y el futuro de nuestra especie, quemar petróleo para mantener un nivel de consumo descontrolado de productos diseñados para ser reemplazados lo antes posible. Con independencia del devenir de las manchas solares, o las dudas sobre el comportamiento no lineal de las variables de la atmósfera, un ser humano debería ser capaz de tomar decisiones racionales en lugar de ocultar la cabeza bajo argumentos autocomplacientes.

Pero, qué duda cabe, es más divertido discutir por discutir ¿qué opinas del cambio climático?

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