Ya están aquí… las minitarjetas.

Estas semanas estoy muy de sacar fotos del ordenador. Entre otras cosas, encargué un lote de 100 minitarjetas de esas que puedes personalizar a capricho. En particular elegí con cariño unas cuantas fotos para compartirlas en próximos “intercambios de cromos”.

A estas alturas no es muy original acudir al CONAMA con tu paquetito de tarjetas frikis. Txema, que está al corriente de todos los avances de la ciencia, ya lo hizo en la edición anterior, hace un par de años. Para un clásico como yo, que suele gastar una tarjeta de cartulina blanca con los datos impresos en negro, encargada en la imprenta del barrio, pedir por Internet tarjetas coloridas supone una revolución. Habría que valorar cuánto pierdo en sostenibilidad, pero esa cuestión la dejamos para otro día, hoy me siento un poco culpable.

Como no tenía muy claro qué fotos elegir o cuáles quedarían mejor encargué 25 distintas, con lo que me quedan 3 tarjetas por cada foto. Sí, la cuarta de cada modelo ya se la han pedido en casa y no he sabido decir que no.

Lo que no resulta del todo fácil es hacerse a la idea del concepto mini tarjetas, el tamaño es… bueno las comparaciones son odiosas:

Estas son las 25 tarjetas diferentes, como se puede apreciar, algunas fotos quedan mejor que otras. En particular los paisajes en los que se ve algo de cielo y las fotografías de detalle con mucho contraste salen favorecidas.

¿Qué opináis? ¿Os gustan? ¿vais a encargar las vuestras?

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