Diez cositas que deberías saber antes de elegir un máster y nadie te cuenta.

EducaciónVaya por delante que actualmente colaboro como docente en dos entidades que imparten formación de postgrado y que he sido alumno de una tercera.

Sobre esa experiencia y un recorrido profesional de algo más de una década, en la que la formación ha ocupado una parte importante de mi dedicación, me atrevo a compartir algunas ideas sobre aspectos clave a repasar antes de elegir un máster, incluso antes de decidir cursar uno.

Los apartados de la lista no son compartimentos estanco, ya que se relacionan íntimamente unos con otros y, por supuesto, están abiertos a sugerencias y comentarios:

  • Prácticas en empresa: quizá sea uno de los principales alicientes, ante el parón del mercado laboral, para cursar un máster. A cambio de un módico precio se nos asegura la oportunidad de “meter la cabeza” en una empresa. Si esta es la principal motivación conviene plantearse qué proyección a medio y largo plazo tienen esas prácticas en empresa: ¿Implican una relación laboral con la organización en la que se llevarán a cabo las prácticas? ¿son créditos de formación descontados de la parte teórica para hacer más atractivo el programa de formación? ¿tendrán relación con el contenido del máster? ¿incidirán en la posibilidad de desarrollar carrera profesional en un sector determinado? No son pocas las empresas que se nutren de becarios como mano de obra barata para realizar todo tipo de tareas que no requieren cualificación específica y contribuyen poco o nada a la empleabilidad del becario. ¿Se penalizan o fomentan estas situaciones desde la entidad que imparte el máster? En cualquier caso, la puerta al mercado laboral puede estar en un curso especializado, en una buena estrategia de búsqueda o en una red de contactos eficaz. ¿Quizá el coste del máster nos permitiría poner en marcha un proyecto emprendedor?
  • El título: la titulitis sigue siendo un cronismo grave en nuestro mercado laboral. Por ello, un cartón más, justificando que hemos superado una buena cantidad de horas de formación, puede ser otro objetivo a la hora de cursar el máster. En teoría, todos los títulos de máster deberían tener la misma validez, especialmente en los programas oficiales de postgrado regulados en la armonización el espacio europeo de la educación superior. Pero ¿necesito un título de máster para completar el curriculum? ¿sería más práctico realizar un curso de 120 horas para completar mi formación en algo concreto y aplicable en mi vida laboral? Si me gusta dedicarle tiempo al estudio de algo concreto el doctorado sea el mejor camino ¿no?
  • Antiguos alumnos: un consejo de manual es consultar la opinión de los antiguos alumnos. Pero convendría relativizar este consejo: ¿crees que alguien que ha invertido tiempo y dinero en añadir un mérito a su curriculum va a devaluarlo públicamente? Así las cosas, conviene revisar con lupa cualquier comentario de antiguos alumnos y tirar del hilo. Sobre lo que sí podemos obtener información relevante hablando con antiguos alumnos es, precisamente, del contenido de las prácticas en empresa y su interés. Ante el avance de las redes sociales es fácil encontrar en Internet comentarios de alumnos y simpatizantes pero ¿son realmente alumnos o comerciales a sueldo de la entidad interesada en captar nuevos clientes? No es oro todo lo que reluce: unas buenas prácticas en un máster con contenido de empresa son, precisamente, ser comercial, a comisión y a través de las redes sociales,  de la entidad de formación que lo imparte.
  • Listados y ránkings: está bien consultarlos, pero también conviene cuestionarlos ¿quién los elabora? ¿son independientes? ¿la entidad que imparte el máster tiene alguna vinculación con la que realiza el listado? ¿cuánta publicidad paga la escuela en el periódico que publica los resultados del estudio? Desde el punto de vista formal también es importante revisar los criterios con los que se realizan las clasificaciones, en tanto que pueden no coincidir con nuestros intereses particulares o valorar aspectos que no son relevantes en el estudio que queremos cursar.
  • La notoriedad de la entidad que imparte el postgrado: muchas veces relacionamos y confundimos “prestigio” con notoriedad. Puede que una determinada entidad sea muy popular por algún motivo, pero esa presencia no garantice una buena opinión sobre sus títulos o titulados. Igualmente puede que una entidad consiga prestigio en un área concreta, pero que dicho prestigio no sea trasladable a cursos en otras ramas de conocimiento, abiertas para captar nicho de mercado bajo el paraguas de una marca conocida. Sí, 100 años enfocados a la empresa parecen un buen argumento pero, si hablamos de formación en redes sociales u otras disciplinas con menos solera, ¿es importante la experiencia de la escuela o la actualización del profesorado?
  • Contactos: otro apartado clave para elegir cursar un determinado programa de postgrado es la posibilidad de establecer una red de contactos que nos permita desarrollarnos profesionalmente. Sin lugar a dudas, compartir tiempo con compañeros de clase, profesores, incluso el contacto directo a través de las prácticas de empresa, nos van a permitir conocer personas y establecer nuevas relaciones ¿cómo de fuertes van a ser esos contactos? ¿vamos a poder explotarlos? Quizá un centro de prestigio nos permita contactos de alto nivel… ¿con personas con las que nos relacionaremos en el futuro?
  • El precio: otra variable a considerar. Los máster con precios prohibitivos suelen ser objeto de deseo, en ocasiones relacionados con escuelas vinculadas a prestigiosos grupos de poder. La cuestión es ¿Pagar el peaje nos garantiza entrar en algún selecto club? ¿sabremos relacionarnos con los compañeros? ¿qué padrino va a costear el banquete? Generalmente, el precio elevado es un filtro que no aporta mucho a nuestra experiencia académica. Otras veces el precio es el coste de mantener una extensa red de colaboradores y una amplia gama de actividades extracurriculares que, si bien ayudan a la notoriedad de la entidad, en poco contribuyen a la formación del alumno. En ocasiones el precio elevado es un reclamo que luego se suaviza con interesantes descuentos, aparentemente personalizados, pero generalizados: si todo el mundo accede con un 60% de descuento… ¿no será que el precio real es el 40% de lo anunciado?
  • Instalaciones: parece una obviedad, es más, seguro que todo el que quiera impartir formación cuenta con unas aulas medianamente decentes para poder llevar a cabo esta tarea. Pero no es lo mismo contar con espacio para entretener a la vez a centenares de alumnos que disponer de un aula perfectamente equipada para las necesidades concretas de un programa determinado. Y pegarse un curso académico echando de menos algún elemento en el aula es muy duro, para los alumnos y para los docentes. Da lo mismo que sea luz natural, acceso a Internet o una pizarra digital.
  • Profesorado: Quizá no nos lo planteamos en un primer momento, pero el peso de nuestra formación y experiencia académica recaerá sobre el profesorado. ¿Qué demando del profesor como alumno? ¿Qué necesita la escuela del profesor como elemento estratégico de negocio? ¿El docente tiene capacidad para impartir formación o trabaja en una empresa que puede conseguir prácticas a los alumnos? ¿Domina el contenido de la materia que imparte o simplemente trabaja en una entidad de prestigio en el ámbito de actividad del máster? ¿Es capaz de trasladar su experiencia al alumno o se centra en fidelizarle como cliente de la escuela? ¿Es políticamente correcto o prepara al alumno para lo que se encontrará en el mercado laboral? ¿Son antiguos alumnos del máster cuya nómina se complementa a cuenta de la escuela o son profesionales independientes sin ningún interés perverso en el programa docente? Otras cuestiones que te podrás plantear pasan por revisar el peso de los distintos docentes en el contenido del máster y la posibilidad de establecer contactos fuertes con ellos. ¿Son personas accesibles por otras vías? ¿Se mantendrán accesibles después de finalizar el curso? Y, antes que todo ¿realmente imparten clases en el máster o su nombre sólo aparece para darle caché al programa? Afortunadamente, la exposición en redes sociales profesionales nos permite resolver esta última pregunta antes de matricularnos.
  • Organigrama: En los tiempos que corren, una estructura vertical es, básicamente, una red para diluir responsabilidades. Y un lugar en el que refugiar a los amigos en tiempos de crisis. ¿Hay más jefes que indios? ¿el dinero de tu matrícula se escapa en mantener una extensa red comercial con la que pescar en mercados quemados? Una buena coordinación docente requiere, sobre todo, de la implicación de los profesores y una buena comunicación entre ellos. Por supuesto, el papel administrativo y de relación institucional es imprescindible para la buena marcha de una organización dedicada a la formación, pero ¿cuantas nóminas son necesarias para garantizar las buenas relaciones entre la escuela y las distintas partes interesadas? ¿entre cuantas personas se debe diluir la responsabilidad de la coordinación del máster?

Quizá algunas de estas cosas no resulten novedosas, otras serán muy discutibles. En cualquier caso, espero que esta entrada te ayude a reflexionar y tomar decisiones razonadas antes de cursar un máster: si quieres especializarte, acude a especialistas, si quieres un título ve donde te pongan fácil conseguirlo, si buscas contactos ve a muchos saraos y si buscas trabajo patea la calle.

Y recuerda: hagas lo que hagas, eso es lo que deberías de haber hecho.

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