Renovables: especulación, trapicheo y autoconsumo.

Todo el mundo hablando de energía. Será que estamos en el Año Internacional de la Energía Sostenible para Todos, que nos revoluciona un poco la ubicación del Almacén Temporal Centralizado de residuos nucleares y que en breve celebra el Día de la Pobreza Energética. O eso o que las primas de alguien están haciendo mucho ruido, el parón a las renovables es el tema del día.

La blogosfera está llena de artículos que hablan de cómo funciona el sistema eléctrico, de las consecuencias del fin de las primas a las renovables o cartas al ministro del ramo. Hoy traigo un granito de arena a esa reflexión sobre el modelo energético. Eso sí, desde un punto de vista un poco desenfadado e informal que me lleva a clasificar a los productores de energía renovable en tres categorías:

Especulación: es el productor de energía con capacidad suficiente como para ganar dinero alrededor del negocio, con independencia del mercado de la energía. Con la crisis del ladrillo necesita mover su dinero y lo pone en forma de parque eólico. Lo mismo compra alguna empresa petrolera, vende acciones en una eléctrica o invierte en el negocio nuclear. Le mueve el dinero y está por encima del bien y del mal, tiene poder para influir en las decisiones políticas que harán que siempre siga ganando pasta, sea quemando carbón o fabricando coches eléctricos. Tiene la hucha puesta y todo el que quiera energía tiene que poner todos los meses un poco en la hucha. Por supuesto cualquier variable que no entre en la cuenta de resultados le da lo mismo.

Trapicheo: es el oportunista, que ha visto el negocio y se ha puesto a ello, a ver si en una de estas sale de pobre. Tiene un terreno o posibilidad de acceder a él. Se ha enterado de unas subvenciones a la energía eléctrica y que los grandes la tienen que comprar, así que se lanza al ruedo. No tiene capacidad de convertir en oro todo lo que toca, pero intenta hacer crecer su dinero a corto o, como mucho, medio plazo. La variable ambiental le interesa en tanto que argumento para seguir manteniendo las primas a su actividad, pero los números que ha hecho le permiten decidir, en un momento dado, quemar gasoil para seguir metiendo electricidad en el sistema. Si las cosas van bien, saca de la hucha del especulador más de lo que mete. Si van mal acabará dándose cuenta de que los negocios piramidales no funcionan.

Autoconsumo: es el más peligroso de todos porque opera al margen del sistema. Tradicionalmente se enganchaba al cable que pasaba cerca de su ventana y listo. En los últimos tiempos se ha sofisticado: con unos paneles fotovoltaicos y otros térmicos consigue electricidad y calor para sobrevivir. En ocasiones lo complementa con un pequeño molino. No debe nada a nadie y nadie le puede meter mano en la hucha, si es que le queda algo después de la instalación. Implicado en el medio ambiente en tanto que la sostenibilidad le permite sobrevivir pagando menos facturas.

3 comentarios

  1. Vaya articulo mas estupido y ridiculo. Esta claro que no tienes idea o eres un troll

  2. Gracias por tu visita y comentario Luis.

    Siento que no te gustase el artículo, ciertamente es una visión simplista y poco rigurosa, pero no es más que una forma un poco desenfadada de llamar la atención sobre que en el negocio de las renovables hay muchos intereses que, en ocasiones, no tienen que ver ni con la energía ni con la sostenibilidad.

    Saludos.

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