15 M en la encrucijada.

Sobrevivir al verano patrio y aparecer a diario en los informativos veraniegos, para diversificar los tipos testimonios sobre medusas y termómetros al rojo vivo, es todo un mérito, algo impensable para muchas iniciativas y proyectos que sucumben con la llegada de las vacaciones. Pero el empeño del movimiento 15 M lo consigue, paseando la indignación ciudadana por el centro de Madrid en pleno mes de agosto. ¿Pero qué es el 15 M? ¿Quienes son los indignados?

El 15 M es un movimiento de ciudadanos libres e iguales. Personas sin signos o banderas que se reúnen en asamblea, a hablar de la situación socio económica, a trabajar en propuestas que permitan cambiar la situación creada por empresas, organizaciones sociales y partidos políticos corruptos que hace tiempo se olvidaron de su papel para centrarse en intereses particulares ajenos a la realidad de las personas. Los indignados son personas corrientes, cada cual con sus intereses concretos, que dejan de lado sus diferencias para poder charlar de igual a igual en las plazas y los parques de las ciudades. Vecinos que quieren compartir sus inquietudes y que aprenden a participar en procesos de toma de decisiones.

Pero… todo el mundo intenta pescar en el 15 M. La spanishrevolution es un movimiento muy fuerte, que atrae muchas simpatías. Ha conseguido cosas impensables, muchas meramente simbólicas, pero ha demostrado que es posible reflexionar, plantear propuestas desde la calle y que sean escuchadas. Una acción simbólica como la paralización de desahucios ha conseguido repercusión mediática, apoyo popular y respuesta por parte de  entidades financieras: alguna ha propuesto hipotecas que contemplan la dación en pago, otra plantea flexibilizar el pago a los desempleados.

No está mal que los partidos políticos estén a la escucha para coger propuestas, o que las asociaciones de vecinos intenten conseguir sus reivindicaciones históricas acercándose a las asambleas de barrio. Pero el problema es que seguimos sin superar algunos planteamientos, fronteras que llevaron a nuestros abuelos a una guerra fratricida. El poder lo sabe y empieza a gestionar el 15 M: enfrentando ciudadanos contra ciudadanos. Ya tenemos a partidos llamando a la división: “indignados contra militantes”. La visita del Papa es otra cita estupenda para dividir: “católicos contra indignados”. Como si fuese incompatible ser católico o militar en un partido con estar indignado y querer mejorar el sistema en el que vivimos.

Sigo manteniendo la ilusión en el 15 M. Creo que existe una posibilidad real de cambiar las cosas, de conseguir acciones que nos ayuden a mantener los derechos ciudadanos y los servicios públicos que tantos años y tanto esfuerzo han costado. Pero tengo miedo. Me asusta la idea de que no estemos preparados para llevar a cabo los cambios necesarios de una forma madura y racional. Me inquieta que exista quien esté buscando el conflicto, bien para alimentar su ego, bien para conseguir intereses particulares a costa de la vida de otros. ¿Realmente existe un enemigo? ¿tenemos claro quién es?

El 15 M está en la encrucijada, ¿será un nuevo mayo del 68? ¿el detonante de una nueva guerra civil? ¿el inicio de un cambio que nos lleve a una participación más directa? ¿la palanca de cambio para una redistribución del poder? ¿la inspiración para un giro de los programas de los partidos políticos? ¿el germen de nuevos partidos y organizaciones sociales?

Es evidente que no tengo respuesta para estas preguntas, pero lo que sí tengo claro es que el 15 M será lo que nosotros, ciudadanos libres e iguales, queramos que sea, lo que decidamos hacer de ello. Podemos dejarnos llevar por los mismos partidos políticos y los medios de comunicación de masas que nos han traído hasta aquí, o podemos hacer las cosas de una manera distinta. Algunos pioneros ya han empezado.

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