No es la ISO, es tu cliente.

Siguiendo con el tema de las certificaciones, un argumento típico que mueve a las organizaciones a adoptar un sistema de gestión (calidad o medio ambiente) basado en una norma ISO (9.001 o 14.001 según el caso) suele ser que un cliente se lo exige. Algo así:

– “Mire es que yo quería eso de la ISO, porque Fulanito, S.L. se ha metido en la ISO y si yo no me lo pongo también pues me deja de comprar”.

Tal vez, si la correspondiente ISO, fuese pública cualquiera podría consultarla y constatar que allí no pone que los proveedores deban “tener la ISO” para poder servir productos o servicios a sus clientes. La correspondiente norma viene diciendo que la empresa que quiera certificarse deberá establecer un sistema de evaluación de proveedores, así como la pertinente comunicación y, en su caso, un adecuado control. Sí, puede que el cliente (o el consultor de turno) decida, durante el diseño y la implantación de su sistema de gestión, que el criterio de aceptación de proveedores es disponer de un certificado ISO, pero es criterio de esa organización, no imposición de la norma.

Más cómodo, dónde va a parar, una copia del certificado en ISO que preguntar por la licencia de actividad, el tipo de vinculación legal entre los trabajadores y la organización, por el cumplimiento de los requisitos mínimos de seguridad industrial, por la gestión de los residuos… sobre todo si sospechamos que buscando podemos encontrar cosas que no nos gusten: ojos que no ven, corazón que no siente.

4 comentarios

  1. Decepcionada miro agonizar al Medio Ambiente. Estrategia de mercado politizada, dominio de burócratas y técnicos ambiciosos movidos por hilos de oro, muere como aburrido campo de obligaciones para los ciudadanos.

    Medio ambiente suma del engaño, de la picaresca para aquellos que tienen como única pretensión su disfrute, conservación, protección y valoración.

  2. Gracias por tus palabras María, es difícil describir “Medio Ambiente” tan claro y tan alto.

    Medio Ambiente era un neón al borde del camino. Nos deslumbró y despistó del objetivo, pero le falla la batería. Toca retomar la senda del decrecimiento y hablar de sostenibilidad. Subsistir cada día sin comprometer la subsistencia de nuestros hijos ni la de los hijos de los que nos rodean.

    Un abrazo.

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