El próximo CONAMA será twitteado.

Del 22 al 26 de noviembre se celebra en Madrid la décima edición del Congreso Nacional del Medio Ambiente (CONAMA). La cita bienal es el sarao más grande sobre la temática de los que se organizan en nuestra geografía. Es pionero en nuestro país, habiéndose celebrado por primera vez en 1992. Supe de su existencia a principios de este siglo gracias a Eduardo Perero, quien, con la Asociación de Ciencias Ambientales (ACA), abrió la puerta por la que los estudiantes de Ciencias Ambientales empezaron a entrar al CONAMA.

Desde entonces las cosas han evolucionando mucho. Los cotizados tomos en papel de las primeras ediciones se convirtieron en cómodos, ligeros y reproducibles soportes digitales a partir de la quinta edición. El salto cualitativo ocurrió, a partir de la octava edición, con la disponibilidad universal del fondo documental a través de internet. CONAMA empezaba a salir de su Palacio (de Congresos) para estar disponible para cualquiera que tuviese interés en la materia. En cualquiera de las materias que se abordan en un Congreso Nacional del Medio Ambiente. El reto más interesante en este 2010 será el seguimiento vía Twitter. Allí habrá muchas voces distintas hablando a la vez, por lo que conseguir que los apuntes de los voluntarios de ACA viesen la luz en tiempo real sería todo un avance.

Sí, en esta edición CONAMA se ha encontrado con la Web 2.0. Tal vez con algo de retraso para los que llevamos años viendo, en saraos diversos, cómo las tecnologías de la información y la comunicación agilizan y amplían las posibilidades de participación. Tal vez con un enfoque demasiado centrado en Facebook, al menos para mi gusto, pero por alguna parte hay que empezar. Pero no estaría de más wifi abierta en el Palacio de Congresos para facilitar la fluidez y la diversidad de la información durante el CONAMA.

Para mí esta edición de CONAMA es especial. Es la primera que afronto sin estar vinculado a ninguna de las organizaciones que lo organizan o patrocinan. Tampoco estoy acreditado para participar en nombre de un tercero como en otras ediciones. Esto implica que no podré pasarme toda la semana saltando alegremente de actividad en actividad, pero me dará la libertad de acudir sin un guión que seguir, de retomar contactos en nombre propio y, sobre todo, sin la presión de hacerle clientes a nadie. Al no ser congresista no dispondré de la documentación por adelantado y dependeré de invitaciones para acceder a las actividades que me interesan, pero podré disfrutar CONAMA como no lo había hecho hasta ahora. Incluso, si el tiempo lo permite, podré ir en bici sin la presión de la corbata ni la tensión de enganchar el traje en la cadena.

Nos vemos (y leemos).

PD: para otros usos de CONAMA véase la Comision Nacional del Medio Ambiente de Chile.

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