Más leña al fuego (otra de incendios forestales)

La presencia de madera muerta en el monte es un interesante tema de debate con aproximaciones diversas. Desde un enfoque biológico, es parte de los procesos naturales, constituye el nicho de diversas especies y permite que se cierren ciclos propios de un bosque. Desde el punto de vista productivo, la presencia de madera muerta puede ser síntoma de ineficiencias en el sistema de gestión, especialmente cuando de lo nos traemos entre manos es una plantación.

En el manejo del monte, la madera y lo que pase con ella es responsabilidad de sus gestores. Deciden qué madera se saca, cuando y para qué. Quien la corta o donde se la lleva. Los procesos ecológicos son importantes, pero están interferidos por las decisiones relativas a la fijación del suelo, la producción de tablones, la creación de sendas sombreadas para paseantes o la prevención de plagas. Y aquí aparecen los incentivos perversos. Cada uno de los agentes implicados intenta maximizar su beneficio. Nos olvidamos del debate y retorcemos los argumentos a gusto del consumidor. Tú saca la madera que te interese y lo que no me lo dejas por allí. Transportar ramillas no te va a dar dinero y yo no tengo medios ni ganas ver qué haces con los residuos de tu actividad. El monte no es de nadie y sancionarte… haría que me devolvieses las subvenciones que hacen que sigas en esto.

Pero llega la hora de la verdad. No tenía por qué pasar, pero… un fuego se descontrola. Arde el monte. Y tomamos decisiones desde despachos en los que se estima la cantidad de material combustible en función de la gestión que se debería haber hecho y no se hizo. Piras de madera seca esperando a que llegase su momento clumplen su función. Y se llevan la vida de personas que sabían que alguna desgracia acabaría ocurriendo. No hay responsables, al fin y al cabo, es una desgracia fortuita… ¿sirve de algo buscar culpables?.

Después del incendio, y para compensar, instalamos una central de biomasa. ¿Vamos a traer esos restos de madera que se siguen acumulando por una gestión paupérrima del recurso forestal? No, claro que no, la central de biomasa es la excusa ideal para esquilmar, en cualquier época del año y por poco productivo que sea, cualquier monte que nos quede a mano. Pedir presupuesto para traer la madera que se acumula en otros montes, mientras nuestros estómagos agradecidos siguen haciendo la vista gorda, podría poner en riesgo un sillón que con tanto esmero calentamos. Es más, ¿por qué no autorizamos nuevas centrales de biomasa y plantaciones de especies exóticas para hacerlas más productivas?

Un comentario

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *