Recoger mejor para incinerar menos.

Bolsas de basuraNo todo son sombras en la gestión de residuos urbanos. Silvia escribía hace unos días sobre un ejemplo digno de estudio. Se trata de una serie de municipios que han instaurado un sistema de recogida selectiva puerta a puerta. El objetivo de la iniciativa parece ser cuestionar la necesidad de instalar una incineradora en la zona. Y los datos son demoledores:

“El 82% de los residuos son recogidos selectivamente mediante este sistema; el grado de pureza de las fracciones recogidas es muy alto habiendo solo un 1%-2% de impropios para la orgánica y un 5%-10% para los envases ligeros. Por otro lado, el 77% de los ciudadanos se ha adaptado bien a la recogida “puerta a puerta”. Tan sólo el 12% manifiesta problemas mientras que el 68% de la población apoya este sistema de recogida.”

Entre otros, los quebraderos de cabeza de los agentes implicados en la gestión de residuos, en particular en los procesos de recogida y tratamiento, están en justificar la escasa participación ciudadana y mejorar las tasas de reciclaje al final del proceso. Y aquí este sistema también parece dar buenos resultados:

“Tras el éxito del puerta a puerta, cada vez más vecinos de la zona se preguntan la necesidad de una incineradora, ya que si se están alcanzando tasas de reciclaje del 82% (frente al 28% que logra la media del resto de localidades), la incineración no parece la solución más acertada.”

Lo más interesante de este caso es la forma de afrontar el dilema complejo de qué hacer con los residuos. A pesar de lo previsto en los convenios internacionales, con su correspondiente reflejo en la normativa nacional, las posibilidades de participación ciudadana y de planteamiento de alternativas distintas a las fomentadas desde el poder político son bastante limitadas. Incluso se suelen llevar al conflicto, tipificando como “efecto NYMBY”, no el rechazo a las consecuencias de una solución inevitable, si no cualquier alternativa posible a decisiones que no siempre maximizan el beneficio global.

A ver si cunde el ejemplo y los responsables políticos que se oponen a la instalación del almacenamiento temporal centralizado se animan a fomentar la autosuficiencia energética de los vecinos que habitan en los territorios que gobiernan. Lo mismo descubríamos que es posible reducir la necesidad de centrales nucleares, la producción de residuos radiactivos de alta actividad y aligerar la carga económica que su pone calentar e iluminar los hogares de los votantes.

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