Trabajo es trabajo.

No me gusta hablar de trabajo fuera del horario. Hasta el extremo que algunas personas de mi entorno me han llegado a preguntar si me dedico a algo “chungo”, que si era espía o algo peor. Y mira que mi ocupación aborda asuntos interesantes. Y me siento orgulloso de según que metas alcanzadas por cuenta ajena. De vez en cuando generalizo a “consultor ambiental”, por aquello de la creatividad y en un intento de difuminar los contornos, pero no hay manera. El trabajo es el tiempo que vendo a cambio de dinero, contrato mediante. Y eso tiene unas implicaciones concretas: condiciona tu relación con la empresa, con sus clientes, los recursos disponibles, la organización… Por muchas películas que nos queramos montar: trabajo mata y no se hace solo.

Un poco por entrar al trapo de Julen, y otro por reflexionarlo en voz alta: no, no me siento definido por mi trabajo. Me gusta y posiblemente podría realizarme a través de él, pero hago un importante esfuerzo por que mi ocupación laboral por cuenta ajena ocupe su justo espacio – tiempo. Después de algún tiempo de exposición a sales de cromo y sumar unas recientes cicatrices a la lista, he conseguido que no pase de las 30 horas semanales. Por supuesto que la vida es un sistema complejo de compartimentos intercomunicados, pero no conozco a nadie que se hiciese rico trabajando, y poco a poco voy encontrando alternativas de subsistencia cada vez más interesantes.

Volviendo al comportamiento gaseoso del trabajo, es bueno experimentar en primera persona que una jornada de 30 horas en horario flexible deja tiempo para sorprenderse a uno mismo ampliando vocabulario, oteando horizontes, comiendo pipas junto a un hormiguero, sensibilizando al personal, o haciendo ñapas para los amigos o no tanto, con o sin lucro, pero con cariño.

Mi profesor de ciencias naturales relativizaba las notas diciendo que hasta que no encontrásemos algo en lo que dar nuestro máximo nos dedicaríamos a saltar obstáculos con más o menos margen de tropiezo. Suponiendo que eso se elija, no se si algún día dejaré que una profesión sea el eje vertebrador de mi vida, pero ya me gustaría vivir de modo que no implicase someterme cada semana durante 30 horas para poder subsistir. Mientras tanto y salvo que alguien me saque del error, creo haber aprendido que lo máximo esperable de un trabajo, llegado el momento, es lo que firmaste en el contrato. De la vida espero algo distinto.

2 comentarios

  1. Alberto, esto va a ser que las cosas andan revueltas y que hay muchas formas de ser y estar en este planeta. Mientras nos sintamos con capacidad de modificar a mejor lo que nos rodea, bastante tenemos. Sea trabajo, sea vida o sea lo que sea.

  2. Gracias Julen.

    La reflexión abierta que te rodea me permite descubrir alternativas de ser y estar en este planeta. Como dices, hay muchas. No creo que sera fácil encontrar la que mejor se ajusta a cada uno. Inercias que cambiar, experiencias por vivir, conocimientos por adquirir…

    La posibilidad de leer sobre formas de hacer que a otros os están funcionando es un interesante motor para seguir andando caminos, con sus intersecciones, nos lleven donde lleve. También cabe la posibilidad de acomodarse a una forma concreta de ser o estar y dejarse llevar.

    Lo que me he aprendido, de momento, es que el futuro (también laboral) será sostenible o no será. Y en eso trabajamos…

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