El hombre de la bici del millón de dólares

El día de hoy podría haber pasado a la historia como aquel en que descubrí, sin mayores consecuencias, la parte que el ciclismo urbano tiene de deporte de contacto. Pero como la sucesión ecológica existe y es buena, el 6 de noviembre de 2008 quedará en el recuerdo como el día en que conocí al hombre de la bicicleta del millón de dólares. Y esta es la historia en dos partes:

La bicicleta del millón de dólares

Es un vehículo impresionante: a cualquiera le llaman la atención las cubiertas de las ruedas, pero si te fijas un poco más los frenos de disco y las llantas tampoco te pasan desapercibidas. Una señora bicicleta que muchos no dejaríamos atada en la calle durante la jornada laboral.

Pues está allí todos los días, a la puerta del curro, junto a la mía, cuando la llevo, y otras que, con mayor o menor frecuencia, se dejan ver por allí. Ella es la bici que muchas querrían ser de mayor, o al menos, es a lo que aspira la que yo utilizo para ir a currar.

Mis compañeros de desayuno y yo la habíamos bautizado cariñosamente como la bici del millón de dólares.

De cómo conocí a su dueño

Por circunstancias de la vida, hoy, cuando salía del trabajo, he coincidido con un chico barbudo y sin un pelo de tonto que hablaba por teléfono mientras se preparaba para montar el vehículo en cuestión. No lo he podido resistir y le he preguntado si era el dueño de la bici del millón de dólares.

¿Del millón de dólares? Me ha preguntado. Está montada con retales de aquí y de allá… mira, el cuadro está rajado, justo aquí ¿lo ves?

Ha sido el comienzo de una entretenida conversación que ha continuado camino a casa, pedaleando por Princesa y Plaza de España. La subida hasta Callao ha pasado sin sentir… hasta que se me ha salido la cadena pasado Callao. Aquí ha empezado una clase teórica sobre ruidos en la dirección, ejes pedaleros y otro montón de cosas.

El hombre de la bicicleta del millón de dólares me ha invitado a conocer su morada, donde he podido comprobar que, efectivamente, existen máquinas que no habría podido soñar en la vida. Un muestrario de bicicletas sobre las que solamente había leído de pasada me ha mostrado otra forma de ver las dos ruedas.

También me he traído unos pedales y guardabarros que instalaré en mi vehículo este fin de semana.

Espero que volvamos a coincidir, ahora sí que tengo una cita con el jueves a final de mes.

My name is Wittig on Pinkbike

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