Autosuficiencia energética, por favor.

Vuelve a estar de moda el “debate nuclear”. Paso de “Nuclear no, gracias” a “Autosuficiencia energética, por favor”.

Sigo estando en contra de la nuclear. Hasta el extremo de asumir, en el límite, que se pudiera tratar de un miedo irracional mezclado con un poquito de tendencia conspiranoica inducida.

En cualquier caso, creo que existen formas de abordar el abastecimiento energético mucho más eficientes, sostenibles y adecuadas que la alternativa nuclear.  Tal vez implican algunos cambios, como apunta Jeremy Rifkin en la entrevista de la Agenda Viva de primavera de 2008:

“Cuando confluyen las revoluciones en el ámbito de las comunicaciones y de la energía, todo cambia, incluido el pensamiento de los seres humanos”.

En pleno estado de shock, causado por la escasez de petróleo, la deuda hipotecaria y el miedo al paro, nos plantean reabrir el debate nuclear. Un estigma que marca a fuego. En este punto conviene recordar que los esfuerzos de concienciación no han dado resultado. Pueden seguir bombardeándonos con información positiva sobre esta forma de conseguir energía o elevarla a la categoría de panacea contra el cambio climático. Pero nuestros gestores se ganan a pulso, cada día, la desconfianza de buena parte de la sociedad.

Tal vez, en plena crisis, el debate a poner sobre la mesa es, precisamente, el modelo de desarrollo y las necesidades energéticas ¿Queremos crear puestos de trabajo, reducir el gasto familiar, reducir la depenciencia exterior, fomentar el comercio interior y mejorar nuestros números en investigación y desarrollo?

Es un problema de reparto de recursos. Si cierran negocios que no son rentables y tenemos que recolocar empleados e inversiones públicas ¿por qué no las llevamos a la energía para el autoabastecimiento doméstico? No estoy hablando de instalaciones para devolver energía a la red, ni huertos solares en manos de inversores. Esos negocios deberían financiarse por aquellos que esperan sacar beneficio a medio y largo plazo.

Hablo de reducir la presión monetaria que soporta el ciudadano particular.  Ese que no puede exponserse a asumir el riesgo de instalar 20.000 euros sobre el tejado de su casa o en la ventana de la cocina por miedo a que se los roben. Todo lo escaso es goloso. ¿Por qué no reconvertimos las fábricas de automoción y componentes en plantas de equipos para el autoabastecimiento energético doméstico? Hay blogs que publican a diario información sobre artilugios solares que no llegan a la tienda de las esquina ni están a disposición del usuario medio. ¡Hagamos producción en cadena!

¿Con qué dinero? Pues con el que nos gastamos en evitar que pierdan los que siempre ganan. Independientemente de donde pongamos el dinero público los beneficiarios van a ser los mismos ¿por qué ponerlo en ladrillo cuando podemos utilizarlo para aprovechar la energía solar y eólica?

Recuerden que esta noche va de apagón. ¿Toca resetear?

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