En todos los curros se bloguea

Puede que no, pero quería traer a colación una de las lecciones tempranas que aprendí en mi primera experiencia laboral “formal”. Fue aquel verano en que me dio por intentar hacerme independiente económicamente y me apunté a una ETT.

Me llamaron para ir a mover muebles en una oficina de una “gran empresa”. Allí, en una sola mañana aprendí, de la mano de “mi jefe directo”, todo lo que necesita saber sobre escaqueo laboral un estudiante universitario. En aquel momento pensé que sería algo endémico de los trabajos precarios, por horas y mal pagados. Algún tiempo después, cuando empecé a trabajar “de lo mío”, se encargaron de que lo aprendiese bien “en todos los trabajos se fuma” (que se lo pregunten a algún médico).

Ahora está prohibido fumar en los centros de trabajo, pero la frase no ha perdido su vigencia, ni en sentido literal ni en el figurado.

La pregunta es ¿En qué momento redactan los posts los empleados que tienen un blog? y no la voy a responder. Más que nada porque igual no puedo todo lo sincero que el caso requiere. Mis reglas, eso sí, son parecidas a las que plantea alorza, que por algo es uno de mis ídolos blogosféricos. Puedo alegar en mi favor que ahora dedico menos parte de mi jornada laboral a contar chistes de vascos que hace unos pocos años (hasta el extremo que este fin de semana he constatado la necesidad de revisar el repertorio).

Para colmo de males no tengo mucho que aportar a lo que ya se propone en los comentarios. El blogueo en la empresa dependerá del contenido del blog (personal, profesional, institucional…) y de la relación del empleado con el blog y la empresa. Lo que no podemos olvidarnos que bloguear no es sólo escribir en blogs.

En la línea de lo que se ha comentado en el blog de alorza, el problema de bloguear en el trabajo está íntimamente ligado a la dificultad de separar la vida personal y la vida laboral (suponiendo que pudiera hacerse tal cosa). La clave, como remarca Iñaki, puede estar en la confianza y la responsabilidad. Pero ¿dónde están los límites?

Hay empresas cuyos filtros bloquearán tu intento de entrar a la página principal de cualquier cosa que parezca una red social o dominio de proveedor más o menos popular de servicios de blog. Curiosamente desde los ordenadores de estas organizaciones seguramente podrás conectarte a cualquier versión digital de las publicaciones que la prensa rosa y deportiva llevan a los quioscos.

Recuerdo que en una ocasión desde la casa de un cliente de mi jefe no se podía acceder a la página web principal de un proveedor gratuito de correo electrónico. “Alberto, tu que sabes de esto, mira si me puedes echar una mano…”. Bastaba con entrar por la página de otro servicio de ese proveedor o por uno de los resultados de un buscador genérico… cualquier cosa que sirviese para llegar al correo sin pasar por el dominio.com bastaba para saltase el filtro informático. Lo gracioso de la anécdota es que ocurrió en una época en la que la prensa publicaba rumores oscuros sobre aquella organización… cualquiera con una mente un poco retorcida y la suficiente malicia podría haber interpretado aquello de forma perversa y complicar los rumores oscuros.

El caso más extremo me lo tropecé cuando, como comercial de una base de datos de legislación ambiental, tuve la ocasión de visitar una de esas empresas que todo consultor ambiental quisiera tener en su cartera de clientes. La visita me abrió la puerta a futuras ofertas, pero me convenció de que no quería trabajar allí y que si conseguía venderles algo no serían mis servicios.

Cualquier elemento de conectividad de los ordenadores de mis potenciales clientes estaba bloqueado o centralizado en una especie de departamento de control interno. Ni internet, ni lector de discos compactos, ni impresora… supongo que hablar de blogs en esos chiringos debe considerarse una especie de blasfemia imperdonable.

Después de tanto irme por las ramas, creo que hay una indefinición perversa en este ámbito. ¿Dónde esta la buena fe que se le supone a toda relación laboral?

Puede que nadie quiera reconocer que participa en la blogosfera en horario de trabajo por miedo a ser despedido, o quien busque justo lo contrario. Lo mismo pasa con los empresarios. No quieren prohibir el acceso como elemento estratégico, pero tampoco quieren invertir en un uso equilibrado del blog.

El problema endémico es una falta crónica de organización del trabajo, hasta el extremo (por coger un indicador que se me viene a la cabeza ahora mismo) que la formación continúa para empleados en activo se realiza, preferiblemente, a partir de las siete de la tarde y/o en fin de semana (por cierto, ¡qué tarde es!, tengo que irme a al curso de ergonomía).

5 comentarios

  1. ¿Organización del trabajo?. ¿Te refieres a eso de vigilar al personal para que no llegue un minuto después de la hora de entrada, no salga ni un minuto después de la hora de salida y no pase ni un segundo con la vista fuera del “tajo”?.

    Ahora se les ha complicado un poco la “organización” porque se puede estar charlando mientras aparenta uno estar trabajando en la hoja de calculo. 😉

  2. asuntos delicados y comentarios más delicados todavía…
    Telémaco, le has dado de lleno, “control operacional” creo que lo llaman también.
    Julen, tomo nota. Igual es mejor meterse a artesano que no ser sincero con uno mismo, la pregunta ahora sería ¿artesano se nace o se hace?

  3. De momento nunca blogueo en el trabajo. Ojala algún día mi trabajo sea bloguear en el trabajo, ya sabeis blogs corporativos, comunicación en Internet, atención al cliente en la red…

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