Trabajar menos para disminuir la huella ecológica

huella verde sobre asfaltoTrabajar menos no sólo es bueno para la innovación, salud pública (trabajo mata) y el bienestar social. El tiempo es el factor más limitado en nuestras vidas y el que más condiciona nuestro modelo de desarrollo. Por eso, trabajar menos puede disminuir la huella ecológica y evita el calentamiento global. Se me ocurren algunos hábitos insostenibles que podrían cambiar con sólo quitarle un poco de tiempo a la actividad de ganar dinero:

Consumo:

Tal vez podríamos reducir el consumo de bolsas de plástico si, en vez de concentrar la compra en el primer domingo del mes y en una gran superficie comercial, pudiésemos disponer todos los días de un rato para comprar en las tiendas del barrio. Esto, a su vez, nos ayudaría a fomentar producciones locales y al consumo de alimentos frescos, frente a productos elaborados y polienvasados que las economías de escala exponen en los centros comerciales.

De vuelta a las bolsas de plástico, conviene recordar que su función básica es repartir la carga que va del carrito del hipermercado al maletero, del maletero del trastero, del trastero al armario empotrado del pasillo y del armario al punto de consumo en nuestro hogar. Si repartimos la compra a lo largo del mes, ni necesitamos llenar el maletero de nuestro vehículo particular, ni bolsas de plástico (nos podríamos apañar con un atillo, o una bolsa de tela). Doble beneficio ambiental: menos consumo de recursos y menos emisiones atmosféricas.

Participación:

Siguiendo con los beneficios de dejar el vehículo particular para ir a la compra, gracias a la reducción concentración de la jornada laboral, tendríamos el paseo diario por el barrio, que nos permitiría un mayor conocimiento e implicación con nuestro entorno, lo que tal vez ayudase a una mayor integración social y un fomento del espíritu participativo tan necesario para el desarrollo de iniciativas de corte ambiental, como son los procesos de participación en procedimientos de información pública, actividades de Agenda 21 Local, o la recogida selectiva.

Si cada ciudadano contase con un rato para echar un vistazo diagonal a los Estudios de Evaluación Ambiental en información pública, podría comprobar si tiene algo que aportar o si está afectado. ¿De que sirve colgar en internet los tochos que presentan los promotores de proyectos si nadie puede mirarlos?

En cuanto al tema de la Agenda 21 Local, está claro. Deberíamos poder distribuir nuestro tiempo de trabajo para acudir a los foros de participación ciudadana de nuestros barrios, leer y opiar sobre los documentos de diagnóstico y participar en los planes de acción ¿acaso hay algo más importante que ser parte activa de nuestra realidad local? ¿qué sentido tienen los procesos de Agenda 21 si ocurren mientras los ciudadanos están encerrados en sus puestos de trabajo?

Y la recogida selectiva. Nadie tiene tiempo de llevar su aceite usado al punto limpio. La solución es clara y evidente: más tiempo para que los ciudadanos puedan utilizar adecuadamente las instalaciones de recogida de residuos.

Conocimiento:

Los teóricos plantean, y los juristas lo recogen en la normativa: no se puede conservar lo que no se conoce. Un poco de tiempo para leer, ver esos documentales que ahora dormimos, pasear por el campo, visitar espacios naturales… es necesario para conseguir una mejor concienciación ambiental y una participación efectiva de la ciudadanía. ¿Para qué nos sirve el etiquetado ecológico de productos y servicios o la agricultura ecológica si los consumidores no saben qué significa o no pueden estarse a buscarlo en las estanterías del supermercado?

Economía:

¿Te parece que todo esto es caro? ¿no sería rentable económicamente? Como ciudadanos, disponer de nuestro tiempo nos puede ayudar a reducir consumo superfluo. El gasto más importante que eliminaríamos es el que realizamos para intentar reemplazar el tiempo que no nos dedicamos porque (recursivamente) estamos dedicando tiempo a ganar dinero con el que consumir para reemplazar el tiempo que no nos dedicamos. No nos lo dedicamos los unos a los otros, ni nosotros a nosotros mismos.

No conozco a nadie que se hiciese rico trabajando. Puedo subsistir mejor trabajando menos tiempo. Se que es una opción muy personal, pero también se me antoja bastante racional, que en el fondo es de lo que va la economía. No debemos confundir valor monetario con valor económico. El dinero de puede mover de muchas formas, la cuestión es si esos movimientos aportan algo a nuestra calidad de vida a largo plazo o sólo a la de unos pocos en el momento presente.

Ya lo dijeron a mediados del siglo pasado y no me extrañaría encontrar referencias anteriores. Bertrand Russell cometió el error de llamar “Elogio de la ociosidad” lo que debería ser el texto central del estatuto de los trabajadores. Si hubiese elegido algo del estilo “optimización del tiempo de trabajo como factor de producción” o “maximización del tiempo libre del currela medio como factor clave del consumo” otro gallo nos cantaría.

Seguiremos practicando entonación…

3 comentarios

  1. Gran idea la de rebautizar el texto de Russell e incorporarlo al Estatuto de los Trabajadores. A ver quién lo incluye en el programa electoral.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *