Copia privada, canon, propiedad intelectual y derechos.

A la vista de que tendremos canon, tal vez sea un buen momento, sin descuidar opiniones más recientes, para volver a la lectura del libro de David BravoCopia este libro“.

Es una reflexión sobre la propiedad intelectual, su función social y la presión de las empresas discográficas para mantener su negocio.

Tal vez si no hubiese empezado con la crítica al número de ejemplares vendidos como indicador de acceso a la cultura no me habría enganchado. Qué le voy a hacer… es lo que pasa cuando a uno le tocan la fibra sensible:

“El hecho de que El Quijote se haya comprado es una de las partes fundamentales en la ecuación del amor a la cultura. De hecho, como no hay cámaras ocultas en las casas, no hay tampoco datos veraces de que se ha leído, sino tan solo de que se ha comprado, que es, al parecer, lo determinante. Ver las películas de la televisión, leer en la biblioteca o escuchar el disco que te ha copiado tu amigo no son actos que celebran y festejan la cultura sino que simplemente la parasitan”

El eje del libro son las descargas de música de internet y las posturas de los distintos agentes implicados:

“Los superventas, en otras palabras, no necesitan de las redes de intercambio para que se les conozca, porque de eso ya se encargan los medios masivos de comunicación.”

“El mercado de la música está basado en los superventas: seis o siete grupos o cantantes que venden por millones porque los medios de comunicación te recuerdan que los debes oír si te consideras una persona normal. El mayor peligro de las redes P2P es que diversifica los gustos que antes estaban concentrados. El intercambio descubre la música a mucha gente, y música es precisamente lo que las grandes multinacionales no venden.”

Trata en profundidad lo relativo al derecho de copia privada, diferenciándolo de copia de seguridad:

“El derecho a la copia privada es la puesta en práctica de un derecho constitucional, el derecho al acceso a la cultura, del mismo modo que el derecho a la parodia está justificado por la libertad de expresión y el derecho de cita por la libertad de información. Más que meras excepciones también podrían considerarse como lo poco que queda de esos derechos después de haber sido excepcionados por la propiedad intelectual.”

En el libro hace una profunda crítica a la capacidad de los medios de comunicación para manejar a la sociedad. Especialmente interesantes me parecen las reflexiones que apuntan a la causa monetaria como fuente principal de infoxicación y desinformación:

“Hoy continúa vigente esa estrategia que se basa en hacer creer que lo que perjudica a un sector privado es en realidad un problema colectivo. El hecho de que millones de personas se intercambien cultura y la tengan al alcance como nunca antes en la historia, es enfocado como un grave problema que afecta a la sociedad en su conjunto y contra el que los ciudadanos deben luchar activamente.”

“Pero no solo eso, en estos tiempos, en los que los costes de mantener un periódico, una emisora de radio o un canal de televisión, son prohibitivos, los patrocinadores publicitarios son los que deciden, con sus inversiones, la vida o la muerte de un medio de comunicación o de las noticias que comunican.” … “Los que sobreviven son los grandes mercaderes de noticias, que saben bien que sus clientes no son sus lectores, sino sus anunciantes.” … “La televisión es influyente pero no es comparable a la influencia de la publicidad sobre la propia televisión.” … “es cierto que eso no quita que artículos críticos salgan a la luz, pero son tan escasos que dan la sensación de representar opiniones marginales. En ocasiones, esas opiniones son las que secunda la gran mayoría de la sociedad, pero al estar a una proporción de uno contra cien en cuanto a su presencia en los medios, se consigue el efecto de que los lectores terminen por aceptarlas como radicales o extremas, aunque sean las suyas.”

Tampoco deja de ser interesante la reflexión sobre la falta de interés informativo de los medios de comunicación:

“Y así, disfrazados de noticia, aparecen estos artículos de opinión escritos por personas que saben entre nada y menos que nada de la materia que comentan. El trato casi quirúrgico que demuestran con aquellos que tienen ejércitos de abogados con la demanda fácil, se convierte en despreocupación cuando el protagonista de la noticia es considerado inofensivo.”

“Los medios de comunicación tienen una demanda constante de noticias a la que satisfacer. La rapidez con la que se reclaman y los costes en tiempo y dinero para buscarlas y contrastarlas, obligan a reducir la labor periodística al mínimo.

Determinadas fuentes consideradas fiables por los medios de comunicación, alivian de la carga de una investigación imposible en un mundo a cámara rápida. Estas fuentes suelen coincidir con los representantes gubernamentales, funcionarios de policía o grandes poderes empresariales que cuentan con la apariencia de veracidad necesaria para que sus posturas particulares sean noticia.”

“Pienso que eso es debido a que hay periodistas que elevan a noticia las opiniones del poder y otros que simplemente han aprendido la profesión leyendo a los primeros.”

El autor, abogado, también reflexiona sobre la relación entre los intereses privados y sociales, así como el papel de la normativa en la defensa de los derechos de los ciudadanos frente a los beneficios de las grandes multinacionales.

Me quedo con otra cita sobre el tratamiento mediático del contenido de la normativa, que puede aplicarse a casi cualquier noticia en la que se hable sobre legislación, independientemente de la materia:

“El hecho de que lo que dice la ley es justo lo contrario de lo que publica este diario, no importa para los que saben que las mentiras repetidas muchas veces se convierten en verdad.”

El libro, publicado con una licencia Creative Commons puede descargarse libre y gratuitamente de internet. En su día, estuvo a la venta, no se si a estas alturas de la película todavía podremos encontrarlo para encargarlo a los Reyes Magos o al amigo invisible.

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