Reforma laboral a la madrileña.
La última de la crisis es la ristra de titulares que está dejando la ocurrencia de la alcaldesa madrileña:
Botella quiere cubrir con voluntarios las necesidades de instalaciones municipales
Tal cual, porque:
con la “implicación y colaboración de todos”, se podrán “sacar adelante y hacer rentables” una serie “infinita” de “espacios públicos”, entre los que la regidora ha especificado únicamente centros culturales, polideportivos y bibliotecas.
Y para remate:
“Creo que estamos en un momento en el que debemos hacer todos algo por la sociedad en la que vivimos, implicarnos en la gestión de la ciudad. Tenemos que ser capaces de devolver a la sociedad algo de lo que la sociedad nos da. Es algo que se hace en muchos países, y que nadie podría ver mal en un momento como en el que estamos”
Y es que no entiendo como no se han llevado a esta señora de ministra. De trabajo o algo así. ¿Problemas de productividad? ¿para qué discutir por un salario mínimo si se puede poner al personal a currar sin sueldo? El futuro está claro: voluntarios, que trabajen sin cobrar.
No puedo dejar de preguntarme dónde estábamos los ciudadanos a la hora de decidir los dispendios para presentar candidaturas olímpicas, a la hora de asignar obras faraónicas cuyo coste final multiplica el precio de adjudicación. Me pregunto donde han ido a parar mis impuestos o qué están haciendo ahora con ellos los dueños de las empresas que solían ser adjudicatarias de los servicios que ahora la ciudad no puede prestar.
Y, lo mejor de todo ¿esto no era una crisis de consumo? ¿qué vamos a consumir si el dinero se queda todo en la parte alta de la pirámide? ¿cómo vamos a solucionar la crisis si el trabajo lo hacen voluntarios? Igual es que últimamente estoy un poco susceptible, pero esto de que todos los días salga alguien a insultar la inteligencia colectiva, por la parte que me toca, empieza a resultar poco llevadero. ¿Acaso pretenden que sigamos pagando impuestos cuya única función es pagar sueldos de políticos? ¿Por qué no meten mano a los beneficios de aquellos que se lo llevaron calentito cuando las vacas gordas?
--
La foto es un retoque de Carlos Cortes a un original tomado en la calle.
La culpa no es de tu compañero, es de tu jefe.
Siguiendo con la de ayer, otra conversación que me resulta cansina es la relativa a la incompetencia y vagancia de los compañeros de trabajo. Es un tema recurrente: que si el fulano no hace nada, que si mengano siempre llega tarde, que si por culpa de zutano yo tengo que trabajar más...
Resulta que la responsabilidad de la organización del trabajo y de la gestión de la actividad en la empresa es del empresario. La culpa de que el trabajo esté mal repartido, de un elevado índice de absentismo, presentismo o escaqueo en cualquiera de sus formas, no es de tus compañeros: es de tu jefe. Él podría ponerlos a todos de patitas en la calle y no lo hace, algún motivo tendrá. Sí, es cierto que determinados puestos de trabajo clave tienen que sacar el trabajo adelante sí o sí, pero... ¿acaso la participación del resto de compañeros no determina que esas tareas se puedan hacer? ¿Quién debe echarse a cuestas la carga de la empresa el empresario o el trabajador responsable?
Si eres un mero asalariado revisa tu contrato, tu nómina y la práctica común en la empresa. Conoce tus derechos. ¿Estás trabajando más de lo que te corresponde? ¿realmente hay alguna forma de medir y compensar el trabajo realizado? ¿y de penalizar el escaqueo? Salvo que aspires a heredar el barco, a riesgo de cuando te llegue esté hundido en el fondo del mar, antes de quejarte de lo malos que son tus compañeros piensa que fue tu jefe quien os contrató a todos: igual el que no encaja en esa organización eres tú. Busca otra cosa o aplica aquello de allí donde fueres haz lo que vieres.
Porque esto no quede como una apología del escaqueo, terminar diciendo que el punto óptimo del trabajador por cuenta ajena, como agente económico racional, es hacer lo mínimo imprescindible que le exija su contrato laboral. Si no está remunerado o reconocido de alguna forma, cualquier trabajo adicional a ese mínimo implica una pérdida (no se recibe dinero a cambio del esfuerzo), y la destrucción de puestos de trabajo, en tanto que la empresa no detecta la necesidad de contratar nuevos empleados para realizar esa carga extra que soporta el "buen" trabajador. En cualquier caso: no te quemes, el único que sale perdiendo eres tú.
Para salir de la crisis hay que trabajar menos.
Parece que la consigna para mejorar la situación económica es trabajar más, ampliando la jornada laboral. Hasta 60 horas semanales piden algunos. ¿Se imaginan tener a una persona encerrada 10 horas al día 6 días a la semana? ¿Cómo puede eso aumentar su productividad?
Suponiendo un tiempo desplazamiento de 45 minutos hasta el puesto de trabajo y un descanso de una hora para comer, cumplir 10 horas diarias de jornada laboral requiere una dedicación de 12 horas y media. Suponiendo que el individuo dedique a dormir, cenar y desayunar otras 8 horas, le quedan libres unas 3'5 horas, en las que tendrá que atender obligaciones personales, necesidades de aprovisionamiento y, con el tiempo que sobra, ocio y cultura, de hacer deporte o enfermar, mejor no hablamos.
Con la jornada laboral de 10 horas podemos atender todo el horario comercial con una única persona: empieza a las 9:00 de la mañana, para a comer a las 14:00 y luego de 16:00 a 22:00. Y que aproveche las dos horas de medio día para ir al gimnasio o algo. Esto sólo le dejaría libre 2'5 horas, pero con un trabajo tan edificante como vender ropa barata fabricada en China, cobrar al consumidor en la línea de cajas del super o servir hamburguesas... ¿quién necesita tiempo libre fuera del trabajo?
Por supuesto, para aumentar la productividad contratamos mano de obra barata, a la que no pedimos ningún tipo de formación y a la que pagamos un salario mínimo, ya que, con la crisis, hay mucha gente en paro dispuesta a coger estos trabajos tan productivos e ilusionantes.
La cuestión es que si tienes a una persona encerrada durante 10 horas al día tendrá que atender durante esas 10 horas distintas necesidades, que van desde las meramente fisiológicas a otras como relación, atención sanitaria, ocio. Si una persona sale de su casa a las 8:15 y vuelve a las 22:45, entre medias tendrá la inquietud de saber qué es de sus seres queridos, tendrá que organizar planes para el día libre o hacer la compra. Tendrá que pagar los recibos y la consulta del médico, o, con un poco de suerte, algún tipo de actividad formativa. Así, una jornada excesivamente larga, provoca, inevitablemente, absentismo laboral, aunque sea de cuerpo presente, en tanto que el trabajador no puede estar dedicado todo ese tiempo a su trabajo.
Una jornada racional permitiría al trabajador ser productivo desde que entra por la puerta hasta que sale. Si la jornada laboral fuese, por ejemplo, de 21 horas semanales, unas 5 horas y cuarto 4 días a la semana en jornada flexible, el empresario podría exigir pleno rendimiento y el trabajador estar dedicado exclusivamente a su trabajo durante esas 5 horas, atendiendo su vida personal fuera del horario laboral. Los turnos serían más eficientes, y se aumentaría la productividad de la empresa, ya que nadie estaría dedicando los medios de producción para llamar a casa de la abuela a ver qué tal ha comido el niño. Es más nadie se quedaría calentando la silla a la espera de que volviese el jefe contando chistes después de una comida con los clientes: la gente simplemente haría su trabajo y volvería a su vida, sin necesidad de pasar media mañana chismeando sobre la vestimenta de la secretaria de dirección o sobre el amante del chófer del Director General.
Tal vez distribuir el horario de trabajo entre más personas podría implicar una disminución salarial, pero también una reducción de costes: cada cual podría hacerse cargo de las tareas del hogar, atender a sus seres queridos (niños o ancianos) y, sobre todo, permitiría a una mayor cantidad de personas acceder al mercado laboral y disponer de un flujo monetario con el que participar en el sistema de consumo. Creo recordar que esta era una crisis de consumo por falta de liquidez.
Igual es una visión simplista, pero si de lo que se trata es de salir de la crisis, igual es tiempo de leer propuestas más elaboradas y empezar a ponerlas en práctica. Si de lo que se trata es de expoliar los pocos derechos que quedan a la clase trabajadora, no hablemos más.
Día mundial del medio ambiente.
Hoy, 5 de junio de 2011, es el día que Naciones Unidas celebra el Día Mundial del Medio Ambiente. Los tuiteros lo festejarán como #diaMA.
Un día para reflexionar sobre temas tan importantes como la influencia de la jornada laboral en la conservación del Planeta: ¿trabajar 21 horas a la semana es más sostenible?
Un día para pasearte y descubrir las pequeñas sorpresas que te ofrece tu entorno y plantearte qué puedes hacer para que tu barrio sea un poco más habitable.
Un día para pensar que todos los días del calendario son importantes, todos los gestos, todas las decisiones... afectan a los grandes retos que afrontamos como especie.
Violencia es cobrar 600 euros.
Me prometí a mi mismo que no volvería a acudir a una manifestación: el amargo sentimiento de saberme utilizado en la última a la que había asistido y la impotencia ante la manipulación política del gesto colectivo, me llevaron a mantenerme en casa ante cualquier convocatoria, por interesante que fuese. Pero no se puede pretender cambiar las cosas haciendo lo mismo siempre. Igual es que le he visto las orejas al lobo. O tal vez necesitaba salir a la calle y gritar para desahogar la tensión que se acumula a la espera de la resolución definitiva de un proceso por despido improcedente.
El caso es que ayer hice un ejercicio de abstracción y salí a la calle:
- En primer lugar tuve que despojarme de mi prejuicio en relación a las manifestaciones. Sigo pensando que son la evidencia clara del fracaso de lo que llamamos democracia. Para mí, son la expresión pública de la frustración de miles de personas que no encuentran la forma de participar en un sistema, supuestamente, justificado en la voluntad popular.
- Desvinculé los colores de las viejas historias, basadas en amargos recuerdos, narradas por algún mayor que vivió desafortunados acontecimientos históricos. Los que nos sacaron el sábado a la calle son los únicos que están contestando y ofreciendo alternativas a la situación que vivimos. Y están captando la atención de mucha gente en un momento en que los colores y las posiciones se han difuminado tanto que resulta ingenuo mirar al futuro con prejuicios del pasado.
- Acepté las condiciones del juego con deportividad: calzado cómodo y nada de frustrarse por el escaso o nulo impacto mediático. Cualquier otra manifestación que tuviese lugar en la cuidad acallaría esta. Es más, de salir en los medios de infoxicación de masas, sería con alguna connotación partidista o para encasillar a los participantes como ejemplo a no seguir.
- Asimilé "pegarse una pegatina en la cazadora" a un "me gusta" del feisbuc. Del mismo modo que acabar colocando en el mobiliario urbano un letrero que te pasan en mitad de la manifestación podría ser un RT de tuiter.
- Y, por supuesto, asumí que a los ojos de guguel, feisfull y otras formas de etiquetar personas me estaba convirtiendo en un violento antisistema.
Así las cosas, el sol bendijo la convocatoria: cargamos con el paraguas pero no hizo falta. Es más, un poco de protector solar hubiese venido bastante bien. Un agradable y tranquilo paseo por Madrid, que debería haber empezado en Banco de España, pero lo hizo más adelante, en la misma Calle Alcalá, pasado el cruce con Gran Vía. Un recorrido políticamente correcto que hacía de la manifestación otro atractivo turístico más, a la vez que la mantenía fuera del protagonismo que se consigue transitando la Gran Vía o la Castellana. Un paseo al que, poco a poco, se añadía gente de toda condición: desde chavales trajeados que tenían toda la pinta de haber encontrado en la protesta la mejor manera de hacer tiempo hasta la hora de entrar al siguiente after, hasta parejas que decidían dar un carácter reivindicativo al paseo del sábado por la mañana.
Un paseo animado con consignas y bailes contra las medidas del gobierno y un pacto social alcanzado a costa de los derechos adquiridos durante milenios de historia de conflicto entre los ciudadanos y el poder. Un poder económico y político que actualmente se vuelve a olvidar de las personas y las deja fuera de juego, amparándose en sistemas de representación que la mayoría tiene claro cómo funcionan ni qué coste tienen. Coste económico y social que pagamos día a día.
Entre los muchos lemas, pancartas y proclamas de la manifestación me quedo con "violencia es cobrar 600 euros". Es el mejor resumen de la manifestación. ¿Quién puede representar la voluntad de un pueblo viviendo en un plano de la realidad radicalmente distinto? ¿Cuanto cobran los representantes sindicales para mantener a los trabajadores callados y tranquilitos en sus puestos de trabajo? ¿Qué hacen los políticos para merecer las pensiones que cobran? ¿Las diferencias salariales y la precariedad laboral son la recompensa a la delegación del poder?
Eché en falta más "No nos mires, U N E T É". Especialmente cuando la manifestación pasó frente a la Catedral de la Almudena. La gente que sale de misa también son personas, trabajadores, parados... que sumar a la lucha para conseguir que el poder político y económico no aplasten las libertades individuales. Tal vez víctimas, igual que "la Mª Carmen" lo es de la precariedad laboral que trae la reforma laboral.
No me quedé al mitin ni al concierto. Seguí haciendo mi vida, compartiendo reflexiones con amigos sobre lo que nos había parecido la manifestación, sobre la situación laboral de cada uno, sobre nuestras vidas y sobre lo que hacemos para que se parezcan a la que nos gustaría vivir.
¿Volveré a otra manifestación? No tengo ni idea. Pero cada día soy más consciente de que la realidad no es lo que nos cuentan por televisión los que pueden pagar un espacio en el informativo. Que hay movimiento debajo de las siglas, los colores y los símbolos. Que las personas tenemos que hacer el ejercicio de dejar atrás todo lo que nos separa. Que tenemos que unirnos para conseguir un modo de vida sostenible y justo con el resto de personas con las que compartimos el planeta en el espacio y en el tiempo presente, futuro o pasado.
Empleos verdes, más allá de la política.
Empecemos con una anécdota: Van Jones, consejero especial para "empleos verdes", empresa e innovación de la Casa Blanca, presenta su dimisión el 5 de septiembre de 2009.
¿Qué son empleos verdes? Llevamos tiempo hablando de empleo en el "sector ambiental", ocupaciones relacionadas con el medio ambiente y la riqueza que generan. Hay estudios de fundaciones, empresas consultoras, entidades de formación... Tal vez los trabajos más destacables, por su proximidad a lo que podríamos considerar “formal”, sean los desarrollados por el Servicio Público de Empleo Estatal.
En este caso, “formal” es la Clasificación Nacional de Ocupaciones, anterior a uno de los hitos que desencadenan la oleada de publicaciones relacionadas con el empleo verde: la norma ISO 14001 de 1996. En pleno proceso de revisión, la Clasificación Nacional de Ocupaciones es el instrumento que, quizá algún día, nos permitirá hacer estadísticas fiables y trazables en lo que a empleo (verde o de otros colores) se refiere. Eso suponiendo que las estadísticas oficiales pudieran reflejar un sector tan "amplio" y "dinámico" como el de la sostenibilidad. No está de más recordar que hay diversos colectivos profesionales que llevan luchando más de una década por su incorporación en estos listados de oficiales, entre otras cosas para poder inscribirse adecuadamente como demandantes de empleo en el INEM.
Salgo del ciclo de conferencias de EOI pensando que el asunto de los "Green Jobs" es una cuestión política. Lo que no tengo tan claro es si nuestra clase política está dispuesta a actualizar los mecanismos que en nuestro mercado de trabajo garantizarían la trazabilidad a los datos que se nos presentan.
Por cierto, una vez concluido que no sabemos qué sumar en concepto de "greenjob", no se si es sostenible seguir publicando estudios sobre el empleo verde. Lo que sí está empezando a ser insostenible, en el eje social, es que los ciudadanos particulares (no sólo la sociedad civil) no puedan contrastar la información que reciben y participar efectivamente en los procesos de toma de decisiones. Sobre todo si se trata de la gestión de cuestiones de interés general, como son a día de hoy el empleo y el medio ambiente... o los residuos de envases.
Otra anécdota para terminar: en respuesta al Informe de la Comisión de Evaluación del Comité Olímpico Internacional el día 2 de septiembre de 2009, el sábado 19 de septiembre de 2009 se publicaba en el Boletín Oficial del Estado el Real Decreto 1462/2009, de 18 de septiembre, por el que se modifica el Real Decreto 641/2009, de 17 de abril, por el que se regulan los procesos de control de dopaje y los laboratorios de análisis autorizados, y por el que se establecen medidas complementarias de prevención del dopaje y de protección de la salud en el deporte.
Las bicicletas ¿son para el verano?
Ya volví de mis quince días, que esta vez no han sido en agosto. Hay mucho que contar, pero será otro día. Hoy toca movilidad sostenible.
No se muy bien si para llevar mejor la re-entrada, para estar a la moda o como respuesta a las últimas medidas tomadas para incentivar el uso del transporte privado, he ido a trabajar en bici. Llevo bastante tiempo dándole vueltas pero no me decidía: hoy ha sido mi primer día.
Las motivaciones.
Cada cual tendrá las suyas, pero la anunciada subida de las tarifas del transporte público empieza a ser un buen motivo para plantearse alternativas. Aprovechar el trayecto del trabajo para hacer algo de deporte, tampoco es un mal motivo. En última instancia está la idea de acostumbrarme a moverme por la ciudad de una forma distinta.
El coche es una opción cara y contaminante. Pero el, cada vez más saturado y caro, transporte colectivo (que no tan público como debiera) hace algún tiempo que me resulta bastante hostil. En verano se suma el problema de la climatización ¿de verdad son necesarias esas corrientes de aire frío que dejan seco al más pintado?
Los acostumbrados cierres veraniegos y el consecuente aumento del tiempo de desplazamiento, también son un buen motivo para cambiar de modo de transporte.
Hablando de todo un poco, no entiendo como el cambio de la tarifa actual, no es una noticia de actualidad para una empresa certificada en sistemas de gestión que incluyen requisitos de comunicación con los clientes. Claro que igual el problema está precisamente en ese aspecto ¿qué es la comunicación con el cliente? o, mejor todavía, ¿quienes son los clientes del Metro de Madrid?
Yo me he enterado por la prensa de la inminente subida del precio del metrobus. Lo de hacerlo con agostosía debería ser un agravante que, sumado al resto de causas pendientes, justificaría una huelga general e indefinida, pero como nos pilla de vacaciones...
La bicicleta.
Mi nuevo medio para desplazarme libre por la ciudad se llama ubuntu. Lo primero que hice cuando la compré fue ponerle unas pegatinas, curiosamente, las primeras con el logotipo de este sistema operativo, unas de esas que te envían cuando pides los CDs.
Ya tenía una bicicleta, pero he decidido hacerme con otra. El motivo básico es que la que poseía tiene demasiado valor sentimental como para dejarla "tirada" en la calle durante toda la jornada laboral. Por otro lado, mi anterior bicicleta no es una maravilla, pero podría resultar atractiva para algún amigo de lo ajeno.
Así pues, ayer me acerqué a un centro comercial. Coincidía que tenían una bicicleta al precio más barato que he visto en los últimos meses. Por 75 euros me llevé un "hierro" de 26 pulgadas. Frena bien, los cambios son correctos... le pediría un plato un poco más grande, y unos pedales un poco más sólidos, pero para dejarla atada en cualquier farola (en Madrid el aparca-bicis no se estila mucho) es más que suficiente.
Al precio de 7 euros el billete de diez viajes, necesito alguno menos de 110 trayectos para amortizar esta inversión. Si voy a trabajar a diario en bici esto supone 2 meses y 3 semanas. Por lo que, si la economía lo permite, antes del invierno habré recuperado el valor de mi inversión.
Para ser honesto, a la cuenta anterior tendría que añadir unos euros invertidos en cadenas, una barra y su sillín. El cuadro de la bici ha resultado ser un poco bajo, por lo que esta misma tarde he comprado (en una tienda del barrio) una barra un poco más larga y, ya puesto, un sillín un poco más ergonómico, por la próstata y esas cosas que empiezan a preocupar cuando uno se acerca peligrosamente a los 30.
No descarto seguir personalizando la bicicleta y añadirle algunos accesorios en un futuro más o menos próximo.
La experiencia.
Esta mañana he salido de casa más o menos a la misma hora que otros días, pero con mi casco en la cabeza. En vez de ir a la boca del metro (cerrada por obras) he bajado por la calle Ascao montado en la bicicleta. El destino, la calle Princesa, queda a un poco más de 7 kilómetros según algún callejero disponible en internet. Nada que no hiciese cualquier día de verano durante aquellas vacaciones adolescentes que transcurrían, permanente e inevitablemente, sobre el sillín y dando pedales.
Tenía varias opciones, pero he optado por bajar hasta Marqués de Corbera, buscando el "carril bici" que va por O'Donnell, para disfrutar del lujo de atravesar por el parque del Retiro hasta la puerta de Alcalá. Desde allí a Cibeles, Gran Vía... y la casa del cliente de mi jefe (o el sitio donde curro, que también lo llamo cariñosamente).
No he controlado los tiempos. Al ir he tardado, en la parte común del trayecto, lo mismo que el autobús 28, al que he adelantado en Ascao. Me ha pasado cuando subía buscando O'Donnell, pero le he dado alcance y adelantado en el tramo del Retiro. El caso es que he salido de casa como de costumbre y cuando he llegado a la oficina todavía no estaban algunos de los que suelen fichar antes que yo.
A la vuelta me he cruzado con un colega que llevaba un par de años sin ver. Salía de su curro en la calle Ibiza, y he echado un rato de cháchara.
Aproximadamente, creo que he bajado de los 30 - 40 minutos en metro, a unos 20 - 30 en bici. Si algún día me da por medirlo lo dejaré por aquí, pero he de confesar que no suelo utilizar reloj.
Otra filosofía.
Lo que he aprendido esta mañana es que ir a currar en bici es otra filosofía. Un poco rollo slow down. Normalmente, cuando monto en bicicleta por deporte suelo "darle caña" para machacarme un poco. y descargar la fiera que llevo dentro.
El truco de los desplazamientos urbanos es otro. Disfrutar del trayecto, ir pendiente del tráfico, descubrir detalles de los que el metro te oculta... pararte a charlar si surge. La cosa no va de pegarse la paliza. No dan puntos a la regularidad, ni hay etapas cronometradas. Se trata de otra forma de moverse. La competición es contra el consumo de combustibles fósiles, las emisiones de gases de efecto invernadero, la masificación y despersonalización del transporte colectivo...
Planes futuros.
Después de la experiencia tengo claro que voy a seguir utilizando a ubuntu para ir a currar, así como para otros desplazamientos urbanos.
Tengo que hacerme con alguna mascarilla o filtro... respirar los gases de escape de los autobuses, las motos y los todo terreno no es muy agradable.
Sería una buena idea buscarse un amiguete en la Fundación Movilidad y hacerle la rosca para ver si acelera el necesario carril bici en ejes como la calle Alcalá, Gran Vía - Princesa y, ya puestos, Ascao - Marqués de Corbera y García Noblejas.
Intentaré estar un poco pendiente de lo que se mueve en las organizaciones biciclistas de la ciudad.
Todos blogueros autónomos
Al final lo van a conseguir. Parece que se lo han tomado en serio. Nunca antes la clase en el poder había estimulado tanto al resto de sus coetáneos para conseguir una revolución. Un par de vueltas de tuerca más y esto saltará por los aires. Si es para mejor, bienvenido sea.
Toda la historia luchando por conseguir derechos humanos y ahora resulta que ni libertad de expresión ni conciliación de la vida personal y laboral. De la vivienda digna, mejor no hablamos.
Del trabajo por cuenta ajena
A pesar de lo que te digan, ni siquiera eres un empleado. Hasta que cambiemos el sistema eres un negocio en ti mismo. Cuando antes te des cuenta mejor: es posible que no te estés saliendo rentable. Te lo han dicho de muchas formas, pero es difícil abrir los ojos. ¿Te haces competencia desleal?
Al sistema económico no le importan las personas. Hasta el extremo que deshumaniza a los elegidos para tomar decisiones. Los aparta tanto de la realidad que acaban haciendo tonterías. Y a los demás no nos queda más remedio que reírselas... que para eso les hemos votado ¿hasta cuando vamos a seguir con este juego?
Es para estar descontento. Y muy indignado.
No me parecería mal que ampliasen la jornada laboral a 65 o más horas, siempre y cuando supusiera la internalización de los costes del trabajador por parte del empresario. Para rendir en el curro incurrimos en transporte, alimentación, descanso... ok, me pagas 65 horas a la semana en las que incluimos, cada día: 45 minutos de ir al curro, 45 de volver a casa, una hora de comida, otra media de cena, 6 de descanso y un ratito de desahogo de los marrones laborales y despotrique contra el jefe. Ya puestos, en la nómina me incluyes la cuota de la hipoteca por la solución habitacional que necesitamos para que sea rentable trabajar en tu empresa.
¿Te salen las cuentas? Puedo mantenerme vivo con lo que dejas en el cubo de la basura. Mi familia y mis amigos, a esos a los que renuncio por atender a tus clientes, no lo entenderían. ¡Qué dilema!
Vamos con lo de los blogueros
En cualquier disciplina, parece absurdo exigirle a un aficionado más requisitos que a un profesional. No se qué se exige a un deportista de élite para participar en un torneo de tenis. Pero me parece que para pegar un par de pelotazos contra el frontón de la plaza del pueblo debería bastar con la voluntad de los implicados, que saben a lo que se atienen, asumiendo el riesgo de perder una pelota, de partirse un diente de un raquetazo accidental o de tener que pagar (con lo poco que ganan por hacer otra cosa) la ventana de la vecina que no estaba invitada al partido.
Con la información esto no es así, a pesar de que su veracidad es un derecho reconocido en la constitución. Cualquiera puede trasladar a un medio de comunicación de masas las mentiras financiadas por un grupo de interés. Y cobrar por ello sin que le sea exigible ningún tipo de responsabilidad. Con permiso de sus compañeros de profesión, estos se llaman periodistas. Luego están los políticos, también con permiso de los que no se puedan dar por aludidos, que hacen lo mismo pero directamente: mienten sistemáticamente para mantener su cuota de poder. Se escudan en que hace algún tiempo no había otro sistema para representar voluntad popular.
Parece que para ejercer la afición a escribir y compartir información tendremos que cumplir más requisitos y estar sometidos a más normas que los periodistas y los políticos. ¿Te ganas las lentejas con tu blog? Que sepas que calladito estas igual de feo...
Al final, todos blogueros autónomos:
Total que si quieres dedicarte a algo, lo que sea, tienes que conseguir rentabilizarlo monetariamente, porque entre los costes (no necesariamente monetarios) en los que vas a incurrir y el tiempo que vas a necesitar… es mejor sacar tajada de todo lo que hagas distinto de dormir, comer y relacionarte con tus seres queridos (en los que incluiré todos aquellos, familiares o no, con los que te relaciones sin intercambios monetarios de por medio -por separarlo de la prostitución-).
En resumen:
Como otros muchos, tengo la firme sensación de que estamos en un proceso de cambio. Dejamos atrás un sistema rancio y obsoleto que trata de perpetuarse a sí mismo. No se si será una transición, una revolución o una crisis. Los condicionantes del cambio no me gustan mucho. Lo más perverso del proceso es que vamos a una economía de subsistencia (incluyendo la autosuficiencia energética) y algunos privilegiados que lo saben se dedican a subsistir a costa de los demás. ¡Malditos ladrones!
En fin, muchos temas en uno. Y bien calentitos. Espero que no se os resultase demasiado largo… y que os queden fuerzas para hacer algún comentario.
Ni científico experimental
Hace unas semanas, unos conocidos (difícil eso de clasificar contactos) me pedían el currículo. Buscaban alguien con "tu perfil": "naturalista e informático con ideas e inquietudes", pero resulta que yo estoy atrapado en la forma que actualmente tengo de ganarme la vida y que estos conocidos han seleccionado a otra persona, fácilmente con un perfil más ajustado a la condición de naturalista e informático.
Me gustaría sentirme identificado, sobre todo por lo de las ideas y las inquietudes, pero creo que no doy la talla, ni como naturalista ni como informático. Me encantaría la primera parte, pero profesionalmente la naturaleza y yo no nos hemos encontrado (a pesar de las bromas de algún compañero de facultad asegurando que el Vizcaíno era la joven promesa de la fitosociología y de alguna demostración práctica de injerto de rosales en algún curso a empleados de cierta farmacéutica de cuyo nombre no podría acordarme ¿que tendría aquello que ver con los residuos peligrosos?).
L
o de informático me gusta menos. De informática se que libre es mejor. No me importaría intermediante. Me defiendo como buenamente puedo, me interesan los barrios que descubro en la pantalla del ordenador y dedico algo de tiempo a buscar en la tecnología solución a distintas necesidades.
Si pudiera elegir, preferiría pasar las tardes dando largos paseos, por paisajes otoñales, en buena compañía y conversación.
A falta de poyo en la puerta escribo este blog y en lugar de bajar a la plaza visito la blogosfera, pero de informático nada más.
Siguiendo con los descartes, el fin de semana me he presentado a las oposiciones de la Comunidad de Madrid para Ciencias Experimentales, probando suerte con el grupo a y el grupo b. La primera conclusión, como en cualquiera de los sempiternos intentos de acceder a la función pública: debería haber estudiado más. Pero ocurren cosas demasiado interesantes en el mundo como para detenerse a memorizar planes y programas de difícil digestión.
No tengo muchas esperanzas de pasar el corte del primer examen, pero he de confesar que me he sentido gratamente sorprendido. Es una de las pocas veces en las que saber leer era más importante que memorizar absurdos datos anecdóticos. Sobre todo en el test del sábado, el del "Cuerpo de Técnicos Superiores Especialistas, Especialidad de Ciencias Experimentales, de Administración Especial, Grupo A", que así dicho suena muy grave. Cualquiera que consiga superar un proceso selectivo donde el primer ejercicio sea como ese, debe sentirse orgulloso. Cosas de la modernización administrativa, todavía no está en la web, ni tenemos plantilla correctora... ¿la sacarán antes que los resultados de la prueba o liarán las de siempre?
Un bloguero que se precie echa en falta algunas preguntas y, como no podía ser de otra manera, el examen peca de incluir cuestiones con respuestas, siempre interpretables, procedentes de rancios manuales cada vez más alejados de la realidad. A pesar de estos detalles, aprendí que cada examen es un mundo. Es preferible confiar más la capacidad de respuesta de uno mismo que ser esclavo de los trucos estadísticos y de las estrategias ensayadas. No se si habrá próxima vez, pero eso que me llevo puesto.
La otra constatación es que estoy perdiendo facultades. Muchas caras conocidas pero cada vez menos recuerdos. Antes tenía a todo el mundo fichado: a ese le tengo que saludar que es cliente, a esa otra le tengo que contar un par de chistes que todavía no nos ha comprado nada, a aquel no le saludo que luego cuando nos reunimos con su jefe se pone nervioso, allí el compañero de la amiga del amigo, aquellos de la facultad y esos otros... Este sábado y domingo una lentitud de reflejos que me he asustado: buena cháchara con algún habitual de estos saraos, el placer de encontrase con alguien que me debe unos apuntes de no recuerdo que asignatura, antiguos compañeros... pero mucho cruzarse de pasada sin tiempo para ponerse al día, poses incómodas y unas cuantas miradas interrogatorias sin respuestas ¿nos conocemos de algo?
Todo lo contrario a cuando uno baja por las escaleras de un lugar en el que nunca ha estado y se encuentra un grupo de personas con las que nunca ha hablado pero le saludan como viejos conocidos... El mundo está cambiando muy deprisa y no nos damos cuenta. O acaso resulta que algunas cosas hay que hacerlas como siempre, que por eso se hacen así.
¿qué quieres ser de mayor?
El vídeo no es nuevo, pero lo acabo de conocer y no quería irme de vacaciones sin compartirlo. Por cierto, no he blogueado con mucha intensidad, pero puede que de aquí a finales de abril el ritmo sea mucho más relajado, un reto pendiente me va a tener bastante ocupado. Después... ya veremos.
EDITADO: desisto de poner el vídeo en el blog (seguro que es muy fácil pero me lo descoloca todo y no me apetece ponerme a cacharrear), se puede ver siguiendo este enlace
EDITADO OTRA VEZ: parece que ahora sí.

