eventodays en dos fotos. Y una cita.


"Estos actos oportunistas conllevan una pérdida de calidad democrática y podrían generalizarse con la extensión del registro de datos recogidos sobre todos nosotros gracias a las telecomunicaciones, la videovigilancia y tecnologías como la RFID."
"La monitorización de personas en tiempo real es sin duda la aplicación más llamativa de la tecnología RFID. Saber cuándo se mueven y cuándo se detienen, dónde entran, cuánto tiempo permanecen allí y si portan algo que antes no portaban. Las aplicaciones de estas tecnologías a las técnicas de venta son el sueño de todo vendedor"
La cita previa como excusa.
Se me ocurre una interesante cantidad de situaciones en las que no puedes acceder al servicio de cita previa para DNI y pasaporte. O en las que este sistema no puede satisfacer una necesidad particular en relación a la obtención de estos documentos. Esta mañana he dedicado cuatro horas de espera a reflexionar sobre el tema con las cerca de 20 personas que nos encontrábamos en la misma situación en la comisaría del distrito.
Parece mentira cómo la "digitalización" de la Administración Pública sin la pertinente "modernización" puede acabar con la esencia del servicio público: la garantía de los derechos individuales. A pesar de estar implicado en alguna medida, hasta que no lo sufres en tus propias carnes, y desde distintos puntos de vista, no eres consciente de la problemática de ofrecer una amable cara electrónica detrás de la que se oculta un obsoleto sistema analógico. De nada sirven los contestadores automáticos o servidores vocales, los gestores de turnos o los portales institucionales si la realidad física de la gestión no es acorde con las posibilidades de la tecnología. Porque no se trata de lo que puedan hacer las máquinas, la cosa va de lo que hacemos las personas.
Y no es una cuestión de funcionarios contra el resto del mundo: es una cuestión de organización del trabajo. ¿Se ajusta al objetivo para el que sirve? Si te pagan para calentar la silla no tienes incentivos para hacer pasaportes. ¿Vienes sin cita? Sabes a lo que te atienes y estas dispuesto a esperar toda la mañana, pero cuando ves cómo funciona el asunto se te cae el alma a los pies. Si se tarda 10 minutos en hacer un pasaporte, son las 11:50 y el próximo usuario con cita es de las 12:15 el currante tiene dos opciones, por las que va a cobrar lo mismo:
- Atender a dos personas de las que vinieron sin cita porque les dijeron que si estaban allí desde las 8 de la mañana conseguirían su pasaporte.
- Hacer valer la prioridad del que viene con cita previa y seguir dejando que la cola de gente sin cita siga aumentando.
Otra persona, con uniforme, se encarga de desincentivar la acumulación de gente a la espera de obtener un turno sin cita previa. Los tiene en la calle, sin dejar que entren a la comisaría, no sea que llegue la hora de cerrar y se amotinen dentro. Me siento utilizado, el trabajo de formar parte de la cola disuasoria debería ser remunerado:
- ¿Vienen sin cita? mire, esos llevan esperando desde las ocho de la mañana y posiblemente no les atiendan hoy, si quieren esperar...
Lo dejo aquí, otro día hablaré de las situaciones que te pueden llevar a descubrir que la cita previa no responde a todas las necesidades de obtención del pasaporte, o a hacer propuestas sobre cómo resolver ciertas ineficiencias en sistema. Esta entrada simplemente pretendía ser un desahogo a la frustración que supone saber que a partir de ahora viajaré con un chip RFID en el bolsillo.
Reutilizar componentes informáticos para ser libres.
La sugerente entrada de Julen me ha llevado a la inquietante lectura de "La sociedad de control" de José F. Alcántara. El documento tiene mucha tela que cortar, hoy quería centrarme en el asunto de los residuos de aparatos eléctricos y electrónicos.
El autor habla, entre otras muchas cuestiones, del problema que puede suponer para las libertades individuales, especialmente para la privacidad, de distintos sistemas de control que, poco a poco, van incorporándose en nuestra vida cotidiana.
Me ha llamado la atención el asunto de la restricción digital de derechos a nivel de hardware destinados a impedir la ejecución de software o reproducción de contenidos que no tengan el visto bueno del fabricante:
"Aunque no es probable que se vaya a adoptar una medida tan impopular a corto plazo, no hay que olvidar que el sistema ha sido diseñado para que exista dicha opción y su sola existencia debería suscitar nuestro rechazo. Si necesitas un motivo importante para no comprar estos dispositivos, éste debería ser suficiente."
En este punto, el autor habla del movimiento de "hardware libre" que enfrentaría al oligopolio de los fabricantes de componentes electrónicos (con incentivos para incorporar estos dispositivos de control), paralelo al de "software libre" contrapuesto a los oligopolios en los programas informáticos, estableciendo los pertinentes peros:
"El desarrollo de software requiere bastante conocimiento de programación, pero los requisitos económicos para comenzar a programar son muy pequeños: una computadora no supone ahora mismo una barrera excluyente si lo que queremos es desarrollar software. El desarrollo de hardware, sin embargo, requiere alta tecnología, cuyo precio es muy elevado."
En este punto cabe hacer una pequeña reflexión sobre nuestro modelo de consumo de tecnología.
¿Qué recursos necesitamos para acceder y crear contenidos digitales? ¿Hasta qué punto las actualizaciones de nuestros equipos electrónicos se deben a obsolescencias planificadas? ¿Podríamos seguir leyendo y escribiendo blogs y wikis en el último ordenador del que nos desprendimos con un simple cambio de sistema operativo? ¿Qué requisitos son necesarios para disponer de un entorno ofimático completo?
Volviendo al título de la entrada, me pregunto ¿cómo estamos reciclando nuestros componentes electrónicos? ¿sería interesante cambiar el modelo?
Es evidente que a la industria le interesa que nos desprendamos de nuestros viejos ordenadores, los servicios de recogida los lleven a sitios donde los trituran (¿creando escasez de piezas de recambio?) y que de la pasta resultante se saquen materias primas para alimentar de nuevo la fabricación de equipos.
¿Es esto ecológico en términos globales? ¿es la forma de gestión de este tipo de residuos que maximiza el beneficio social?
Existen otros modelos, como el del sector de la automoción, que ha impuesto un mecanismo basado en la descontaminación (mediante la retirada de los fluidos) y posterior desensamblado y clasificación de componentes. Los tradicionales desguaces donde se apilaban coches viejos han pasado a ser, donde la normativa se aplica correctamente, limpios y ordenados almacenes de piezas de recambio. De chatarra a los vehículos al final de su vida útil.
¿Podemos hacer lo mismo con los electrodomésticos? ¿Podríamos hacer rentable un mercado de componentes de segunda mano? ¿necesitamos un garaje para poner el proyecto en marcha?
¿Me cambia la fuente de alimentación? Sí, se que, monetariamente, es más barato comprar un portátil nuevo que llevar el viejo a que le cambien la pantalla. Tal vez si pudiésemos encontrar pantallas de repuesto y cambiarlas nosotros mismos ¿no lo intentaríamos? ¿Y si con eso evitásemos (o al menos aplazásemos) la imposición por parte del fabricante de sistemas de control tales como sistemas de restricción digital de derechos a nivel de hardware o la incorporación de chips RFID en nuestras neveras?
Tal vez el camino del hardware libre esté en asegurar la vida útil de los equipos existentes y establecer protocolos de reutilización de los antiguos. O tal vez no.