productor de sostenibilidad pintarlo de verde (o azul) únicamente cambiaría el color

18may/121

¿Quién se responsabiliza de mis residuos?

Esta podría ser la respuesta larga a la entrada en el blog de ASEGRE titulada "La irresponsabilidad medioambiental de España", que culpa, como no podría ser de otra manera, a los "poderes públicos" de la deficiente gestión de residuos en nuestro país. También podría ser la continuación de "Ecoembes caca", pero estaría metiendo en el mismo saco a dos organizaciones que, efectivamente, no son comparables. Quizá podría ser una carta abierta sobre la materia, pero requeriría un poco más de elaboración. Así pues, se queda como queja amarga y pregunta al aire de un ciudadano cansado de que le tomen el pelo las empresas privadas y los poderes públicos.

Puedo estar de acuerdo con la necesidad de destinar, por parte de la Administración, más recursos a la inspección y cumplimento de la legislación en la materia. Lo que no quita que me resulte infantil ver al representante de una organización, que agrupa a las empresas cuya razón social es recuperar el valor contenido en los residuos, acusando de irresponsables a todos de puertas para fuera y no haga un poco de autocrítica. Si los gestores de residuos son tan responsables ¿por qué sigue llegando mi chatarra electrónica a Ghana?

Puedo asegurar que jamás he ido allí, y menos a dejar un ordenador viejo. Si las empresas que se dedican a la gestión de residuos viven del dinero que obtienen de gestionarlos ¿cómo es posible el tránsito que tiene el punto limpio de mi barrio después de la hora de cierre de la instalación? Me parece curioso que una materia prima tan valiosa se deje a su suerte, permitiendo su expolio impune. ¿No será que las empresas que explotan los puntos limpios viven de algo distinto que de hacer llegar los ordenadores obsoletos al siguiente eslabón de la cadena de reciclaje?

Basta mirar el diario o boletín oficial de turno (cuando existe el concurso público) y hacer números: la gestión de residuos de los particulares no es un negocio. El negocio es conseguir los contratos con la Administración que adjudica los servicios de recogida o tratamiento. El resultado de esa recogida o tratamiento no le interesa a nadie. Al menos a nadie que gestione una empresa de residuos: ha pasado una década y en lugar de adaptar el modelo de negocio a la realidad seguimos culpando al ciudadano particular de no saber separar. O a la Administración. El caso es que nadie cuestiona las campañas de responsabilidad social de esas corporaciones que tienen adjudicada la recogida de residuos. Claro, será porque, con su esmerada y eficiente gestión, favorecen que los contenedores se vacíen de manera informal, permitiendo que gente sin acceso a una precaria nómina en alguna de las empresas del grupo pueda subsistir sacando cartones del contenedor o revendiendo los metales de frigoríficos reventados a pedradas en el descampado junto al punto limpio. Me imagino que el indigente o el parado que completa el subsidio arañando cobre de televisores, jubilados por la obsolescencia programada, tampoco llevan a Ghana toneladas de equipos informáticos.

La legislación está sobre la mesa. Los grupos de presión empresariales participan en su elaboración e influyen decisivamente en su articulado final. Igual que los políticos que aspiran a jubilarse en puestos directivos o consultivos de esas mismas empresas y otras cercanas. Así, en lugar de contribuir a la simplificación y optimización del entramado legal, colaboramos en mantener el río revuelto... Los pescadores ganan en una surtida casuística de requisitos autonómicos, variaciones locales e interpretaciones perniciosas: salvo honrosas excepciones, el contrato con un gestor de residuos está lleno de clausulas cuyo único objetivo es llenar la hucha de una parte gracias a la ignorancia de la otra. Hasta el punto que al industrial le sale más rentable asumir el riesgo de incumplir la normativa, que entregarse a los brazos de un pirata que actúa con la patente de corso, obtenida en una ventanilla de registro.

En cualquier caso, las empresas de gestión de residuos están obligadas a conocer y cumplir las normas. Pero, el negocio manda, y parece más rentable llevar la basura a Ghana o enterrarla en cualquier parte algo más cerca que recuperar esos recursos que, supuestamente, justifican las tasas e impuestos que asumimos todos los consumidores y ciudadanos para seguir manteniendo el circo.

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La foto es de un servidor, con los pertinentes arreglos de Carlos Cortés.

16may/110

Gomorra, la peli, esta noche en La 2.

Esta noche el espacio "El cine de La 2" emite, a partir de las 22:00 horas, la película Gomorra, basada en la novela de Roberto Saviano. Una proyección más que recomendable. Sí, dije que no la vería, pero las recomendaciones sembraron la inquietud, que acabó floreciendo y dando sus frutos. Por cierto, no defraudó. Si el libro es un tratado sobre los incentivos perversos y externalidades en la economía real, la película profundiza en cómo todo eso afecta a la vida de las personas. Personas normales y corrientes que se las ven con "El Sistema".

No puedo decir que me gustase más que el libro, que considero una lectura imprescindible, pero sí que mereció la pena. Especialmente porque el reclamo del libro, los platos sucios sobre la gestión de residuos, tienen más protagonismo en el filme. Y este es uno de los valores de Gomorra y de Saviano. Sacan a la luz las miserias de nuestro sistema de consumo: entender las noticias sobre la basura de Nápoles es más fácil después de Gomorra. ¿Cómo acabaron esos residuos peligrosos en el fondo del mar, matarile, rile, rón?

Gomorra, el libro y la peli, son, sobre todo, un toque de atención, una llamada a tener los ojos bien abiertos. Porque la decisión está en nuestra mano. Sí, no es fácil decirle al jefe que no quieres seguir sus pasos, pero ¿qué precio tiene seguir siendo su ćomplice? Calabria parece estar muy lejos, a pesar del incansable esfuerzo promocional para venderse como destino turístico. No hace falta irse allí para encontrar ejemplos de canteras utilizadas, sin licencia, como "depósitos", de residuos hospitalarios que se guardan debajo de la alfombra, o, de regalo, unos quilitos de plutonio sin inventariar.

No se si está claro, pero pretendo animar al personal a ver Gomorra, ya me contaréis si mereció la pena.

Por cierto, podéis conocer un poco más al héroe, sin pelos en la lengua, al que le debemos la novela que inspira la peli en esta entrevista (del minuto 5 al 11).

"Sistema, un término que aquí todo el mundo conoce pero que en otros sitios todavía no ha sido descifrado, una referencia desconocida para quien no está al corriente de las dinámicas del poder de la economía criminal. Camorra es una palabra inexistente, de policía. Utilizada por jueces y periodistas, y por guionistas. Es una palabra que hace sonreír a los afiliados, es una designación genérica, un término de estudiosos, relegado a la dimensión histórica. El término con el que se refieren a sí mismos los pertenecientes a un clan es Sistema: «Pertenezco al Sistema de Secondigliano». Un término elocuente, un mecanismo más que una estructura. La organización criminal coincide directamente con la economía, la dialéctica comercial es la osamenta del clan."

3oct/072

Adiós al mercurio en los termómetros.

Hoy se publica en el Diario Oficial de la Unión Europea la Directiva 2007/51/CE del Parlamento Europeo y del Consejo de 25 de septiembre de 2007.

Es una nueva modificación de la Directiva 76/769/CEE del Consejo, de 27 de julio de 1976, relativa a la aproximación de las disposiciones legales, reglamentarias y administrativas de los Estados miembros que limitan la comercialización y el uso de determinadas sustancias y preparados peligrosos. Plantea la introducción de restricciones a la comercialización de dispositivos de medición destinados a la venta al público en general que contienen mercurio para evitar la entrada de esta sustancia en el flujo de residuos. Esta limitación contribuiría a reducir el impacto del mercurio (Nº CAS 7439-97-6) en el medio ambiente y la salud humana.

El mercurio no podrá comercializarse en termómetros médicos para la fiebre ni en otros dispositivos de medición destinados a la venta al público en general (manómetros, barómetros, esfigmomanómetros y termómetros no médicos). Se contemplan excepciones para antigüedades o bienes culturales, así como para barómetros.

Los Estados miembros deberán adoptar y publicar las disposiciones legales, reglamentarias y administrativas necesarias para dar cumplimiento a lo establecido en la Directiva 2007/51/CE a más tardar el 3 de octubre de 2008 y aplicarán dichas disposiciones a partir del 3 de abril de 2009.