productor de sostenibilidad pintarlo de verde (o azul) únicamente cambiaría el color

11abr/110

Documental: devolución y retorno de envases.

Hoy os propongo un vídeo corto, no llega a 10 minutos, que explica las ventajas del sistema de gestión de residuos de envases basado en el depósito, devolución y retorno. Es una alternativa al sistema actual basado en el "contenedor amarillo", que permitiría conseguir mejores tasas de reciclaje con un menor coste para los ciudadanos. Porque es sabido que, en materia de residuos, es importante recoger mejor para reciclar más.


Visto en la Comunidad ISM.

2feb/116

Menos propaganda y más contenedores amarillos.

Que no estoy muy conforme con la gestión de residuos es un secreto a voces. Ante el insultante bombardeo de publicidad institucional sobre la recogida selectiva al que estamos sometidos últimamente, traigo dos imágenes que hablan por sí mimas.

Los datos teóricos, los manuales técnicos y la práctica diaria demuestran que el volumen de residuos de envases que se generan en un domicilio urbano medio es mucho mayor que el ocupado por los residuos de la considerada "fracción resto". Incluso los vendedores de cubos de basura se han dado cuenta: el compartimento destinado a envases es entre dos tercios y tres cuartos del volumen total del cubo.

Cuando sales a la calle te encuentras que la proporción de contenedores está invertida respecto al volumen de residuos que deberían recoger: por cada contenedor destinado a envases hay tres para la fracción resto.

¿Por qué se empeñan en decirnos que no queremos participar en la recogida selectiva? ¿Por qué Ecoembes invierte tanto dinero en bombardearnos con publicidad a través de todos los canales de comunicación disponibles?

Tal vez es cómodo culpar al ciudadano de las deficiencias del sistema de gestión de residuos. Pero si en la primera fase, en la prerecogida, fallamos, difícilmente vamos a conseguir buenos resultados. La realidad es que tenemos: para mejorar las tasas de participación en la recogida selectiva necesitamos más contenedores y menos propaganda.

27feb/100

Recoger mejor para incinerar menos.

Bolsas de basuraNo todo son sombras en la gestión de residuos urbanos. Silvia escribía hace unos días sobre un ejemplo digno de estudio. Se trata de una serie de municipios que han instaurado un sistema de recogida selectiva puerta a puerta. El objetivo de la iniciativa parece ser cuestionar la necesidad de instalar una incineradora en la zona. Y los datos son demoledores:

“El 82% de los residuos son recogidos selectivamente mediante este sistema; el grado de pureza de las fracciones recogidas es muy alto habiendo solo un 1%-2% de impropios para la orgánica y un 5%-10% para los envases ligeros. Por otro lado, el 77% de los ciudadanos se ha adaptado bien a la recogida "puerta a puerta". Tan sólo el 12% manifiesta problemas mientras que el 68% de la población apoya este sistema de recogida.”

Entre otros, los quebraderos de cabeza de los agentes implicados en la gestión de residuos, en particular en los procesos de recogida y tratamiento, están en justificar la escasa participación ciudadana y mejorar las tasas de reciclaje al final del proceso. Y aquí este sistema también parece dar buenos resultados:

“Tras el éxito del puerta a puerta, cada vez más vecinos de la zona se preguntan la necesidad de una incineradora, ya que si se están alcanzando tasas de reciclaje del 82% (frente al 28% que logra la media del resto de localidades), la incineración no parece la solución más acertada.”

Lo más interesante de este caso es la forma de afrontar el dilema complejo de qué hacer con los residuos. A pesar de lo previsto en los convenios internacionales, con su correspondiente reflejo en la normativa nacional, las posibilidades de participación ciudadana y de planteamiento de alternativas distintas a las fomentadas desde el poder político son bastante limitadas. Incluso se suelen llevar al conflicto, tipificando como “efecto NYMBY”, no el rechazo a las consecuencias de una solución inevitable, si no cualquier alternativa posible a decisiones que no siempre maximizan el beneficio global.

A ver si cunde el ejemplo y los responsables políticos que se oponen a la instalación del almacenamiento temporal centralizado se animan a fomentar la autosuficiencia energética de los vecinos que habitan en los territorios que gobiernan. Lo mismo descubríamos que es posible reducir la necesidad de centrales nucleares, la producción de residuos radiactivos de alta actividad y aligerar la carga económica que su pone calentar e iluminar los hogares de los votantes.

7abr/092

Que no queremos reciclar, dicen

Según un titular de prensa “Los españoles no saben o no quieren reciclar”, lo que se me antoja una conclusión muy peregrina a la vista del dato:

“El 60% de los residuos sólidos urbanos que generó España en 2007 acabó en un vertedero”.

La gestión de residuos es un asunto tan complejo como apasionante, por eso interpretar los datos requiere poner un poco de atención.

Lo primero que podríamos cuestionar es, precisamente, los datos. ¿De dónde salen? ¿Cómo se calculan? Es relativamente sencillo encontrar cifras distintas para el mismo dato publicado por distintas fuentes. Un estudio bibliográfico nos permitiría ver la evolución de la tasa de generación de residuos, no sólo a lo largo del tiempo, también para un mismo año y territorio en diversas publicaciones. A partir de aquí cualquier afirmación sobre los datos hay que cogerla con pinzas. Vamos a lo que publica la prensa:

“A estos datos, publicados a principios de marzo por la oficina estadística de la UE (Eurostat), hay que añadir los del Plan Nacional Integrado de Residuos del Ministerio de Medio Ambiente, donde se advierte de que apenas el 14% de los residuos urbanos se arroja al contenedor apropiado.
El 86% restante se traslada, en teoría, a plantas clasificadoras, lo que demuestra que la separación en origen no funciona, pese a que los ciudadanos están concienciados con el reciclaje. O eso afirman. Según una encuesta efectuada en 2008 por la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), el 95,5% de los españoles separa los residuos en su casa.”

En teoría, el 100% de los residuos depositados en un contenedor tiene que recibir algún tipo de tratamiento antes de llegar a vertedero. Esta separación 14 / 86 encierra alguna verdad a medias: el lugar al que lleven los camiones de recogida nuestra basura no dice nada de cómo la hemos depositado. Sin saber más sobre los datos, para manejarlos con propiedad hablaríamos, bien de un 14% de residuos que no entran en el sistema de recogida selectiva (no se depositan en contenedores), bien de que sólo el 86% de los residuos generados recibe tratamiento. En cualquier caso, concluir que la separación en origen no funciona, resulta algo precipitado.

Efectivamente, en un sistema basado en la recogida selectiva de residuos, un paso crítico pudiera ser depositar los residuos en los contenedores adecuados. Y si se detecta que esto no ocurre tenemos dos opciones, culpar a los ciudadanos o hacernos preguntas. Yo me planteo seriamente ¿por qué si el volumen que ocupan los envases en mi domicilio es más de la mitad del total de los residuos generados, cuando salgo a la calle encuentro un contenedor amarillo por cada tres de fracción "resto"?

“Y ni siquiera todo lo que se arroja en España a dichos contenedores es apto para el reciclaje: en los contenedores amarillos se tira un 25% de impropios (es decir, basura que debería ir por otro cauce), según la industria.”

Impropios… bonito palabro ¿qué es impropio? Básicamente, si tienes una botella de plástico y una rueda de un triciclo del mismo material, en el contenedor amarillo la rueda del triciclo será considerada impropio. ¿Por qué? Es una buena pregunta si nos planteamos que el reciclaje, técnicamente hablando, se fundamenta en las propiedades físico químicas de los materiales. La respuesta la encontramos en el aspecto monetario del asunto. El fabricante de la botella de plástico pagó un canon porque lo suyo era un envase, mientras que el de la rueda del triciclo no pagó ese canon. Y claro parece que los representantes de los fabricantes de envases no quieren reconocer como propios los residuos de otros.

De todos modos, ¿por qué las estadísticas publicadas en la prensa consideran impropios distintos residuos de productos del mismo material depositadas en el mismo contenedor? La economía funciona a base de incentivos perversos, que afloran especialmente cuando la gestión de servicios públicos en infraestructuras construidas sobre la base del interés general se dejan en manos privadas. Pero esto también merece otro capítulo más detallado.

“En todo caso, y ante la duda, es preferible acudir a los puntos limpios que los ayuntamientos tienen habilitados para recuperar los residuos menos habituales, como baterías, fluorescentes, medicamentos, textil, madera, etcétera. O tirarlo al contenedor gris ya que, en principio, su contenido pasará por una planta clasificadora.”

Antes de comentar este punto conviene aclarar que los fabricantes de envases tienen un peso específico muy importante en la toma de decisiones en materia de residuos, especialmente en lo que al contenedor amarillo se refiere.

Siempre en teoría, los contenedores amarillos van a plantas destinadas a recuperar materiales como plásticos, metales… mientras que el otro contenedor, “el gris”, va a plantas destinadas a recuperar materia orgánica. Si tiras cualquier cosa en el contenedor gris puedes estar contaminando irreversiblemente el abono que se obtendría de la gestión, ecológicamente más adecuada, de la fracción orgánica de tus residuos. Pero eso a la prensa parece no importarle mucho: seguramente será motivo de bonitos y jugosos titulares en unos años.

“En las empresas que gestionan los residuos y en el Ministerio de Medio Ambiente se agarran a la evolución positiva de los datos para afirmar que las cosas se hacen bien si se tiene en cuenta que España se sumó al tren del reciclado bastante tarde, en 1997. Sin embargo, organizaciones ecologistas ven la realidad de otra manera. Desde Ecologistas en Acción se apunta a las Administraciones regionales y locales como responsables de los fallos del sistema y diferencian aquellas que sí presentan políticas proactivas para la gestión de residuos”.

Dime lo que valoras y te diré lo que mido. Supongo que los agentes privados que gestionan los residuos pueden justificar su trabajo de cara a Administración, pero ¿podemos encontrar datos trazables que nos indiquen cómo estamos en relación a los objetivos marcados por la Unión Europea en materia de residuos? Me parece curioso lo fácil que es encontrar los planes de gestión de las distintas Administraciones con sus ambiciosos objetivos y sus atractivas dotaciones presupuestarias pero ¿dónde están los resultados y su análisis objetivo?

Volviendo atrás en el artículo leemos:

“La OCU asegura que sabemos dónde tirar un envase de vidrio, de papel o de plástico, pero cuando el residuo es otro, parece no estar tan claro: ¿dónde arrojamos un aerosol, una pila, un vaso roto o una bombilla fundida? El problema al que se enfrenta el ciudadano a la hora de separar su basura es el desconocimiento.”

Por triste que parezca, no es que el ciudadano no sepa separar su basura: es que en muchos casos no existe la posibilidad real de hacerlo.

Supongo que los que depositamos la basura cuando los contenedores están vacíos podemos elegir dónde colocar nuestras bolsas, pero ¿qué ocurre cuando uno acude a dejar sus residuos y el contenedor amarillo está lleno?

¿Han probado a llevar algo “raro” a un punto limpio? En algunos intentar depositar un CD o una cinta de cassette es todo un drama. De las radiografías o del delicado asunto de los medicamentos caducados, mejor no hablamos.

Por otro lado, la práctica evidencia que no la separación domiciliaria no es imprescindible para el reciclado de los residuos. Países de nuestro entorno económico se han planteado en diversos momentos de su experiencia en gestión de residuos abandonar los sistemas de recogida selectiva, precisamente, por el coste que implica para los ciudadanos. Un coste que puede ser asumido tanto por los fabricantes de productos que con el uso se convierten en residuos (justo como se establece en la normativa vigente), como mediante el uso adecuado de los recursos disponibles en las administraciones públicas competentes en la gestión de residuos. Esto sería tema de una serie completa que iremos desarrollando.

Después de toda esta parrafada, me vas a permitir unas conclusiones, si has llegado hasta aquí lo mismo las estas buscando:

  • En general no podemos presumir de disponer de buenos datos en lo que a nuestra gestión de residuos se refiere. La trazabilidad de lo que se publica en diversos informes, incluyendo los “oficiales” es más que cuestionable. Y lo que de aquí salta a la prensa merece una aclaración del estilo “cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia”.
  • Hay muchas formas de interpretar los mismos datos. A la prensa suelen llegar las interpretaciones de los anunciantes y los amigos de los anunciantes, cuyo punto de vista no tiene por qué coincidir con el interés general o con la realidad del común de los ciudadanos.
  • Resulta muy significativo que en un artículo de prensa se hable del “contenedor gris” cuando existe un buen número de poblaciones que no tienen ningún contenedor de este color. ¿Se ha preguntado el periodista que publica la noticia cuantos tienen, si quiera, un sistema de recogida selectiva implantado?
  • Que el 60% de los residuos generados en España acabe en un vertedero no es culpa de los españoles, de su voluntad o de su nivel de formación en materia de residuos.
18dic/080

De madrileños, políticos y residuos

Después de leer noticias contradictorias me surge la duda ¿reciclan bien los madrileños?

Según la responsable municipal, parece que no reciclamos mucho:

"Preguntada por la conciencia medioambiental de los madrileños, Botella afirmó que "no reciclan mucho", aunque matizó que lo de reciclar y separar es un tema "relativamente reciente", por lo que es "difícil" cambiar la mentalidad de los ciudadanos, especialmente la de los de más edad. Asimismo, defendió la medidas "coercitivas" para conseguir concienciar a la población y lo comparó con las multas de tráfico, "que antes no existían y que han conseguido cambiar los usos y las costumbres"."

En la Administración autonómica, la opinión parece distinta:

"El Ejecutivo regional trabaja para complementar inversiones en infraestructuras y servicios con labores de promoción y sensibilización de los agentes sociales. Esto permite aumentar año tras año las cifras de recuperación y reciclaje, que en la actualidad alcanza el 80% de los ciudadanos madrileños separando para su reciclaje alguno de los residuos que genera. Este dato sitúa a la Comunidad de Madrid a la cabeza frente al resto de las regiones españolas."

Desde la distancia que vivir una realidad más cercana a los alumnos de un colegio del distrito galardonados en el concurso regional “Nosotros Reciclamos”, que a los discursos matizados, me planteo tres reflexiones sobre lo mucho o lo poco que separamos los madrileños nuestros residuos para que sean reciclados:

- Realidad estadística:

Para hacer afirmaciones tales como "no reciclan mucho" habría que ir a los datos. La estadística es esa herramienta para elaborar mentiras que nos ayuden a justificar cualquier cosa. Una mentira repetida hasta la saciedad es la tasa de generación de residuos. Según la fuente y el año encontraremos que los madrileños generan entre 1'5 y 2 kilogramos de basura por habitante y día. ¿Se les ha ocurrido pesar las bolsas que sacan cada mañana a los contenedores? Prueben y me cuentan.

Resulta que ni sumando el despiece de los vehículos que utilicen a lo largo de su vida y la parte proporcional de la deconstrucción de los edificios que habiten conseguirán acercarse a ese dato. 1'7 kilos habitante y día es el peso de todos los residuos que se generan en una ciudad divididos entre la población que la habita. Esta cifra oculta que dos tercios de ese peso se generan por actividades económicas.

Suponiendo que pudiésemos analizar separadamente el tercio producido por los ciudadanos en sus hogares, podríamos empezar a hablar de si las personas participan o no adecuadamente en la recogida selectiva domiciliaria.

Si en Madrid no se recicla mucho, podemos echarles la culpa a los ciudadanos, freírlos a impuestos y amenazarlos con medidas coercitivas o podemos buscar las causas del problema. Lo primero es más fácil. Lo segundo implicaría estudiar si los residuos que se generan en actividades económicas pueden asimilarse, por cantidad y origen, a los domésticos y si requieren de medidas especiales que eviten su depósito basado en el criterio del contenedor más próximo.

- Dotación de contenedores:

Uno de los elementos clave a la hora de participar en la recogida selectiva, en la que se fundamenta nuestro sistema de reciclaje, es la dotación de distintos contenedores para diferentes tipos de residuos. Sin entrar en el detalle de la distribución de contenedores y fracciones de residuos, que dará para otras entradas, vamos al bulto.

Podríamos consultar los manuales, pero, sin necesidad de acudir a la aburrida literatura, cualquiera comprobará fácilmente que la cantidad de envases, en volumen, es similar o superior a la fracción orgánica de los residuos generados en un domicilio. Al menos en los hogares de mi entorno socioeconómico, la "bolsa de envases" ocupa lo mismo o más que el resto de la basura que se genera. ¿Por qué cuando salgo a la calle hay un contenedor amarillo por cada tres contenedores "de resto"?

Nótese que no estoy hablando de vidrio, papel y cartón, ni otros residuos tales como electrodomésticos, ropa usada... Sólo en lo más básico (lo que lleva funcionando desde las "relativamente recientes" fechas de finales del siglo pasado) la dotación de contenedores no se corresponde con la realidad de la producción de residuos, a pesar de ser una cuestión evidente y que no requiere de un estudio de detalle para ser constatada. ¿Qué criterio utiliza el Ayuntamiento para distribuir los contenedores destinados a la pre-recogida residuos?

- Prioridades de gestión:

Tema espinoso. Llegando a esta altura de la película uno se plantea ¿cual es el criterio que se sigue en la gestión de residuos?

Mientras que las instalaciones de gestión de residuos, construidas en base al interés general y financiadas con dinero público, están diseñadas para separar el flujo de residuos que reciben por tipo de materiales en función de sus propiedades físicas, las instituciones se empeñan en desinformarnos sobre lo que se debe destinar a este tipo de planta, explotada por organizaciones privadas. ¿Qué peso específico tiene el lobby de los productores de envases en la toma de decisiones en materia de gestión de residuos? ¿Qué importancia se da a los criterios técnicos, ecológicos o de maximización del beneficio global e interés general?

La cuestión no es nada inocente. Desde la Unión Europea la nueva directiva marco establece la recogida selectiva por tipo de materiales, con consideraciones específicas para la fracción orgánica, mientras que la autoridad local se empeña en priorizar sobre la fracción de envases ligeros. El esfuerzo invertido en deformar mentes es loable, pero no se hasta que punto es eficiente destinar nuestros recursos limitados a pagar a famosos personajes del fúlbol y de la música para que nos digan que si el envase lleva no se qué distintivo va a tal contenedor y si no te lo comes con patatas. Tal vez una política lógica y racional ayudará a los ciudadanos a mejorar sus tasas de separación y favorecería un mayor reciclaje. La cuestión es que entonces no tendría sentido la vía "coercitiva".

NOTA: Soy consciente de que esta entrada ganaría mucho con más enlaces, pero si abundase la información adecuada para analizar la realidad de la gestión de residuos, en vez de escribir esta queja amarga, estaría dando palmaditas y tirando flores a los responsables de la gestión de residuos, ustedes me perdonen.