¿Quién debería pagar por las emisiones del diésel?
La superación de los niveles saludables de contaminantes atmosféricos en el aire de las grandes ciudades es uno de los retos, tanto desde el punto de vista ambiental, como por su repercusión en la salud pública. Recientemente se ha vuelto a abrir el debate de penalizar el tráfico diésel y los vehículos más viejos por la vía impositiva. Se recupera, en esta etapa de profunda crisis económica, una medida impopular que lleva años encima de la mesa, pero que nadie quiso poner en marcha en época de vacas gordas. Con independencia de la necesidad recaudatoria, cabía preguntarnos si aumentar el coste al usuario final conseguirá reducir las emisiones atmosféricas, o si la mejor alternativa, desde el punto de vista medio ambiental, es rejuvenecer el parque móvil.
La mayor parte de los conductores no ganan dinero quemando combustibles fósiles en el motor de sus vehículos. Para muchos es un coste en el que incurren para poder acudir a su lugar de trabajo. La prioridad del usuario final no es quemar un derivado del petróleo, es desplazarse de un sitio a otro. Pero, con demasiada frecuencia, no hay alternativas al vehículo particular, bien porque los horarios o rutas del transporte colectivo no satisfacen sus necesidades, alguna condición particular hace que resulte necesario el transporte particular o, simplemente, porque no existen alternativas viables de movilidad sostenible por las que puedan optar.
Si se tiene la necesidad de un vehículo, el mercado no ofrece muchas alternativas: la mayor parte de la oferta asequible para el bolsillo del consumidor final, salvo que la bicicleta satisfaga sus necesidades, es de combustión interna. Tan responsables como son con el medio ambiente, las empresas automovilísticas saturan el mercado con máquinas de quemar derivados del petróleo para producir óxidos de nitrógeno, partículas en suspensión, emisiones de gases de efecto invernadero, compuestos orgánicos volátiles... ¿a caso la técnica no ha descubierto alternativas desde hace décadas? ¿por qué no se fabrican en masa? ¿por qué no saturan la oferta con vehículos eléctricos, solares, con motor de hidrógeno...? Como consumidor, preferiría un vehículo que no tuviese que parar a repostar o que, al menos, utilizase una fuente de energía que no me obligase a pagar una pasta cada vez que quiero hacer un viaje.
En el otro lado están los gobiernos y el impulso de la economía. Desde el comienzo de la crisis hemos gastado mucho dinero en seguir fabricando y poniendo en la calle vehículos que queman gasóleo. ¿Acaso las ayudas públicas no hubiesen sido una gran oportunidad para reconducir la contaminación? Quizá hemos perdido la mejor oportunidad que nos brindó la crisis para aumentar la oferta de alternativas por un transporte más limpio al subsidiar una industria obsoleta que se lucra de las emisiones atmosféricas que tanto nos preocupan. Supongo que a los empleados del sector les da lo mismo fabricar coches que fabricar paneles solares. Su objetivo es llevar un sueldo a casa a fin de mes.
Reflexionando sobre la variable ambiental y el rejuvenecimiento del parque de automóviles ¿cómo beneficia al medio ambiente que cambie mi viejo coche? Sí, tal vez reduzca las emisiones de gases, pero generaría cerca de una tonelada de chatarra y residuos peligrosos. ¿Cual es el coste ambiental de reemplazar un coche puramente mecánico por otro lleno de pijadas tecnológicas para cuya fabricación hay que cometer un expolio de recursos naturales a lo largo y ancho del planeta? No es sólo eso, también tendría que desembolsar varias veces el sueldo anual para reemplazar el coche que conduzco desde que mi abuelo decidió no conducir más. Por cierto, que la mayor parte de las averías de un coche viejo las arregla cualquier manitas con un destornillador y una llave inglesa, pero un coche nuevo tienen que pasar, ineludiblemente, por el ordenador de diagnóstico oficial de la marca para saber por qué se enciende la lucecita de turno.
Nos falta por analizar el asunto del combustible, que es el verdadero responsable del problema de las emisiones. ¿Podríamos tener un diésel cuya combustión generase menos residuos? ¿Existen alternativas más limpias que el diésel? ¿Por qué no se comercializan masivamente? Las distribuidoras de gasóleo tienen un buen margen de beneficios con el parque móvil y la oferta de vehículos actual. Son las que ganan dinero con la combustión en los motores que circulan por nuestras calles y carreteras.
Así las cosas, el ciudadano particular, al que van dirigidos los impuestos sobre las emisiones diésel, no tiene mucho que hacer. Es el menos interesado en producir emisiones contaminantes, pero es al que se le va a hacer pagar por ellas. ¿Para qué? ¿Para que la industria siga aumentando la oferta de coches que agotan nuestras reservas de petróleo y ponen en el aire de las ciudades sustancias que afectan a nuestro sistema respiratorio? ¿Para que el sector petrolero siga beneficiándose de la dependencia que tenemos de las gasolineras a la hora de desplazarnos?
Creo sinceramente que si el impuesto sobre el diésel fuese a cargo de los beneficios de las distribuidoras de combustible y la industria de la automoción avanzaríamos algo. El coste también llegaría al consumidor final, evidentemente, pero incentivaríamos al mercado a desarrollar productos alternativos libres de la carga impositiva asociada a las emisiones.
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Nuclear: ni limpia, ni barata, ni segura, ni sostenible.
A un par de días para el aniversario de la catástrofe de Fukushima, en España apenas se habla del accidente nuclear más grave de la historia. La información no fluye y los medios de comunicación suelen dedicar sus páginas a los argumentos de los grupos de presión a favor de la energía nucleares. Pero conviene hacer algunas reflexiones al respecto, especialmente cuando nos proponen que esta forma de obtener electricidad es una alternativa de futuro:
- La energía nuclear no es limpia. Genera, entre otros, residuos radiactivos de alta actividad. El problema de estos residuos no es que generen isótopos que pueden afectar a la salud humana. Lo grave es que no sabemos gestionarlos. No tenemos capacidad para evitar que sigan siendo radiactivos cientos de años. A demás no está exenta de emisiones de gases de efecto invernadero. Tanto el combustible como los residuos requieren transportes de largo recorrido, con sus consumo de combustibles fósiles y emisiones de gases de efecto invernadero. Por cierto que el vapor de agua que sale de los refrigeradores es el gas con más potencial de calentamiento global.
- La energía nuclear es cara, incluso en palabras del sector eléctrico. El conste de construcción y mantenimiento de las centrales no es barato. La instalación se hace más rentable cuanto más se alarga la vida útil de la central. Lo que implica costes en forma de riesgos, que asumimos entre todos los habitantes del plantea, y que pueden llegar a suponer daños por un valor cercano a lo ilimitado.
- La energía nuclear no es segura. Sí, existen importantes medidas de prevención. Pero el riesgo no se puede eliminar totalmente. Sobre el papel, las instalaciones nucleares se diseñan para escenarios complejos. Pero mientras que el papel lo aguanta todo, la naturaleza no deja de sorprendernos. Desde fallos en la operación a manifestaciones geológicas extremas, tenemos varios ejemplos que demuestran que el accidente nuclear no es ciencia ficción. Y una vez que ocurre no hay forma de controlar la dispersión de isótopos radiactivos. Se pueden minimizar los daños, pero no sabemos a quién le va a tocar una dosis que afectará fatalmente a su salud. Por vía atmosférica, a través del pescado de la dieta o en la leche de las vacas que pastaron en un suelo que acumuló isótopos décadas atrás.
- No es sostenible. La sostenibilidad es garantizar a las generaciones presentes la satisfacción de sus necesidades sin comprometer la posibilidad de las generaciones futuras de satisfacer las suyas. Con cada accidente nuclear comprometemos el futuro de una región. Pero, si todo funcionase sin problemas, seguimos sin saber qué hacer con los residuos. Almacenamos el material radiactivo para que, durante cientos de años, pierda, poco a poco, su actividad nuclear. Lo único que sabemos hacer con los residuos nucleares es dejárselos a las generaciones futuras, dentro de infraestructuras que no aguantarán toda la vida radiactiva del material que contienen. O enterrarlos en estructuras cuya seguridad a largo plazo sólo podemos garantizar dentro de los límites del cálculo estadístico.
Sí, es momento de revisar el modelo energético. El calentamiento global y los gases de efecto invernadero marcan la agenda internacional. El miedo al desempleo marca la vida de cada individuo. Pero existen alternativas que pueden ayudar a matar dos pájaros de un tiro: con sistemas de autosuficiencia energética y generación distribuida podríamos reducir la factura energética y contribuir a un modelo más sostenible, bajo en emisiones de gases de efecto invernadero y sin residuos radiactivos.
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Quién decide el modelo energético.
Esta misma tarde toca tertulia sobre el modelo energético. No asistiré, pero viendo la presentación quería aportar un granito de arena con una pregunta ¿quién decide el modelo energético?
En esta presentación aparecen gráficas sobre el uso de cuatro etiquetas #hashtag de twitter en febrero de 2012 (los datos son aproximaciones a vuela pluma de lo que se muestra en las gráficas:
- #pobrezaenergetica: pico de unos 2.200, acumulado de unas 2.500.
- #debateenergéticoya pico de 1.500 menciones, acumulado de unas 6.000.
- #paronrenovables: sin picos destacables pero con continuidad superior al resto y unas 1.600 menciones acumuladas.
- #renovablesoff: pico de 7.236 menciones. acumulado de unas 7.500.
Me llama poderosamete la atención la diferencia, tanto en el número como en la continuidad temporal del uso de ambas etiquetas. Sobre todo porque las dos primeras, (#pobrezaenergetica y #debateenergeticoya), referidas temas que afectan, fundamentalmente, a personas particulares, no llegan a conseguir el seguimiento de #paronrenovables (en el tiempo) o #renovablesoff (en cantidad puntual de repeticiones), que hablan de algo que afecta, fundamentalmente, a inversores y, por tanto, a un interés monetario.
Entiendo que el modelo energético y el debate sobre el mismo no debe centralizarse en la polémica nuclear frente a renovables que estos días se agudiza y posiciona en rojo y azul. Creo que debería analizar aspectos como la autosuficiencia energética y cómo promocionarla, la generación distribuida o la sostenibilidad (ambiental, económica, social, cultural...) del modelo.
Para que realmente sea un debate limpio, resulta clave diferenciar qué intereses hablan y dominan el discurso sobre el modelo energético: si son los del capital (primas al sector renovable) o los de las personas (esclavitud energética). Y resulta clave para decidir en qué sentido dirigimos el esfuerzo, así como el modo de participar en el mismo, especialmente si lo hacemos como personas individuales o en nombre del interés general.
Y para terminar una cita de un artículo más que recomendable:
"Este Internet, un paraíso para los consumidores, es también un infierno para los ciudadanos."
2012 Año Internacional de la Energía Sostenible para Todos.

2012 ha sido proclamado por Naciones Unidas como el Año Internacional de la Energía Sostenible para Todos. Empezando por el final, conviene recordar que "1.400 millones de personas carecen de acceso a la energía moderna, en tanto 3.000 millones dependen de la «biomasa tradicional» y carbón como las principales fuentes de energía". Sin acceso a la energía eléctrica escribir o leer en este medio, que en nuestro entorno es cotidiano, sería imposible. Pero una gran parte de la población mundial no dispone de energía eléctrica. Y se calienta o prepara la comida con lo que encuentra a mano para quemar. De esterilizar biberones o chupetes, mejor no hablamos: la energía es fundamental en nuestro modelo de desarrollo, no sólo para acceder a la cultura o el ocio, también en lo que a la higiene o a la salud se refiere.
Sostenible: implicaría un acceso a la energía de la generación presente sin comprometer a las generaciones futuras. Actualmente producimos una gran parte de la energía mediante la quema de combustibles fósiles. Agotar un recurso no renovable compromete la posibilidad de que en el futuro se siga obteniendo energía de esa misma manera. Como regalo, en esa combustión se generan gases de efecto invernadero que afectan, irreversiblemente al clima del planeta. Y otros gases y partículas contaminantes que afectan tanto a la salud de las personas como a los ecosistemas.
También sabemos producir energía a partir de procesos de fusión atómica. Generan menos emisiones de gases de efecto invernadero pero crean riesgos de consecuencias inaceptables. Al menos para los que las sufren. La sostenibilidad implica cautela, evitar posibles daños y buscar alternativas. Adicionalmente, en nuestras centrales nucleares se producen residuos radiactivos que no sabemos gestionar. Únicamente podemos almacenarlos, con la pertinente polémica, para trasladar el problema a unas décadas más tarde. Esto atenta contra el principio de equidad intergeneracional, por lo que tampoco parece la mejor manera de producir energía sostenible.
Existe un modelo alternativo, de autosuficiencia distribuida: que cada punto de consumo se convierte en su fuente de energía y el exceso se reparte. Disponemos de tecnología capaz de hacer posible ese sueño. Pero falta voluntad política. Las decisiones mediante las cuales se invierte el dinero público en mantener una industria basada en una forma obsoleta de obtener energía nos alejan del objetivo. Y abre una brecha que tienen nombre propio: pobreza energética, que, por cierto, es el tema del día en twitter. Toca revisar el modelo energético y toca hacerlo ya.
Información ambiental, participación pública y ATC
En el día en el que la celebración de la educación ambiental se ha convertido en tendencia tuitera, no me puedo resistir a señalar con el dedo uno de los agujeros negros de la educación ambiental: el modelo energético. Tal vez hemos conseguido concienciar y dotar a la población de los conocimientos necesarios para adoptar una aptitud de ahorro energético, pero ¿qué pasa con la participación?
Durante décadas se ha hecho una gran inversión pública y privada en concienciar a la población sobre la necesidad de las centrales nucleares para la producción de electricidad en España. Se ha hecho un gran esfuerzo para informar sobre los riesgos reales de la radiactividad. A pesar de ello el rechazo a todas las instalaciones que tienen que ver con esta forma de obtener energía es evidente. El camino rápido es tildar de ignorantes a los que manifiestan miedo porque la salud de sus hijos pueda verse afectada. El insulto fácil implica obviar el pastizal invertido en borrar del imaginario colectivo las consecuencias del accidente de Chernóbil, así como despreciar el esfuerzo de décadas de trabajo del Consejo de Seguridad Nuclear, ENRESA y Foro Nuclear.
No pueden ser sólo miedo e ignorancia. El rechazo a lo nuclear en España descansa en otros pilares. Desde mi punto de vista, están apuntalados en la desinformación y en la falta de participación en los procesos de toma de decisiones. Basta revisar el caso de las filtraciones de agua en El Cabril: media década de negaciones, ratificaciones, investigaciones, dudas... No ha pasado nada, si ha pasado no es peligroso, pasó pero no volverá a pasar... Otro mítico son las cenizas viajeras de Acerinox. Por no hablar de las incontables paradas no programadas o de los incumplimientos de las autorizaciones de vertido.
Por otro lado, los presidentes del gobierno se jubilan en las empresas que se favorecen por un modelo energético que no vela por el interés general y, a pesar de las alternativas, manifestadas incluso por sus propios partidos, nos condenan a seguir pagando la factura a los que producen el riesgo y los residuos radiactivos.
Los ciudadanos siguen indefensos, a pesar de la normativa sobre acceso a la información ambiental y el derecho a participar, seguimos participando en el juego perverso de los hechos consumados y las decisiones impuestas. Reducir el debate a si el cementerio nuclear debe estar o no en Villar de Cañas es insultar al personal infantilizando el debate. ¿Un almacenamiento temporal resuelve el problema? ¿Qué pasa con los residuos radiactivos cuando la instalación llega al final de su vida útil? El Almacenamiento Temporal Centralizado y posterior Almacenamiento Geológico Profundo no solucionan el problema de los residuos radiactivos, únicamente lo desplazan en el tiempo, dejándoselo a las generaciones futuras.
Al menos en materia de energía, tenemos que ponernos las pilas. No basta tener gente sensibilizada dispuesta a movilizarse en contra del cementerio nuclear. Debemos preparar ciudadanos capaces de cuestionar modelos y dotarles de las herramientas necesarias para cambiarlos, participando en todas las etapas del proceso de toma de decisiones. Plantear alternativas viables y defenderlas. Personas capaces de identificar el interés general detrás de la cortina de infoxicación que secuestra la voluntad popular y pervierte la definición de desarrollo sostenible:
Satisfacer las necesidades de las generaciones presentes sin comprometer
las posibilidades de las del futuro para atender sus propias necesidades
Algunas dudas sobre si el Almacén Temporal Centralizado solucionará el problema del paro.
El alcalde de Villar de Cañas da palmas con las orejas. Este pueblo de Cuenca, no tan pequeño para lo que hay en la geografía nacional, ha sido elegido por el Consejo de Ministros para albergar el Almacén Temporal Centralizado (ATC), popularmente conocido como cementerio nuclear. Curioso que en una referencia oficial los argumentos para la ubicación de esta instalación son empleo y euros:
La previsión de inversión total es de unos setecientos millones de euros. Para la construcción de las instalaciones se estima un promedio diario de unos trescientos trabajadores durante los cinco años de la primera etapa, con algún pico de hasta quinientos trabajadores.
Al impacto ambiental o las posibles afecciones a la salud no se hace referencia, está feo que, con cinco millones de parados, alguien hable de los posibles efectos para la salud del transporte de los residuos de las centrales nucleares hasta el municipio conquense, su procesamiento y acumulación por los siglos de los siglos, amén. Ante la promesa de 300 puestos de trabajo, con algún pico de 500, han respondido, según la prensa unas 2000 personas. Basta abrir cualquier portal de empleo para ver el doble de canditados apuntados a una oferta de reponedor de supermercado o auxiliar administrativo, pero el sensacionalismo disfraza de éxito esa pobre resupesta:
Ante la avalancha de demandas, el Ayuntamiento de Villar de Cañas ha decidido pedir ayuda a la Cámara de Comercio e Industria de Cuenca, para que colabore en la gestión de los aproximadamente 2.000 currículos enviados toda la geografía española por personas que quieren acceder a uno de los puestos de trabajo que se ofertarán.
Y, por si no se cumple la previsión de empleo o por si acaso no se cubriera con mano de obra local, el Ayuntamiento se lava las manos:
El Ayuntamiento de Villar de Cañas, al no ser el encargado de la construcción de esta Infraestructura, no puede realizar ninguna contratación.
Este documento puede encontrarse en la del Ayuntamiento, en la que, haciendo un alarde de transparencia y participación plural, se enlaza a la plataforma de apoyo al ATC, pero no se mencionan las manifestaciones ni los movimientos contrarios a esta instalación.
Las preguntas, por ir cerrando esta entrada, que empieza a ser más larga de lo normal son:
- ¿Qué perfiles profesionales se requierenpara instalar y operar el ATC?
- ¿Cuentan con esa cualificación los parados de Villar de Cañas y su entorno próximo?
- ¿Qué perfil tendrán las personas dispuestas a instalarse en Villar de Cañas para trabajar en el ATC?
- Cuando termine la instalación del ATC ¿cuantos empleos van a quedar alrededor de la instalación?
- ¿Cuanta gente va a emigrar de Villar de Cañas y sus alrededores por miedo a los efectos sobre su salud y las de sus hijos?
- ¿Se seguirán desarrollando con normalidad las actividades agrícolas y ganaderas del municipio?
- ¿Qué demanda van a tener los productos de estas actividades?
- Sabiendo que se trata de una cuestión política ¿por qué se empeñan en imponernos la energía nuclear?
- Conociendo los riesgos y el rechazo que causa la energía nuclear ¿Por qué no se plantea un debate sobre el modelo energético?
- ¿Cuanto empleo verde podría generar un modelo basado 100% en renovables?
Los gigantes nos la están metiendo doblada con la eólica.

Leo en la Comunidad ISM, vía @molcru, el titular El Tribunal Superior extremeño anula las DIA de parques eólicos paralizados por la Junta, el desarrollo de la noticia no deja lugar a dudas:
El Tribunal Superior de Extremadura ha dictado once sentencias por las que, de una forma u otra, tendrán el efecto inmediato de dar salida a instalaciones que estaban paradas desde 2008 hasta ahora. Aunque las sentencias se aplican en Extremadura pueden sentar un precedente por otros tribunales regionales. Los fallos tendrán un impacto económico relevante en las zonas elegidas para su instalación.
El Tribunal ha autorizado la instalación inmediata de seis parques porque obliga al Consejo de Gobierno a concederla al decidir el propio tribunal la viabilidad medioambiental y urbanística de las plantas. Aunque la Junta recurra al Supremo, los parques pueden pedir la ejecución provisional.
Es decir, como están de moda los empleos verdes, como tenemos encima una crisis que no mueve ni un duro, como no sabemos gestionar la emisiones de gases de efecto invernadero y como resulta que las compañías eléctricas son dueñas del interés general del país, vamos a poner molinos eólicos indiscriminadamente por todo el territorio, como si no tuviesen un impacto ambiental negativo y como si fuesen la panacea para todos nuestros problemas.
Según el último Informe Anual del Defensor del Pueblo, la Declaración de Impacto Ambiental es un instrumento para la preservación de los recursos naturales y la defensa del medio ambiente que no puede convertirse “en una autorización -más o menos discrecional- para impactar”. Pero parece que, llegado el momento, el medio ambiente y los recursos naturales deben supeditarse al interés monetario de unos pocos, a ser posible, con la connivencia de los poderes públicos.
Con carácter previo a la Evaluación de Impacto Ambiental, la legislación ambiental tiene prevista la Evaluación Ambiental Estratégica. Me pregunto si se habrá tenido en cuenta a la hora de sentenciar a favor de las instalaciones eólicas. En particular, considerando las posibles alternativas al problema energético, incluidos sus correspondientes empleos verdes y flujos monetarios, puede que la opción de ocupar el territorio con molinos no sea estratégicamente óptima.
El problema no son los molinos: son los gigantes, amigo Sancho. El problema es obtener y distribuir energía. Y hay muchas formas de resolverlo, entre otras mediante un modelo descentralizado, que genere la energía a partir de recursos disponibles en los puntos de consumo: sol y viento. Plantemos las azoteas y fachadas de los edificios, naves industriales y cualquier infraestructura susceptible de recibirlos, con paneles solares y molinos para microgeneración.
Espero que, aun siendo demasiado tarde, a la vista de las consecuencias ambientales, económicas, sociales, culturales y de toda índole, de la actuación de nuestros gestores seamos capaces de exigirles las debidas responsabilidades y que paguen en tiempo y forma por el expolio al que nos están sometiendo, a cuenta de una crisis económica en la que nos han metido, precisamente, para tener las manos libres y callarnos las bocas.
Debate energético sí, pero… con las personas.
Abro esta entrada para dar respuesta a una pregunta tuitera de @ivanroblesml, en relación a mi última nota sobre el modelo energético.
Si me preguntas "Crees que potenciará la producción de energías renovables en propiedades privadas? En casas por ejemplo? solar, eólica, etc?" la respuesta corta es que creo que no. Básicamente entiendo que la pregunta es en impersonal "¿se potenciará?". Pero ese "se" no existe. Oculta una serie de agentes que pueden hacer de la bonita promesa del modelo distribuido de producción energética una realidad más sostenible de la que vivimos ahora.
¿Quienes van a potenciar que cada edificio sea su propia central eléctrica? Desde luego no serán las empresas cuyo modelo de negocio consiste en mantener el control centralizado de la producción y la distribución de energía. Tampoco van a ser los partidos políticos, de alguna manera tienen que financiar sus campañas, garantizar la continuidad de los medios de comunicación afines... Sobre lo que cabría esperar de nuestros representantes, esos que cobran pensiones vitalicias en compensación por decisiones tomadas en favor del interés general, mejor una cita recordatorio:
...los ex presidentes del Gobierno José María Aznar y Felipe González, ‘fichados’ por las grandes compañías energéticas Endesa y Gas Natural Fenosa como asesor externo y como consejero, respectivamente, “tuvieron desde sus importantes cargos públicos mucho que ver en el rosario de privatizaciones que enajenaron el patrimonio público, a veces en condiciones muy oscuras. Tras ese pasado, su incursión ahora en el sector privado energético la considero éticamente reprobable”.
Así las cosas, es importante que las personas tengamos voz y voto en el debate energético. Sí, podemos despotricar en tuiter y crear grupos de feisfull en los que ponernos a parir entre nosotros. Argumentamos para demostrar quién es más afín a qué integrismo radical anti o pro nuclear. Pero la conversación debería ser otra: el camino de la autosuficiencia energética está abierto. Y podemos caminarlo, pero necesitamos hacerlo juntos. Las tecnologías para que cada hogar sea su propia central eléctrica están en la calle. Pero son caras y de disponibilidad limitada. Ni los principales agentes económicos, ni el poder político tienen interés en que eso cambie: nos proponen recetas cocinadas según sus preferencias y se las legitimamos con un voto cada cuatro años. Las opciones que están fuera de los intereses de mercado de las empresas que financian el poder y sus medios de comunicación afines no llegan al gran público, no se debaten y, por su puesto, no se subvencionan.
Tenemos claro qué es lo que quieren y están dispuestos a ofrecernos los distintos grupos de poder. El dinero público es un recurso escaso y debería destinarse al interés general. Empieza a ser hora de que el ciudadano individual se plantee qué es lo que necesita y cómo quiere resolver sus necesidades. Por todo ello, para saber si realmente existe algo distinto de lo que persiguen los grupos de poder y que podamos llamar interés general, tenemos que hacernos preguntas en voz alta y, si es preciso, salir a la calle a gritar las respuestas:
- ¿Queremos neumáticos eficientes o preferimos molinos de viento y paneles solares en las azoteas de nuestras casas?
- ¿Queremos mantener el empleo en la automoción basada en la combustión o aumentar la oferta de vehículos eléctricos?
- ¿Queremos seguir comprando petróleo caro o preferimos producir residuos radiactivos de alta actividad?
- ¿Queremos viajar más despacio a cambio de más días de vacaciones?
- ¿Queremos que nuestros funcionarios reciban cursos de Adobe® Photoshop® o que retoquen fotografía con software libre?
...añada aquí las suyas...
Es el modelo energético.
A cuenta de la revolución en el mundo árabe y su repercusión sobre los equilibrios geopolíticos teníamos como loco al lobby pro nuclear. No pierden una: que si reduce las emisiones de gases de efecto invernadero, que si evita la dependencia, que si es limpia, que si es barata, que si es segura... ¡viva la fisión nuclear! Un terremoto y un tsunami han cambiado las tornas: los ecologistas a la carga con los evidentes riesgos de esta forma de obtener energía. Gran momento para hacerse antinuclear. O, si ya lo eras, para gritar bien fuerte: Nucleares NO.
El caso es que, el debate energético, de haberse producido formalmente alguna vez, sigue abierto. Y es una lucha bastante injusta y desproporcionada. Hace unos pocos años todo el mundo se hacía la foto con la Red de Distribución Energética Inteligente de Rifkin. Pero quien tiene pasta para llevar su discurso a los medios y al gran público es el Foro Nuclear, que, a la vista de los resultados, hace su trabajo bastante mal. O eso o es que todo el dinero que se gastan en deformarnos la mente, infoxicarnos y lavarnos el cerebro estaría mejor invertido en otras cosas.
El caso es que la desinformación fluye y seguimos con tópicos que se marcan a fuego, a pesar de que la realidad va por su propio camino. ¿Sabían que el saldo energético patrio es exportador? Sí, vendemos electricidad a Francia. Prima el juego político de repartirse al electorado con el discurso. Discurso hueco, porque la aplicación práctica de las palabras bonitas, ni llega, ni se la espera. ¿Se imaginan la catástrofe supondría que cada edificio fuese su propia central eléctrica?
Así las cosas me van a permitir que me repita: ya está bien de debate nuclear, afrontemos el debate energético. No me quiero conformar con la menos mala de las opciones: esa también sigue evitando que avancemos en un cambio de modelo.
Convendría recordar que estamos ante el fin del petroleo barato. Bien sea que los productores mienten, que los chinos cada vez demandan más petróleo, que hemos superado el pico de Hubbert, que se alteran los equilibrios geopolíticos o la crisis sistémica del mundo financiero. En el supuesto de que consigamos reordenar los mercados ¿cómo vamos a pagar el creciente precio del petróleo? La pobreza energética está servida.
En este orden de cosas, me van a permitir que sea crítico. No se trata de la seguridad de las centrales nucleares. Ni del precio o la disponibilidad de petroleo. La clave del asunto radica en que tenemos un modelo energético diseñado por y para los que se forran a costa de nuestras necesidades: son los que deciden cuando suben el precio, cuando nos cierran el grifo, donde van las subvenciones y dictan el literal del próximo Real Decreto. Hemos permitido que gasten nuestro dinero en operaciones especulativas que no solucionan el problema: con el dinero público se sigue perpetuando un sistema de producción energética controlado por pocos agentes.
Es urgente que empecemos a tomar medidas para cambiar el modelo energético. Tal vez en tiempos de bonanza económica era un capricho ecologista, pero empieza a ser necesario para subsistir. No sólo individualmente, también para los que van a perder el poder, de la mano de una deuda difícil de controlar, cuando la dependencia energética exterior marca el ritmo de la economía.
Por supuesto, lo que se ahorra no hace falta producirlo, así que apaga y vámonos.
¿¡Yebra!?
Me hago el sorprendido ante una noticia rancia, pero es que ya ha salido en el infoxicario.
¿¡Yebra!? tal vez algunos no sepan ponerlo en el mapa, pero el tándem Yebra - Almoguera solía ser caso de estudio de la asignatura "Riesgos Antropogénicos" ,en la Facultad de Ciencias Ambientales, por su privilegiada ubicación para atraer desgracias de manera recurrente.
Y no hace falta tirar de hemeroteca para leer sobre coladas de barro en estos pueblos.
Sinceramente, dejemos de especular y empecemos a replantear el modelo energético: es urgente.

