productor de sostenibilidad pintarlo de verde (o azul) únicamente cambiaría el color

26dic/110

El metro en Madrid es caro #diseloametro.

Estos días navideños, a demás de las luces y los escaparates, la decoración de Madrid se completa con las reacciones de los usuarios de Metro a la última campaña institucional para convencernos de algo que es mentira. Porque lo cierto, le pese a quien le pese, es que el Metro, en Madrid, es caro. Muy caro. En valor absoluto, relativo y comparado. En Madrid me mata han recogido algunos ejemplos visuales, que van desde la comparativa de los salarios en las ciudades que se proponen en la publicidad de Metro:

 

hasta ratios salario/billete:

Lo más grave del caso no es el precio del billete, que también. No sorprende el burdo intento político de convencer al ciudadano de algo que es mentira. Lo alarmante es que, en tiempo de crisis, Metro de Madrid siga gastando dinero en anunciarse dentro de Metro de Madrid. ¿Cuánto dinero cuestan estas campañas? ¿Para qué sirven?

A la vista de casos recientes de corrupción, sabemos que el gasto público en publicidad institucional favorece enriquecimientos poco éticos. Mientras la Comunidad de Madrid reduce sueldos de profesores, personal sanitario y demás profesionales imprescindibles para mantener la cohesión social, gasta dinero en propaganda, deformando la realidad en contra del interés general. ¿Algún político cree que con carteles publicitarios va a conseguir abstraer al usuario de Metro de los olores de la estación, de los tiempos de espera, de la escasez y deficiencias del servicio...?

Parece que la sociedad no está tan adormecida y la respuesta a esta campaña de desinformación está tanto en Internet, por ejemplo en twitter con la etiqueta hashtag #diseloametro, como en la calle, sobre los propios carteles de la campaña, con todo tipo de comentarios e impresiones de los ciudadanos. ¿Conseguiremos acabar con el abuso de poder ejercido a través de la publicidad institucional?

17sep/090

Los olores de Pueblo Nuevo.

Recicla papel en el metroHace poco leía sobre el mapa de olores de Manhattan. Desconozco si existe alguna iniciativa similar relativa a la ciudad de Madrid. Pero si existiese algo así, la estación de metro de Pueblo Nuevo debería ocupar un lugar privilegiado.

El característico aroma se cuela en el vagón a medida que el tren de la línea 7 se aproxima a la parada. Delata a los pasajeros menos asiduos, afanados en buscar entre sus compañeros de viaje al autor del escape gaseoso.

Es un olor difícilmente descriptible... a la par que evocador. A medida que transito por el anden y los pasillos del trasbordo a la línea 5 vienen a mi mente todas esas campañas de fomento del uso de este modo de transporte colectivo. Que si el metro vuela, que recicles papel, que si la línea no se cuantitos es sostenible... sí, bien mirado, puede que las emanaciones gaseosas de la estación de Pueblo Nuevo sirviesen para abastecer energéticamente a toda la red de metro.

¿De dónde sale el olor? A saber... todo indica a los despachos de los gestores encargados de la cosa pública. La pestilencia en Pueblo Nuevo es un claro indicador de que la clase política habita un plano de la realidad distinto al del resto de sus vecinos. Si alguno de ellos fuese usuario del metro, si alguno hubiese pasado si quiera alguna vez en su vida por la estación de Pueblo Nuevo, tomaría medidas para evitar la hedionda experiencia a sus votantes potenciales.

Está visto que la movilidad sostenible es sólo una semana al año con la que ocupar las portadas de la prensa.