productor de sostenibilidad pintarlo de verde (o azul) únicamente cambiaría el color

22nov/102

No es la ISO, es tu cliente.

Siguiendo con el tema de las certificaciones, un argumento típico que mueve a las organizaciones a adoptar un sistema de gestión (calidad o medio ambiente) basado en una norma ISO (9.001 o 14.001 según el caso) suele ser que un cliente se lo exige. Algo así:

- "Mire es que yo quería eso de la ISO, porque Fulanito, S.L. se ha metido en la ISO y si yo no me lo pongo también pues me deja de comprar".

Tal vez, si la correspondiente ISO, fuese pública cualquiera podría consultarla y constatar que allí no pone que los proveedores deban "tener la ISO" para poder servir productos o servicios a sus clientes. La correspondiente norma viene diciendo que la empresa que quiera certificarse deberá establecer un sistema de evaluación de proveedores, así como la pertinente comunicación y, en su caso, un adecuado control. Sí, puede que el cliente (o el consultor de turno) decida, durante el diseño y la implantación de su sistema de gestión, que el criterio de aceptación de proveedores es disponer de un certificado ISO, pero es criterio de esa organización, no imposición de la norma.

Más cómodo, dónde va a parar, una copia del certificado en ISO que preguntar por la licencia de actividad, el tipo de vinculación legal entre los trabajadores y la organización, por el cumplimiento de los requisitos mínimos de seguridad industrial, por la gestión de los residuos... sobre todo si sospechamos que buscando podemos encontrar cosas que no nos gusten: ojos que no ven, corazón que no siente.

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20nov/100

RSC: titulares, datos, indicadores y responsabilidad.

Lo hemos vuelto a lograr. Los medios recogen el titular: España primer país europeo por número de certificados de gestión ambiental.

El dato dice que:

España es el primer país europeo y tercero del mundo por número de certificados del Sistema de Gestión Ambiental según la norma ISO 14001 con 16.527 reconomientos, según la Organización Internacional de Normalización (ISO, en sus siglas en inglés).

Pero ¿qué significa esto? El país cuenta con 16.527 empresas certificadas según una norma de gestión creada como mecanismo de mercado para diferenciar empresas según su comportamiento ambiental ¿consultamos esa norma? Pues va a ser que no: una copia de la ISO 14.001 cuesta más de 30 euros a pagar a AENOR. Precio ideal para un consultor que se gana la vida implantando sistemas de gestión ambiental, pero algo caro para su cliente, que preferirá una fotocopia, o para los alumnos del curso correspondiente, que ya se encargarán de encontrar una copia digital. Sí, podemos consultarla en alguna biblioteca especializada o encontrar literatura que nos la cuenta y nos habla bien de ella. Pero como mecanismo de transparencia sobre el comportamiento ambiental de las organizaciones tiene un punto en contra.

Vale, el documento no es público, pero todas esas empresas certificadas según criterios ambientales... ¿no es motivo de alegría? Pues depende. La falta de publicidad de esos criterios tal vez debería implicar falta de credibilidad para un ciudadano escéptico. Pero también para profesionales especializados: el mercado de los instrumentos ambientales de mercado tiene sus luces y sus sombras. Un ejemplo es el debate alrededor del cumplimiento de la legislación. El mercado tiende a ofrecer soluciones para todos los gustos y el caso de la ISO 14.001 no se escapa a esta realidad. Podemos encontrar certificadores y auditores que cubren un amplio espectro de tolerancia respecto a los apartados de las ISO relativos al compromiso de la organización para con la normativa legal aplicable.

Y esto ¿es grave doctor? Pues desde mi punto de vista sí. La normativa legal aplicable a una actividad es el marco mínimo que debe cumplir obligatoriamente una organización. Las reglas para que el juego sea justo y todos los participantes lo hagan en igualdad de condiciones. El último dato que manejo en este sentido (no lo he vuelto a ver publicado desde principios de este siglo) decía que más de dos tercios de la industria carece de licencia de actividad en la Comunidad de Madrid. Sí, es difícil estar al día del último cambio en no se que decreto autonómico de vertidos, pero la licencia de actividad es uno de los requisitos legales que difícilmente pueden pasar desapercibidos para un empresario.

¿Qué pasa con los auditores de certificación ambiental? Recordemos que ISO 14.001 es un mecanismo voluntario del mercado para diferenciarse de la competencia. Tu pagas y alguien viene a comprobar si estas en condiciones de que te den un sello con el que decir que eres más verde que otro. Y como pagas mandas. Al fin y al cabo, la auditoría del sistema de gestión ambiental ISO 14.001 no es una auditoría de requisitos legales. Que tienes una industria en marcha algo público y notorio, ¿por qué tendría un auditor que pedirte la licencia de actividad? ¿por qué querría comprobar si tienes en orden la gestión de residuos cuando tienes un documento donde dices que lo haces? Los papeles dicen que el sistema está implantado, no da tiempo a meternos con todos los detalles en cada auditoría...

Así pues, el titular y los datos son muy bonitos. Las publicaciones de Responsabilidad Social Corporativa los llevan a lugares destacados y los difunden ampliamente: hay que hacer ruido y mover el mercado de la certificación ambiental, todavía quedan cientos de miles de organizaciones que no han entrado por el aro de la 14.001. Por no hablar de las posibilidades de generación de empleo verde. Pero ¿qué pasa con el medio ambiente? ¿tenemos indicadores transparentes que nos hablen de cómo evoluciona el comportamiento de nuestras empresas? ¿sabemos si están cumpliendo las leyes que las obligan a depurar sus vertidos? ¿tenemos idea de lo que emiten a la atmósfera? ¿gestionan los residuos adecuadamente? ¿de dónde sacan las materias primas? ¿en qué condiciones trabajan sus empleados? ¿cómo tratan a sus clientes? ¿dejan dormir a sus vecinos? La sostenibilidad no es pintar de verde la oficina comercial.

Como en otros ámbitos de gestión empresarial, muchas organizaciones prefieren ponerse chapitas y darse publicidad a coger el toro por los cuernos conociendo y cumpliendo todas sus obligaciones legales. No son muchas las empresas que puedan sacar pecho por el respeto escrupuloso a los derechos de sus trabajadores, clientes y terceras partes implicadas. En un país democrático y medianamente civilizado debería ser suficiente con cumplir la legislación aplicable, que por cierto, es pública y está publicada. Pero es más costoso asumir la responsabilidad y dejar que los hechos hablen por sí solos, que pagar a terceros por publicitarnos mientras nos escondemos debajo de una buena capa de maquillaje.

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20abr/097

Las sombras de la certificación ambiental

Emilio trae a la blogosfera el reportaje “Luces y sombras de los sistemas de gestión ambiental”.

Interesantes reflexiones sobre el debate EMAS vs ISO 14001, dos modelos de gestión ambiental que, teóricamente, sirven para incentivar un adecuado desempeño ambiental por parte de las empresas. Mediante un sistema de comprobación (verificación o certificación, según el modelo) por terceras partes, las organizaciones acceden a un reconocimiento público que permite diferenciase en un mercado, supuestamente, sensible a los problemas ambientales.

Las diferencias sustanciales entre ambos modelos están en la distinta consideración del requisito de cumplimiento de la normativa ambiental (estricto en EMAS e interpretable en ISO 14001), la disponibilidad de información verificada sobre el desempeño ambiental de las empresas, así como la participación de partes interesadas, tanto internas como externas a las organizaciones que implantan el sistema de gestión.

Las sombras salen desde las empresas que acceden a estos reconocimientos únicamente buscando un posicionamiento verde en el mercado, sin interés real la reducción de su impacto ambiental, el acercamiento a las partes interesadas o la transparencia en cuanto a lo que su afección al entorno se refiere. El negocio de la certificación, detectando esta necesidad, se ha especializado, no sólo cubriendo la amplia demanda de empresas que pagan por conseguir un sello sin cumplir los requisitos de la norma que lo ampara, también mediante la diversificación de sellos y modelos, más o menos vacíos de contenido, de certificación verde.

En mi calidad de ciudadano ambientalmente inquieto, me preocupa la evolución del modelo EMAS. La presión de la industria y los incentivos perversos del mercado lo van descafeinando cada vez más. Actualmente estamos metidos de lleno en la siguiente revisión del reglamento EMAS, a la que habrá que dedicarle algunas entradas en este blog.

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