Otro año sin Julio.

Hoy se vuelven a cumplir años del inicio de aquel fatídico incendio que arrasó el Rodeno de Guadalajara, llevándose la vida de 11 personas y acabando con un paisaje que nunca volverá a ser igual. Un paisaje que recuerda a los que no están y que, año a año, tiene que seguir adelante sin ellos.
Hoy los que se dedican a politiquear con muertos salen a celebrar el aniversario, hoy guardaremos otro minuto de silencio en su memoria.
Hoy hace 6 años que Julio saldría, sin saberlo, a apagar su último fuego. Hoy sabemos que la lista de profesionales fallecidos en labores de extinción de incendios forestales ha seguido sumando víctimas.
Hoy en, algunos sitios, sigue oliendo a quemado. Hoy seguimos manteniendo vivo el recuerdo.
Ha pasado otro año.
Este fin de semana es el aniversario del terrible desenlace de aquel incendio en Guadalajara. Y seguimos sin tener justicia.
El portavoz de la Asociación de Familiares aseguró que esperan que se haga justicia porque tienen muy clara la verdad de lo ocurrido «fue un tema de abandono, de falta de medios, de falta de previsión. En definitiva, todo ocurrió en un fin de semana y fue un desastre. El sentido común, todas las peritaciones, todas las pruebas, todo el desarrollo que hemos visto en este tiempo nos ha hecho llegar a unas conclusiones. La verdad la sabemos, pero no tenemos la justicia».
Unos días de noticias en la radio y en la prensa, declaraciones interesadas y otros once meses de silencio.
Todos somos cómplices: ¿por qué los culpables siguen impunes? ¿ni si quiera la vida de nuestros compañeros es motivo suficiente para hablar alto y claro? ¿quienes va a ser los próximos? ¿por qué lo permitimos? Seguiremos escuchando lo que nos quisieron contar ¿de verdad se han hecho las cosas correctamente?
Politiqueando con muertos.
Nos duelen todos y cada uno de los incendios forestales, pero el de Guadalajara nos toca especialmente la fibra sensible.
Hoy vuelve a los titulares, llenándolos de siglas de partidos y nombres de políticos... en algunos medios, también aparecen nombres de empresas. De esas que, a pesar de todo, siguen pagando con dinero público a decenas de miles de personas. Eso sí, fuera de la partida de personal y en condiciones laborales que no dan margen a la iniciativa, no permiten cuestionar decisiones tomadas con criterio no necesariamente cercano al interés general... y cuestan la vida a personas.
¿Hasta donde nos llegan el clientelismo y servilismo? Me pueden llamar conspiranoico, pero aquí están las declaraciones:
Defensa: «Está imputando delitos contra seguridad de los trabajadores a personas que ni son empresarios ni tienen facultades para otorgar medidas de seguridad». "Hemos perdido siete meses»
¿Por qué no se imputa a los empresarios y responsables de la seguridad de los trabajadores? ¿Por qué no se tira del hilo hasta el fondo del asunto?
Familiares: «Aún queda mucho desfile de cámaras y procesados». «Si yo fuese técnico y estuviese imputado, me lo haría mirar porque existe el problema para ellos de que ahora las penas pueden ser mucho más elevadas»
Malo que los políticos no escarben, que la prensa no profundice en la información, pero ¿qué hace enmudecer a los imputados?
¿Recuerdas el 18 de julio de 2005?
Yo estaba becado por FIDA en un curso de verano. Se seguía con interés la evolución del incendio y sabíamos que había víctimas mortales por las que guardamos un minuto de silencio. Todavía no conocíamos su identidad. Poco después se confirmaría la sospecha: el incendio había segado la vida de algún conocido. Un compañero de la facultad. Julio y yo habíamos coincidido en algunas ocasiones. Como aquella entrevista en el despacho de Rosario Arévalo.
Los cargos políticos se recolocan con facilidad y los técnicos no dejan de ser esclavos de lo que hicieron mal otros, incluso cuando intentan echarle la culpa al retén de su propia suerte. ¿Dimisiones? Para que se hiciese justicia tendríamos que profundizar en décadas de gestión forestal deficiente. Tendríamos que revisar el poder de empresas con la capacidad hacer las leyes a la medida de sus clientes. Organizaciones que cuentan con una cantidad de puestos de trabajo que permite comprar la voluntad de colectivos profesionales. Y que disponen de recursos que silencian pueblos enteros. Habría que analizar una gestión y organización de trabajo tan deficientes que permiten errores imposibles.
Para hablar de justicia tendríamos que devolverle la dignidad a habitantes, hijos y nietos de comarcas que han sido despojadas de su territorio e identidad a golpe de medida compensatoria. Para que se hiciese justicia habría que dar voz a todos los que estaban allí aquellos días. Y aquellas noches. No a los 11 que se fueron, esos ya no pueden hablar. A los que, a pesar de todo, no les acompañaron.
A Julio se lo llevaron las llamas en Guadalajara. Unas llamas que deberían habernos iluminado el camino para luchar contra el clientelismo y el servilismo. El fuego asusta, da miedo, paraliza y hace callar. Tal vez se no consiga justicia. Pero podemos mantener vivo el recuerdo. Y no olvidar.