productor de sostenibilidad pintarlo de verde (o azul) únicamente cambiaría el color

17feb/091

Reutilizar componentes informáticos para ser libres.

La sugerente entrada de Julen me ha llevado a la inquietante lectura de "La sociedad de control" de José F. Alcántara. El documento tiene mucha tela que cortar, hoy quería centrarme en el asunto de los residuos de aparatos eléctricos y electrónicos.

El autor habla, entre otras muchas cuestiones, del problema que puede suponer para las libertades individuales, especialmente para la privacidad, de distintos sistemas de control que, poco a poco, van incorporándose en nuestra vida cotidiana.

Me ha llamado la atención el asunto de la restricción digital de derechos a nivel de hardware destinados a impedir la ejecución de software o reproducción de contenidos que no tengan el visto bueno del fabricante:

"Aunque no es probable que se vaya a adoptar una medida tan impopular a corto plazo, no hay que olvidar que el sistema ha sido diseñado para que exista dicha opción y su sola existencia debería suscitar nuestro rechazo. Si necesitas un motivo importante para no comprar estos dispositivos, éste debería ser suficiente."

En este punto, el autor habla del movimiento de "hardware libre" que enfrentaría al oligopolio de los fabricantes de componentes electrónicos (con incentivos para incorporar estos dispositivos de control), paralelo al de "software libre" contrapuesto a los oligopolios en los programas informáticos, estableciendo los pertinentes peros:

"El desarrollo de software requiere bastante conocimiento de programación, pero los requisitos económicos para comenzar a programar son muy pequeños: una computadora no supone ahora mismo una barrera excluyente si lo que queremos es desarrollar software. El desarrollo de hardware, sin embargo, requiere alta tecnología, cuyo precio es muy elevado."

En este punto cabe hacer una pequeña reflexión sobre nuestro modelo de consumo de tecnología.

¿Qué recursos necesitamos para acceder y crear contenidos digitales? ¿Hasta qué punto las actualizaciones de nuestros equipos electrónicos se deben a obsolescencias planificadas? ¿Podríamos seguir leyendo y escribiendo blogs y wikis en el último ordenador del que nos desprendimos con un simple cambio de sistema operativo? ¿Qué requisitos son necesarios para disponer de un entorno ofimático completo?

Volviendo al título de la entrada, me pregunto ¿cómo estamos reciclando nuestros componentes electrónicos? ¿sería interesante cambiar el modelo?

Es evidente que a la industria le interesa que nos desprendamos de nuestros viejos ordenadores, los servicios de recogida los lleven a sitios donde los trituran (¿creando escasez de piezas de recambio?) y que de la pasta resultante se saquen materias primas para alimentar de nuevo la fabricación de equipos.

¿Es esto ecológico en términos globales? ¿es la forma de gestión de este tipo de residuos que maximiza el beneficio social?

Existen otros modelos, como el del sector de la automoción, que ha impuesto un mecanismo basado en la descontaminación (mediante la retirada de los fluidos) y posterior desensamblado y clasificación de componentes. Los tradicionales desguaces donde se apilaban coches viejos han pasado a ser, donde la normativa se aplica correctamente, limpios y ordenados almacenes de piezas de recambio. De chatarra a los vehículos al final de su vida útil.

¿Podemos hacer lo mismo con los electrodomésticos? ¿Podríamos hacer rentable un mercado de componentes de segunda mano? ¿necesitamos un garaje para poner el proyecto en marcha?

¿Me cambia la fuente de alimentación? Sí, se que, monetariamente, es más barato comprar un portátil nuevo que llevar el viejo a que le cambien la pantalla. Tal vez si pudiésemos encontrar pantallas de repuesto y cambiarlas nosotros mismos ¿no lo intentaríamos? ¿Y si con eso evitásemos (o al menos aplazásemos) la imposición por parte del fabricante de sistemas de control tales como sistemas de restricción digital de derechos a nivel de hardware o la incorporación de chips RFID en nuestras neveras?

Tal vez el camino del hardware libre esté en asegurar la vida útil de los equipos existentes y establecer protocolos de reutilización de los antiguos. O tal vez no.

29nov/082

Placa madre sólo hay una…

...y la fuente de alimentación la encontré en la calle.

Esta es una historia, algo dramatizada, de reciclaje urbano.

Un buen día de la semana pasada el ordenador de sobremesa de casa decidió no arrancar. Tenía mala pinta. En estos 20 años como usuario de informática nunca me había pasado nada parecido, pero sabía que podía ocurrir. Todo indicaba que se había quemado la fuente de alimentación. ¿Las causas? Tal vez demasiadas ampliaciones para un ordenador de más de 10 años. Que si tarjeta de red inalámbrica, que si otro poquito de memoria ram. Donde antes hubo un lector de CDs ahora hay una regrabadora de DVD más un DVD a secas y lo que fue un disco duro ahora son dos...

Parecía que con Ubuntu la cosa iba más ligera, pero claro, las palizas que le meto con el Hugin pueden haber sido la puntilla. Demasiado trabajo para un equipo, que por no ser fotótrofo, quimiótrofo, ni autótrofo de ninguna otra forma, se alimenta a través de un cacharro que coge la energía eléctrica de la red, la transforma y la rectifica (o algo así) para que sea útil para el metabolismo del ordenador.

Llevaba un tiempo planteándome la posibilidad de cambiar de máquina. Sustituir el cansado AMD de finales del siglo pasado por algún cacharro con microprocesador de varios núcleos. También es cierto que últimamente había oído hablar de sistemas operativos eficientes que podían alargar la vida útil de mi viejo equipo informático. Pero las dudas me asaltaban ¿será realmente la fuente de alimentación? ¿sólo la fuente de alimentación? si me hago con una nueva compatible con esta antigualla ¿podré utilizarla para montar otra máquina basada en las tecnologías del presente?

Busqué otra CPU que llevaba años acumulando polvo en algún rincón. Había quedado relegada al olvido, pero allí estaba, esperando paciente su momento de gloria. Un horizonte repleto de posibilidades se abría de la mano de un destornillador de estrella. Vamos a ver qué fuente de alimentación tienes... una totalmente incompatible con el otro ordenador. Mi gozo en un pozo. Aquella fuente de alimentación no se podía acoplar en el equipo para el que necesitaba el repuesto. El enchufe de la placa madre era distinto y el interruptor no se adaptaba a la carcasa. Tampoco veía la forma de montar los componentes del ordenador averiado en la caja de aquel 486 DX2. ¿Qué tendrá este disco duro?

Y para colmo de males, otro problema de compatibilidad. El teclado y el ratón no me sirven. Dos generaciones de conectores separan mis periféricos actuales de aquel ordenador y su maravilloso botón que permitía elegir entre 33 y 66 megahercios como velocidad de procesador... Pedí presupuesto para un cacharro nuevo. Que no sea lo último del mercado, pero que me permita olvidarme del hardware durante una temporada.

Pero la solución al problema estaba en la calle. Un día llegando a casa del trabajo vi la caja de un ordenador tirada junto al contenedor amarillo. Estaba allí, abierta, posiblemente de una patada. Asomaba una flamante fuente de alimentación. Tenía una nueva misión, corrí a casa a por el destornillador de estrella, debía ser más rápido que el hombre que suele pasar a esas horas buscando chatarra.

Cuando volví, dispuesto para la acción, el cacharro seguía allí. Solté los cables, quité tres tornillos... faltaba uno ¿indicativo de que las circunstancias que llevaron a este equipo a su situación actual era la misma que quería solucionar con esa pieza? La mirada furtiva de algún viandante me hizo sentir como un ladrón. Pero rápido encontré un argumento para justificar esta forma de actuar. Sí, es cierto que los residuos en la calle son propiedad del Ayuntamiento y está muy feo hacer uso privativo de los recursos públicos. Pero como mi intención era la reutilización, aquella fuente de alimentación no se podía considerar un residuo, por lo que estábamos en uno de esos vacíos legales de la normativa ambiental, por una vez a mi favor.

Volví a casa, limpié un poco la fuente de alimentación, enchufé.... ¡funciona!. La desenchufé, la limpié algo mejor y la monté. No acopla especialmente bien en la caja, pero cumple su función... 200W frente a 250W de la que he tenido que sustituir... todo indica que no durará mucho. Sí, está claro que la solución no pasa ningún examen de seguridad, pero... es provisional. Para tranquilizar mi conciencia desenchufo un DVD redundante y tal vez alguna cosa más que ha caído en desuso.

El disco duro del 486 DX2, aquella reliquia, tenía... menos capacidad que un CD, sí, creo recordar que había hecho una copia de seguridad del contenido cuando el ordenador pasó a la reserva... aquí está.

Antes de que deposite los restos en el punto limpio, ¿alguien necesita algún tornillo?