No hay Mañana (There’s No Tomorrow)
There's No Tomorrow es un documental de incubate pictures que, en media hora, reflexiona sobre el modelo de desarrollo en el que vivimos, la dependencia del sistema económico de los combustibles fósiles y el colapso inminente a cuenta del agotamiento de los recursos naturales y las reservas de petróleo. A pesar del título, acaba con un final feliz, un guiño a la esperanza en forma de llamada a la adaptación.
A través de un guión bastante cuidado, el documental nos ilustra de una manera muy didáctica la problemática asociada a la dependencia energética y el crecimiento exponencial. Nos recuerda de cuando y cómo se formaron los combustibles fósiles, analizando su disponibilidad a lo largo de la historia y la evolución del coste de extracción. Compara las distintas alternativas posibles para la obtención de energía y nos recuerda que las medidas de reducción de consumo o los avances de la tecnología siguen manteniendo nuestra dependencia del petróleo, no sólo desde el punto de vista energético, también como materia prima para la fabricación de plásticos, con los que fabricamos desde dispositivos electrónicos hasta material médico.
El documental centra la atención en que el sistema económico en el que vivimos está basado en la disponibilidad de combustibles fósiles baratos. Igualmente nos recuerda el papel que juegan los combustibles fósiles en la alimentación mundial. Y sobre estas premisas nos plantea que el máximo de producción mundial se ha superado, con lo que, mientras el consumo se dispara, la disponibilidad de petróleo es cada vez menor. El fin de los combustibles fósiles podría llevar a nuestro modelo de desarrollo al colapso.
El final feliz es un toque de atención sobre la necesidad de adaptarse a un modo de vida con un consumo energético menos intenso. El futuro incierto no estará ni en una sociedad de ciencia ficción, ni en la vuelta a las cavernas. La amenaza y los riesgos están encima de la mesa, lo que toca es adaptarse, iniciar una transición responsable a un modelo más acorde con los límites finitos de nuestro planeta.
Nuclear: ni limpia, ni barata, ni segura, ni sostenible.
A un par de días para el aniversario de la catástrofe de Fukushima, en España apenas se habla del accidente nuclear más grave de la historia. La información no fluye y los medios de comunicación suelen dedicar sus páginas a los argumentos de los grupos de presión a favor de la energía nucleares. Pero conviene hacer algunas reflexiones al respecto, especialmente cuando nos proponen que esta forma de obtener electricidad es una alternativa de futuro:
- La energía nuclear no es limpia. Genera, entre otros, residuos radiactivos de alta actividad. El problema de estos residuos no es que generen isótopos que pueden afectar a la salud humana. Lo grave es que no sabemos gestionarlos. No tenemos capacidad para evitar que sigan siendo radiactivos cientos de años. A demás no está exenta de emisiones de gases de efecto invernadero. Tanto el combustible como los residuos requieren transportes de largo recorrido, con sus consumo de combustibles fósiles y emisiones de gases de efecto invernadero. Por cierto que el vapor de agua que sale de los refrigeradores es el gas con más potencial de calentamiento global.
- La energía nuclear es cara, incluso en palabras del sector eléctrico. El conste de construcción y mantenimiento de las centrales no es barato. La instalación se hace más rentable cuanto más se alarga la vida útil de la central. Lo que implica costes en forma de riesgos, que asumimos entre todos los habitantes del plantea, y que pueden llegar a suponer daños por un valor cercano a lo ilimitado.
- La energía nuclear no es segura. Sí, existen importantes medidas de prevención. Pero el riesgo no se puede eliminar totalmente. Sobre el papel, las instalaciones nucleares se diseñan para escenarios complejos. Pero mientras que el papel lo aguanta todo, la naturaleza no deja de sorprendernos. Desde fallos en la operación a manifestaciones geológicas extremas, tenemos varios ejemplos que demuestran que el accidente nuclear no es ciencia ficción. Y una vez que ocurre no hay forma de controlar la dispersión de isótopos radiactivos. Se pueden minimizar los daños, pero no sabemos a quién le va a tocar una dosis que afectará fatalmente a su salud. Por vía atmosférica, a través del pescado de la dieta o en la leche de las vacas que pastaron en un suelo que acumuló isótopos décadas atrás.
- No es sostenible. La sostenibilidad es garantizar a las generaciones presentes la satisfacción de sus necesidades sin comprometer la posibilidad de las generaciones futuras de satisfacer las suyas. Con cada accidente nuclear comprometemos el futuro de una región. Pero, si todo funcionase sin problemas, seguimos sin saber qué hacer con los residuos. Almacenamos el material radiactivo para que, durante cientos de años, pierda, poco a poco, su actividad nuclear. Lo único que sabemos hacer con los residuos nucleares es dejárselos a las generaciones futuras, dentro de infraestructuras que no aguantarán toda la vida radiactiva del material que contienen. O enterrarlos en estructuras cuya seguridad a largo plazo sólo podemos garantizar dentro de los límites del cálculo estadístico.
Sí, es momento de revisar el modelo energético. El calentamiento global y los gases de efecto invernadero marcan la agenda internacional. El miedo al desempleo marca la vida de cada individuo. Pero existen alternativas que pueden ayudar a matar dos pájaros de un tiro: con sistemas de autosuficiencia energética y generación distribuida podríamos reducir la factura energética y contribuir a un modelo más sostenible, bajo en emisiones de gases de efecto invernadero y sin residuos radiactivos.
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Deberíamos hablar más de Fukushima.
Se acerca el triste aniversario del accidente nuclear en Fukushima y, seguramente, el próximo 11 de marzo la prensa se llenará de artículos sobre el suceso. Pero lo cierto es que no le dedicamos la atención que merece. Especialmente en un país como España, donde el sol podría proporcionar toda la energía eléctrica que se necesita y donde las instalaciones nucleares causan tanto rechazo social que ni la promesa de empleo consigue callar las protestas populares. Hay muchas dudas sin aclarar y poca información, por eso dedico esta entrada a recopilar algo de información sobre el accidente de Fukushima y sus consecuencias:
- El riesgo y las consecuencias de un accidente como el de Fukushima son globales: las corrientes marinas de radioisótopos con periodos de semidesintegración de decenas o centenares de años y la actuación de las corrientes marinas han causado, desde el inicio de estos vertidos, la dispersión de la contaminación radiactiva por todo el Océano Pacífico. Al objeto de frenar esta fuga de radioisótopos, un año después, Tepco, la empresa propietaria de la central, empezará a cubrir de cemento el lecho marino.
- Los radioisótopos son bioacumulables. Pasan a la cadena trófica y llegan a la alimentación humana. Sigue siendo una de las principales tragedias del accidente de Chernóbil: "un cuarto de siglo después de la catástrofe el cesio sigue contaminando el ambiente, los acuíferos y los alimentos que allí crecen; y que el impacto psicológico y económico entre las más de 300.000 personas que fueron obligadas a abandonar sus casas permanece en forma de desajustes emocionales, miedos, ansiedad, una mala dieta y pobreza".
- El sensacionalismo no va a evitar que la radiactividad nos afecte. Desde el principio de la crisis nuclear de Fukushima, la prensa recoge el testimonio de los (fundamentalmente ancianos) que decidieron quedarse en la zona afectada por el accidente. Pero ¿podrán documentar los casos de afectados por comer atún contaminado con cesio o estroncio radiactivo? Efectivamente, existen controles sanitarios para mantener bajo el riesgo de afección a la saludo, pero nadie puede garantizar que la pieza de carne, pescado o fruta que te llevas a la boca no está afectada por contaminación.
- No ocupa titulares en la prensa pero la radiactividad sigue siendo alta en Japón, en particular, los niveles en Tokyo podrían ser bastante altos, y podría haber sido mucho peor.
- A pesar de que se plantea como la solución menos mala en relación al cambio climático, la energía nuclear no es una solución sostenible: mientras no sepamos qué hacer con los residuos nucleares y nos dediquemos a almacenarlos, estamos trasladando el problema a las generaciones siguientes.
¿Podía ocurrir otro accidente similar al de Fukushima? La respuesta es sí, por varios motivos, destacando dos:
- Teniendo en cuenta que el accidente se debió a un problemas en el sistema de refrigeración, cualquier central donde pueda fallar el sistema de enfriamiento de los reactores puede sufrir un accidente similar. Garoña es firme candidato a este tipo de fallos, especialmente en años de sequía como el que vivimos. Según las denuncias, esta instalación no es capaz de refrigerar adecuadamente y calienta el agua del Embalse del Sobrón que utiliza en su proceso de refrigeración. La ampliación de la vida útil de esta central es la compra de papeletas para la rifa.
- Se siguen construyendo centrales nucleares inseguras. A pesar de los avances para garantizar la seguridad, (que podamos saber) en China se siguen instalando centrales nucleares basadas en tecnología obsoleta.
Lo más grave de todo esto es que podríamos reducir el riesgo abandonando el uso de las fuentes nucleares con medidas de eficiencia energética, utilización de fuentes renovables y con un sistema inteligente de distribución de energía.
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Quién decide el modelo energético.
Esta misma tarde toca tertulia sobre el modelo energético. No asistiré, pero viendo la presentación quería aportar un granito de arena con una pregunta ¿quién decide el modelo energético?
En esta presentación aparecen gráficas sobre el uso de cuatro etiquetas #hashtag de twitter en febrero de 2012 (los datos son aproximaciones a vuela pluma de lo que se muestra en las gráficas:
- #pobrezaenergetica: pico de unos 2.200, acumulado de unas 2.500.
- #debateenergéticoya pico de 1.500 menciones, acumulado de unas 6.000.
- #paronrenovables: sin picos destacables pero con continuidad superior al resto y unas 1.600 menciones acumuladas.
- #renovablesoff: pico de 7.236 menciones. acumulado de unas 7.500.
Me llama poderosamete la atención la diferencia, tanto en el número como en la continuidad temporal del uso de ambas etiquetas. Sobre todo porque las dos primeras, (#pobrezaenergetica y #debateenergeticoya), referidas temas que afectan, fundamentalmente, a personas particulares, no llegan a conseguir el seguimiento de #paronrenovables (en el tiempo) o #renovablesoff (en cantidad puntual de repeticiones), que hablan de algo que afecta, fundamentalmente, a inversores y, por tanto, a un interés monetario.
Entiendo que el modelo energético y el debate sobre el mismo no debe centralizarse en la polémica nuclear frente a renovables que estos días se agudiza y posiciona en rojo y azul. Creo que debería analizar aspectos como la autosuficiencia energética y cómo promocionarla, la generación distribuida o la sostenibilidad (ambiental, económica, social, cultural...) del modelo.
Para que realmente sea un debate limpio, resulta clave diferenciar qué intereses hablan y dominan el discurso sobre el modelo energético: si son los del capital (primas al sector renovable) o los de las personas (esclavitud energética). Y resulta clave para decidir en qué sentido dirigimos el esfuerzo, así como el modo de participar en el mismo, especialmente si lo hacemos como personas individuales o en nombre del interés general.
Y para terminar una cita de un artículo más que recomendable:
"Este Internet, un paraíso para los consumidores, es también un infierno para los ciudadanos."
2012 Año Internacional de la Energía Sostenible para Todos.

2012 ha sido proclamado por Naciones Unidas como el Año Internacional de la Energía Sostenible para Todos. Empezando por el final, conviene recordar que "1.400 millones de personas carecen de acceso a la energía moderna, en tanto 3.000 millones dependen de la «biomasa tradicional» y carbón como las principales fuentes de energía". Sin acceso a la energía eléctrica escribir o leer en este medio, que en nuestro entorno es cotidiano, sería imposible. Pero una gran parte de la población mundial no dispone de energía eléctrica. Y se calienta o prepara la comida con lo que encuentra a mano para quemar. De esterilizar biberones o chupetes, mejor no hablamos: la energía es fundamental en nuestro modelo de desarrollo, no sólo para acceder a la cultura o el ocio, también en lo que a la higiene o a la salud se refiere.
Sostenible: implicaría un acceso a la energía de la generación presente sin comprometer a las generaciones futuras. Actualmente producimos una gran parte de la energía mediante la quema de combustibles fósiles. Agotar un recurso no renovable compromete la posibilidad de que en el futuro se siga obteniendo energía de esa misma manera. Como regalo, en esa combustión se generan gases de efecto invernadero que afectan, irreversiblemente al clima del planeta. Y otros gases y partículas contaminantes que afectan tanto a la salud de las personas como a los ecosistemas.
También sabemos producir energía a partir de procesos de fusión atómica. Generan menos emisiones de gases de efecto invernadero pero crean riesgos de consecuencias inaceptables. Al menos para los que las sufren. La sostenibilidad implica cautela, evitar posibles daños y buscar alternativas. Adicionalmente, en nuestras centrales nucleares se producen residuos radiactivos que no sabemos gestionar. Únicamente podemos almacenarlos, con la pertinente polémica, para trasladar el problema a unas décadas más tarde. Esto atenta contra el principio de equidad intergeneracional, por lo que tampoco parece la mejor manera de producir energía sostenible.
Existe un modelo alternativo, de autosuficiencia distribuida: que cada punto de consumo se convierte en su fuente de energía y el exceso se reparte. Disponemos de tecnología capaz de hacer posible ese sueño. Pero falta voluntad política. Las decisiones mediante las cuales se invierte el dinero público en mantener una industria basada en una forma obsoleta de obtener energía nos alejan del objetivo. Y abre una brecha que tienen nombre propio: pobreza energética, que, por cierto, es el tema del día en twitter. Toca revisar el modelo energético y toca hacerlo ya.
Renovables: especulación, trapicheo y autoconsumo.
Todo el mundo hablando de energía. Será que estamos en el Año Internacional de la Energía Sostenible para Todos, que nos revoluciona un poco la ubicación del Almacén Temporal Centralizado de residuos nucleares y que en breve celebra el Día de la Pobreza Energética. O eso o que las primas de alguien están haciendo mucho ruido, el parón a las renovables es el tema del día.
La blogosfera está llena de artículos que hablan de cómo funciona el sistema eléctrico, de las consecuencias del fin de las primas a las renovables o cartas al ministro del ramo. Hoy traigo un granito de arena a esa reflexión sobre el modelo energético. Eso sí, desde un punto de vista un poco desenfadado e informal que me lleva a clasificar a los productores de energía renovable en tres categorías:
- Especulación: es el productor de energía con capacidad suficiente como para ganar dinero alrededor del negocio, con independencia del mercado de la energía. Con la crisis del ladrillo necesita mover su dinero y lo pone en forma de parque eólico. Lo mismo compra alguna empresa petrolera, vende acciones en una eléctrica o invierte en el negocio nuclear. Le mueve el dinero y está por encima del bien y del mal, tiene poder para influir en las decisiones políticas que harán que siempre siga ganando pasta, sea quemando carbón o fabricando coches eléctricos. Tiene la hucha puesta y todo el que quiera energía tiene que poner todos los meses un poco en la hucha. Por supuesto cualquier variable que no entre en la cuenta de resultados le da lo mismo.
- Trapicheo: es el oportunista, que ha visto el negocio y se ha puesto a ello, a ver si en una de estas sale de pobre. Tiene un terreno o posibilidad de acceder a él. Se ha enterado de unas subvenciones a la energía eléctrica y que los grandes la tienen que comprar, así que se lanza al ruedo. No tiene capacidad de convertir en oro todo lo que toca, pero intenta hacer crecer su dinero a corto o, como mucho, medio plazo. La variable ambiental le interesa en tanto que argumento para seguir manteniendo las primas a su actividad, pero los números que ha hecho le permiten decidir, en un momento dado, quemar gasoil para seguir metiendo electricidad en el sistema. Si las cosas van bien, saca de la hucha del especulador más de lo que mete. Si van mal acabará dándose cuenta de que los negocios piramidales no funcionan.
- Autoconsumo: es el más peligroso de todos porque opera al margen del sistema. Tradicionalmente se enganchaba al cable que pasaba cerca de su ventana y listo. En los últimos tiempos se ha sofisticado: con unos paneles fotovoltaicos y otros térmicos consigue electricidad y calor para sobrevivir. En ocasiones lo complementa con un pequeño molino. No debe nada a nadie y nadie le puede meter mano en la hucha, si es que le queda algo después de la instalación. Implicado en el medio ambiente en tanto que la sostenibilidad le permite sobrevivir pagando menos facturas.
Información ambiental, participación pública y ATC
En el día en el que la celebración de la educación ambiental se ha convertido en tendencia tuitera, no me puedo resistir a señalar con el dedo uno de los agujeros negros de la educación ambiental: el modelo energético. Tal vez hemos conseguido concienciar y dotar a la población de los conocimientos necesarios para adoptar una aptitud de ahorro energético, pero ¿qué pasa con la participación?
Durante décadas se ha hecho una gran inversión pública y privada en concienciar a la población sobre la necesidad de las centrales nucleares para la producción de electricidad en España. Se ha hecho un gran esfuerzo para informar sobre los riesgos reales de la radiactividad. A pesar de ello el rechazo a todas las instalaciones que tienen que ver con esta forma de obtener energía es evidente. El camino rápido es tildar de ignorantes a los que manifiestan miedo porque la salud de sus hijos pueda verse afectada. El insulto fácil implica obviar el pastizal invertido en borrar del imaginario colectivo las consecuencias del accidente de Chernóbil, así como despreciar el esfuerzo de décadas de trabajo del Consejo de Seguridad Nuclear, ENRESA y Foro Nuclear.
No pueden ser sólo miedo e ignorancia. El rechazo a lo nuclear en España descansa en otros pilares. Desde mi punto de vista, están apuntalados en la desinformación y en la falta de participación en los procesos de toma de decisiones. Basta revisar el caso de las filtraciones de agua en El Cabril: media década de negaciones, ratificaciones, investigaciones, dudas... No ha pasado nada, si ha pasado no es peligroso, pasó pero no volverá a pasar... Otro mítico son las cenizas viajeras de Acerinox. Por no hablar de las incontables paradas no programadas o de los incumplimientos de las autorizaciones de vertido.
Por otro lado, los presidentes del gobierno se jubilan en las empresas que se favorecen por un modelo energético que no vela por el interés general y, a pesar de las alternativas, manifestadas incluso por sus propios partidos, nos condenan a seguir pagando la factura a los que producen el riesgo y los residuos radiactivos.
Los ciudadanos siguen indefensos, a pesar de la normativa sobre acceso a la información ambiental y el derecho a participar, seguimos participando en el juego perverso de los hechos consumados y las decisiones impuestas. Reducir el debate a si el cementerio nuclear debe estar o no en Villar de Cañas es insultar al personal infantilizando el debate. ¿Un almacenamiento temporal resuelve el problema? ¿Qué pasa con los residuos radiactivos cuando la instalación llega al final de su vida útil? El Almacenamiento Temporal Centralizado y posterior Almacenamiento Geológico Profundo no solucionan el problema de los residuos radiactivos, únicamente lo desplazan en el tiempo, dejándoselo a las generaciones futuras.
Al menos en materia de energía, tenemos que ponernos las pilas. No basta tener gente sensibilizada dispuesta a movilizarse en contra del cementerio nuclear. Debemos preparar ciudadanos capaces de cuestionar modelos y dotarles de las herramientas necesarias para cambiarlos, participando en todas las etapas del proceso de toma de decisiones. Plantear alternativas viables y defenderlas. Personas capaces de identificar el interés general detrás de la cortina de infoxicación que secuestra la voluntad popular y pervierte la definición de desarrollo sostenible:
Satisfacer las necesidades de las generaciones presentes sin comprometer
las posibilidades de las del futuro para atender sus propias necesidades
Los gigantes nos la están metiendo doblada con la eólica.

Leo en la Comunidad ISM, vía @molcru, el titular El Tribunal Superior extremeño anula las DIA de parques eólicos paralizados por la Junta, el desarrollo de la noticia no deja lugar a dudas:
El Tribunal Superior de Extremadura ha dictado once sentencias por las que, de una forma u otra, tendrán el efecto inmediato de dar salida a instalaciones que estaban paradas desde 2008 hasta ahora. Aunque las sentencias se aplican en Extremadura pueden sentar un precedente por otros tribunales regionales. Los fallos tendrán un impacto económico relevante en las zonas elegidas para su instalación.
El Tribunal ha autorizado la instalación inmediata de seis parques porque obliga al Consejo de Gobierno a concederla al decidir el propio tribunal la viabilidad medioambiental y urbanística de las plantas. Aunque la Junta recurra al Supremo, los parques pueden pedir la ejecución provisional.
Es decir, como están de moda los empleos verdes, como tenemos encima una crisis que no mueve ni un duro, como no sabemos gestionar la emisiones de gases de efecto invernadero y como resulta que las compañías eléctricas son dueñas del interés general del país, vamos a poner molinos eólicos indiscriminadamente por todo el territorio, como si no tuviesen un impacto ambiental negativo y como si fuesen la panacea para todos nuestros problemas.
Según el último Informe Anual del Defensor del Pueblo, la Declaración de Impacto Ambiental es un instrumento para la preservación de los recursos naturales y la defensa del medio ambiente que no puede convertirse “en una autorización -más o menos discrecional- para impactar”. Pero parece que, llegado el momento, el medio ambiente y los recursos naturales deben supeditarse al interés monetario de unos pocos, a ser posible, con la connivencia de los poderes públicos.
Con carácter previo a la Evaluación de Impacto Ambiental, la legislación ambiental tiene prevista la Evaluación Ambiental Estratégica. Me pregunto si se habrá tenido en cuenta a la hora de sentenciar a favor de las instalaciones eólicas. En particular, considerando las posibles alternativas al problema energético, incluidos sus correspondientes empleos verdes y flujos monetarios, puede que la opción de ocupar el territorio con molinos no sea estratégicamente óptima.
El problema no son los molinos: son los gigantes, amigo Sancho. El problema es obtener y distribuir energía. Y hay muchas formas de resolverlo, entre otras mediante un modelo descentralizado, que genere la energía a partir de recursos disponibles en los puntos de consumo: sol y viento. Plantemos las azoteas y fachadas de los edificios, naves industriales y cualquier infraestructura susceptible de recibirlos, con paneles solares y molinos para microgeneración.
Espero que, aun siendo demasiado tarde, a la vista de las consecuencias ambientales, económicas, sociales, culturales y de toda índole, de la actuación de nuestros gestores seamos capaces de exigirles las debidas responsabilidades y que paguen en tiempo y forma por el expolio al que nos están sometiendo, a cuenta de una crisis económica en la que nos han metido, precisamente, para tener las manos libres y callarnos las bocas.
Debate energético sí, pero… con las personas.
Abro esta entrada para dar respuesta a una pregunta tuitera de @ivanroblesml, en relación a mi última nota sobre el modelo energético.
Si me preguntas "Crees que potenciará la producción de energías renovables en propiedades privadas? En casas por ejemplo? solar, eólica, etc?" la respuesta corta es que creo que no. Básicamente entiendo que la pregunta es en impersonal "¿se potenciará?". Pero ese "se" no existe. Oculta una serie de agentes que pueden hacer de la bonita promesa del modelo distribuido de producción energética una realidad más sostenible de la que vivimos ahora.
¿Quienes van a potenciar que cada edificio sea su propia central eléctrica? Desde luego no serán las empresas cuyo modelo de negocio consiste en mantener el control centralizado de la producción y la distribución de energía. Tampoco van a ser los partidos políticos, de alguna manera tienen que financiar sus campañas, garantizar la continuidad de los medios de comunicación afines... Sobre lo que cabría esperar de nuestros representantes, esos que cobran pensiones vitalicias en compensación por decisiones tomadas en favor del interés general, mejor una cita recordatorio:
...los ex presidentes del Gobierno José María Aznar y Felipe González, ‘fichados’ por las grandes compañías energéticas Endesa y Gas Natural Fenosa como asesor externo y como consejero, respectivamente, “tuvieron desde sus importantes cargos públicos mucho que ver en el rosario de privatizaciones que enajenaron el patrimonio público, a veces en condiciones muy oscuras. Tras ese pasado, su incursión ahora en el sector privado energético la considero éticamente reprobable”.
Así las cosas, es importante que las personas tengamos voz y voto en el debate energético. Sí, podemos despotricar en tuiter y crear grupos de feisfull en los que ponernos a parir entre nosotros. Argumentamos para demostrar quién es más afín a qué integrismo radical anti o pro nuclear. Pero la conversación debería ser otra: el camino de la autosuficiencia energética está abierto. Y podemos caminarlo, pero necesitamos hacerlo juntos. Las tecnologías para que cada hogar sea su propia central eléctrica están en la calle. Pero son caras y de disponibilidad limitada. Ni los principales agentes económicos, ni el poder político tienen interés en que eso cambie: nos proponen recetas cocinadas según sus preferencias y se las legitimamos con un voto cada cuatro años. Las opciones que están fuera de los intereses de mercado de las empresas que financian el poder y sus medios de comunicación afines no llegan al gran público, no se debaten y, por su puesto, no se subvencionan.
Tenemos claro qué es lo que quieren y están dispuestos a ofrecernos los distintos grupos de poder. El dinero público es un recurso escaso y debería destinarse al interés general. Empieza a ser hora de que el ciudadano individual se plantee qué es lo que necesita y cómo quiere resolver sus necesidades. Por todo ello, para saber si realmente existe algo distinto de lo que persiguen los grupos de poder y que podamos llamar interés general, tenemos que hacernos preguntas en voz alta y, si es preciso, salir a la calle a gritar las respuestas:
- ¿Queremos neumáticos eficientes o preferimos molinos de viento y paneles solares en las azoteas de nuestras casas?
- ¿Queremos mantener el empleo en la automoción basada en la combustión o aumentar la oferta de vehículos eléctricos?
- ¿Queremos seguir comprando petróleo caro o preferimos producir residuos radiactivos de alta actividad?
- ¿Queremos viajar más despacio a cambio de más días de vacaciones?
- ¿Queremos que nuestros funcionarios reciban cursos de Adobe® Photoshop® o que retoquen fotografía con software libre?
...añada aquí las suyas...
Es el modelo energético.
A cuenta de la revolución en el mundo árabe y su repercusión sobre los equilibrios geopolíticos teníamos como loco al lobby pro nuclear. No pierden una: que si reduce las emisiones de gases de efecto invernadero, que si evita la dependencia, que si es limpia, que si es barata, que si es segura... ¡viva la fisión nuclear! Un terremoto y un tsunami han cambiado las tornas: los ecologistas a la carga con los evidentes riesgos de esta forma de obtener energía. Gran momento para hacerse antinuclear. O, si ya lo eras, para gritar bien fuerte: Nucleares NO.
El caso es que, el debate energético, de haberse producido formalmente alguna vez, sigue abierto. Y es una lucha bastante injusta y desproporcionada. Hace unos pocos años todo el mundo se hacía la foto con la Red de Distribución Energética Inteligente de Rifkin. Pero quien tiene pasta para llevar su discurso a los medios y al gran público es el Foro Nuclear, que, a la vista de los resultados, hace su trabajo bastante mal. O eso o es que todo el dinero que se gastan en deformarnos la mente, infoxicarnos y lavarnos el cerebro estaría mejor invertido en otras cosas.
El caso es que la desinformación fluye y seguimos con tópicos que se marcan a fuego, a pesar de que la realidad va por su propio camino. ¿Sabían que el saldo energético patrio es exportador? Sí, vendemos electricidad a Francia. Prima el juego político de repartirse al electorado con el discurso. Discurso hueco, porque la aplicación práctica de las palabras bonitas, ni llega, ni se la espera. ¿Se imaginan la catástrofe supondría que cada edificio fuese su propia central eléctrica?
Así las cosas me van a permitir que me repita: ya está bien de debate nuclear, afrontemos el debate energético. No me quiero conformar con la menos mala de las opciones: esa también sigue evitando que avancemos en un cambio de modelo.
Convendría recordar que estamos ante el fin del petroleo barato. Bien sea que los productores mienten, que los chinos cada vez demandan más petróleo, que hemos superado el pico de Hubbert, que se alteran los equilibrios geopolíticos o la crisis sistémica del mundo financiero. En el supuesto de que consigamos reordenar los mercados ¿cómo vamos a pagar el creciente precio del petróleo? La pobreza energética está servida.
En este orden de cosas, me van a permitir que sea crítico. No se trata de la seguridad de las centrales nucleares. Ni del precio o la disponibilidad de petroleo. La clave del asunto radica en que tenemos un modelo energético diseñado por y para los que se forran a costa de nuestras necesidades: son los que deciden cuando suben el precio, cuando nos cierran el grifo, donde van las subvenciones y dictan el literal del próximo Real Decreto. Hemos permitido que gasten nuestro dinero en operaciones especulativas que no solucionan el problema: con el dinero público se sigue perpetuando un sistema de producción energética controlado por pocos agentes.
Es urgente que empecemos a tomar medidas para cambiar el modelo energético. Tal vez en tiempos de bonanza económica era un capricho ecologista, pero empieza a ser necesario para subsistir. No sólo individualmente, también para los que van a perder el poder, de la mano de una deuda difícil de controlar, cuando la dependencia energética exterior marca el ritmo de la economía.
Por supuesto, lo que se ahorra no hace falta producirlo, así que apaga y vámonos.

