productor de sostenibilidad pintarlo de verde (o azul) únicamente cambiaría el color

8sep/114

Para salir de la crisis hay que trabajar menos.

Parece que la consigna para mejorar la situación económica es trabajar más, ampliando la jornada laboral. Hasta 60 horas semanales piden algunos. ¿Se imaginan tener a una persona encerrada 10 horas al día 6 días a la semana? ¿Cómo puede eso aumentar su productividad?

Suponiendo un tiempo desplazamiento de 45 minutos hasta el puesto de trabajo y un descanso de una hora para comer, cumplir 10 horas diarias de jornada laboral requiere una dedicación de 12 horas y media. Suponiendo que el individuo dedique a dormir, cenar y desayunar otras 8 horas, le quedan libres unas 3'5 horas, en las que tendrá que atender obligaciones personales, necesidades de aprovisionamiento y, con el tiempo que sobra, ocio y cultura, de hacer deporte o enfermar, mejor no hablamos.

Con la jornada laboral de 10 horas podemos atender todo el horario comercial con una única persona: empieza a las 9:00 de la mañana, para a comer a las 14:00 y luego de 16:00 a 22:00. Y que aproveche las dos horas de medio día para ir al gimnasio o algo. Esto sólo le dejaría libre 2'5 horas, pero con un trabajo tan edificante como vender ropa barata fabricada en China, cobrar al consumidor en la línea de cajas del super o servir hamburguesas... ¿quién necesita tiempo libre fuera del trabajo?

Por supuesto, para aumentar la productividad contratamos mano de obra barata, a la que no pedimos ningún tipo de formación y a la que pagamos un salario mínimo, ya que, con la crisis, hay mucha gente en paro dispuesta a coger estos trabajos tan productivos e ilusionantes.

La cuestión es que si tienes a una persona encerrada durante 10 horas al día tendrá que atender durante esas 10 horas distintas necesidades, que van desde las meramente fisiológicas a otras como relación, atención sanitaria, ocio. Si una persona sale de su casa a las 8:15 y vuelve a las 22:45, entre medias tendrá la inquietud de saber qué es de sus seres queridos, tendrá que organizar planes para el día libre o hacer la compra. Tendrá que pagar los recibos y la consulta del médico, o, con un poco de suerte, algún tipo de actividad formativa. Así, una jornada excesivamente larga, provoca, inevitablemente, absentismo laboral, aunque sea de cuerpo presente, en tanto que el trabajador no puede estar dedicado todo ese tiempo a su trabajo.

Una jornada racional permitiría al trabajador ser productivo desde que entra por la puerta hasta que sale. Si la jornada laboral fuese, por ejemplo, de 21 horas semanales, unas 5 horas y cuarto 4 días a la semana en jornada flexible, el empresario podría exigir pleno rendimiento y el trabajador estar dedicado exclusivamente a su trabajo durante esas 5 horas, atendiendo su vida personal fuera del horario laboral. Los turnos serían más eficientes, y se aumentaría la productividad de la empresa, ya que nadie estaría dedicando los medios de producción para llamar a casa de la abuela a ver qué tal ha comido el niño. Es más nadie se quedaría calentando la silla a la espera de que volviese el jefe contando chistes después de una comida con los clientes: la gente simplemente haría su trabajo y volvería a su vida, sin necesidad de pasar media mañana chismeando sobre la vestimenta de la secretaria de dirección o sobre el amante del chófer del Director General.

Tal vez distribuir el horario de trabajo entre más personas podría implicar una disminución salarial, pero también una reducción de costes: cada cual podría hacerse cargo de las tareas del hogar, atender a sus seres queridos (niños o ancianos) y, sobre todo, permitiría a una mayor  cantidad de personas acceder al mercado laboral y disponer de un flujo monetario con el que participar en el sistema de consumo. Creo recordar que esta era una crisis de consumo por falta de liquidez.

Igual es una visión simplista, pero si de lo que se trata es de salir de la crisis, igual es tiempo de leer propuestas más elaboradas y empezar a ponerlas en práctica. Si de lo que se trata es de expoliar los pocos derechos que quedan a la clase trabajadora, no hablemos más.

14mar/112

Es el modelo energético.

A cuenta de la revolución en el mundo árabe y su repercusión sobre los equilibrios geopolíticos teníamos como loco al lobby pro nuclear. No pierden una: que si reduce las emisiones de gases de efecto invernadero, que si evita la dependencia, que si es limpia, que si es barata, que si es segura... ¡viva la fisión nuclear! Un terremoto y un tsunami han cambiado las tornas: los ecologistas a la carga con los evidentes riesgos de esta forma de obtener energía. Gran momento para hacerse antinuclear. O, si ya lo eras, para gritar bien fuerte: Nucleares NO.

El caso es que, el debate energético, de haberse producido formalmente alguna vez, sigue abierto. Y es una lucha bastante injusta y desproporcionada. Hace unos pocos años todo el mundo se hacía la foto con la Red de Distribución Energética Inteligente de Rifkin. Pero quien tiene pasta para llevar su discurso a los medios y al gran público es el Foro Nuclear, que, a la vista de los resultados, hace su trabajo bastante mal. O eso o es que todo el dinero que se gastan en deformarnos la mente, infoxicarnos y lavarnos el cerebro estaría mejor invertido en otras cosas.

El caso es que la desinformación fluye y seguimos con tópicos que se marcan a fuego, a pesar de que la realidad va por su propio camino. ¿Sabían que el saldo energético patrio es exportador? Sí, vendemos electricidad a Francia. Prima el juego político de repartirse al electorado con el discurso. Discurso hueco, porque la aplicación práctica de las palabras bonitas, ni llega, ni se la espera. ¿Se imaginan la catástrofe supondría que cada edificio fuese su propia central eléctrica?

Así las cosas me van a permitir que me repita: ya está bien de debate nuclear, afrontemos el debate energético. No me quiero conformar con la menos mala de las opciones: esa también sigue evitando que avancemos en un cambio de modelo.

Convendría recordar que estamos ante el fin del petroleo barato. Bien sea que los productores mienten, que los chinos cada vez demandan más petróleo, que hemos superado el pico de Hubbert, que se alteran los equilibrios geopolíticos o la crisis sistémica del mundo financiero. En el supuesto de que consigamos reordenar los mercados ¿cómo vamos a pagar el creciente precio del petróleo? La pobreza energética está servida.

En este orden de cosas, me van a permitir que sea crítico. No se trata de la seguridad de las centrales nucleares. Ni del precio o la disponibilidad de petroleo. La clave del asunto radica en que tenemos un modelo energético diseñado por y para los que se forran a costa de nuestras necesidades: son los que deciden cuando suben el precio, cuando nos cierran el grifo, donde van las subvenciones y dictan el literal del próximo Real Decreto. Hemos permitido que gasten nuestro dinero en operaciones especulativas que no solucionan el problema: con el dinero público se sigue perpetuando un sistema de producción energética controlado por pocos agentes.

Es urgente que empecemos a tomar medidas para cambiar el modelo energético. Tal vez en tiempos de bonanza económica era un capricho ecologista, pero empieza a ser necesario para subsistir. No sólo individualmente, también para los que van a perder el poder, de la mano de una deuda difícil de controlar, cuando la dependencia energética exterior marca el ritmo de la economía.

Por supuesto, lo que se ahorra no hace falta producirlo, así que apaga y vámonos.

14ene/110

Modelos de decrecimiento: pueblos en transición.

Como escribía ayer, la red está llena de información y documentales sobre las posibilidades de reconducir el modelo de desarrollo en el que estamos involucrados. No todos han tenido la repercusión que "comprar, tirar, comprar". Particularmente la información sobre decrecimiento y modelos de sostenibilidad queda rápidamente silenciada por los mensajes publicitarios verdes destinados a mantener un ritmo de consumo insostenible.

Así pues, tras el toque de atención de "comprar, tirar, comprar", puede ser un buen momento para dar visibilidad a otros documentales que van más allá y nos ofrecen alternativas al modelo de consumo que la industria nos impone. Sin ir más lejos, en la propia mediateca de RTVE tenemos un documental muy interesante "pueblos en transición".

¿Puede imaginarse una vida sin petróleo? ¿Qué pasaría si mañana el petróleo se convirtiera en un bien escaso y caro? La sociedad industrial se instaló en la historia de los seres humanos aportando desarrollo y riqueza pero haciéndola dependiente del transporte. Una de las respuestas a esta dependencia del petróleo la protagonizan aquellos que defienden un modelo de vida más autosuficiente y mucho más local.

En poco más de 25 minutos se nos expone cómo se está empezando a experimentar en España el movimiento mundial de las ciudades en transición: una forma de organizar el desarrollo teniendo en cuenta aspectos clave como el cambio climático, el final del petróleo barato y la necesidad de ensayar modelos de adaptación a lo que nos espera en un futuro próximo.

El escarabajo verde: Pueblos en transición

23nov/100

Revolución Cantona, la crisis y el poder de la masa.

La prensa, el feisbuc, los foros... la revolución de Cantona está en todas partes. Está predicando una nueva forma de cambiar el mundo: bastaría con sacar el dinero del banco. La idea no es nueva, desde hace unos años está convocada una huelga de ahorros que anima a la retirada mensual de, al menos, una cantidad simbólica cada mes. La cita, esta vez, es para el próximo 7 de diciembre. Lo nuevo es que el pasado domingo salió en las noticias (minuto 30 aproximadamente).

Sacar el dinero del banco no va a resolver la crisis. Las entidades financieras tienen formas de impedir que sus clientes retiren todo el dinero a la vez y, en el hipotético caso de que facilitasen a todos los clientes la cantidad demandada, disponer de una cantidad de efectivo importante también podría suponer un problema para el ciudadano medio: los billetes no se comen y los colchones no parecen ser el sitio más seguro para guardarlos.

Estamos viendo perder a distintos países europeos su soberanía nacional a cuenta de la deuda monetaria. Hasta fechas recientes esto parecía cosa del tercer mundo. Como mucho de Argentina. Pero Grecia e Irlanda ya no controlan su política económica. Se han visto obligados a cederla a los organismos europeos e internacionales. Los "mercados" han forzado esta situación y parece que seguirán forzándola en otros lugares. Es el fin del poder distribuido, si es que alguna vez existió algo que se pudiese llamar así.

La retirada de una cantidad simbólica por parte de un número importante de personas podría ser una llamada de atención. Un aviso de que hemos entendido el mensaje y de que somos conscientes del poder que los ciudadanos podríamos llegar a tener. Si no fuese porque, a pesar de nuestra capacidad de compartir información a través de las herramientas sociales de internet, tenemos delegado el poder en unos pocos políticos que no tienen más remedio que seguir las "recomendaciones" del FMI o ceder directamente la gestión de sus políticas económicas a los organismos internacionales.

Nos predican el colapso del sistema como oportunidad para empezar de nuevo.  Pero necesitamos comprender por qué ha fracasado este modelo de desarrollo para no repetir la Historia. A medida que pasa el tiempo las posiciones se radicalizan alrededor de las estructuras de poder político y económico que, con el único objetivo de perpetuarse en el tiempo, siguen dividiendo y enfrentando a la sociedad. ¿Intentan hacernos olvidar que seguimos siendo actores imprescindibles en nuestro propio destino?.

Estamos ante una oportunidad única de transición ¿qué queremos dejar por el camino?.

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5mar/105

pero… ¿tiene arreglo?

A primera vista, la campaña estosololoarreglamosentretodos parece un ingenuo ejemplo de lo que los fricazos llaman wishfull thinking o pensamiento ilusorio.

Pero cuando te enteras de que la cosa está financiada con 4 millones de euros y fomentada por las Cámaras de Comercio, te das cuenta de que no es más que otro perverso ejercicio de gatopardismo (¿premonitorio que recientemente regalasen la peli con un diario de tirada nacional?). Especialmente si la respuesta es un buen puñado de grupos de facebook y páginas web capaces de reunir más seguidores que la propuesta "original". Pero... ¿realmente "esto" tiene arreglo?

Si el mes pasado Richard Heinberg se centraba en argumentar cómo los esfuerzos de las distintas potencias se centran más en ser la última en caer, que en salir de la crisis,  su última entrega es una reflexión sobre la vida después del crecimiento. Lo hace de un modo introspectivo, reflexionando sobre su propio posicionamiento respecto al modelo de desarrollo en el que vivimos. Apunta ideas muy interesantes:

¿Es posible volver a la normalidad? ¿Qué pasa si la economía normal de finales del siglo veinte, de aparentemente crecimiento infinito estaba anclada en una serie de condiciones que no se pueden perpetuar? Tal vez la "normalidad" se ha disipado y ha sido sustituida por una "nueva normalidad". Richard Heinberg propone que estamos en una transición desde una fase expansiva de la economía a una situación posterior al crecimiento. Un proceso análogo al de una planta adulta o un ecosistema maduro, donde se establecen unas condiciones de equilibrio que mantienen cierta estabilidad, en detrimento del crecimiento acelerado y la productividad de las etapas anteriores. Lo expresa con cuatro ideas:

- Hemos llegado al final del crecimiento tal y como lo conocíamos: la crisis posiblemente marca una ruptura con las últimas décadas, durante las que se adoptó la visión poco realista, de un crecimiento económico perpetuo necesario y posible. Hay límites incuestionables a ese crecimiento y los hemos encontrado.

- Conocimiento de los factores básicos que conformarán lo que venga a sustituir el crecimiento: aunque no sepamos qué economía y modo de vida serían deseables después del crecimiento, sabemos que se puede empezar a trabajar para mantener la sociedad en los márgenes de la sostenibilidad.

- La economía puede funcionar durante siglos y milenios con escaso o nulo crecimiento: así fue durante la mayor parte de la historia y podrá ser en el futuro. El fin del crecimiento no significa el fin del mundo.

- La vida sin crecimiento económico puede ser plena, interesante y segura: es importante no perder de vista que una economía sin crecimiento o en equilibrio sigue permitiendo el desarrollo de habilidades prácticas, la expresión artística, el avance de la tecnología... Se trata de redefinir objetivos: sustituir más por mejor. Aumentar la calidad de vida de las personas reduciendo su consumo. ¿Por qué no redefinir el mismo concepto de crecimiento?

Richard Heinberg afirma que la transición a sistema posterior al crecimiento económico experimentado en las últimas décadas es inevitable. Y que está en nuestra mano idear y planificar ese nuevo modelo.

The transition to a no-growth economy (or one in which growth is defined in a fundamentally different way) is inevitable, but it will go much better if we plan for it rather than simply watching in dismay as institutions we have come to rely upon fail, and then try to improvise a survival strategy in their absence.

In effect, we have to create a desirable “new normal” that fits the constraints imposed by depleting natural resources. Maintaining the “old normal” is not an option; if we do not find new goals for ourselves and plan our transition from a growth-based economy to a healthy equilibrium economy, we will by default create a much less desirable “new normal” whose emergence we are already beginning to see in the forms of persistent high unemployment, a widening gap between rich and poor, and ever more frequent and worsening financial and environmental crises—all of which translate to profound distress for individuals, families, and communities.

En este punto, volviendo a la campaña de las principales economías patrias, me planteo ¿arreglarlo entre todos? ¿por qué no aprovechar para cambiarlo? Es el momento de concentrar nuestro esfuerzo en construir un futuro diferente, no deberíamos pararnos a escuchar cantos de sirena ni volver la mirada atrás.

En este sentido, la reflexión de Richard Heinberg continua con su experiencia personal, un recorrido desde las evidencias del final de un modelo de desarrollo a la incipiente transición a uno nuevo. De los límites del crecimiento a las ciudades de transición. Pasando por el cénit del petróleo. En definitiva, una lectura muy recomendable para todo el que realmente tenga inquietudes en relación con el momento económico que vivimos o esté buscando alternativas pasa salir de la crisis en la que vivimos.

Me llama la atención como desde distintos puntos de vista se llegua a conclusiones similares en cuanto a lo que nos espera los próximos años:

Richard Heinberg sobre el Peak Oil:

As early as 1998, Campbell, Laherrère, and others were discussing a Peak Oil impact scenario that went like this. Sometime around the year 2010, they theorized, stagnant or falling oil supplies would lead to soaring and more volatile petroleum prices, which would precipitate a global economic crash. This rapid economic contraction would in turn lead to sharply curtailed energy demand, so oil prices would then fall; but as soon as the economy regained strength, demand for oil would recover, prices would again soar, and the economy would relapse. This cycle would continue, with each recovery phase being shorter and weaker, and each crash deeper and harder, until the economy was in ruins.

Marc Vidal sobre la economía española:

la metáfora que ejemplifica mejor la realidad es la de imaginar una pelota cayendo por unas escaleras. A cada rebote parece que supera la altura del escalón anterior, sin embargo, sigue cayendo. Al final se deposita en el firme y rueda en el sótano.

Si no han tenido suficiente aquí tienen algunas citas selectas del viaje de Heinberg:

And so predictably a book saying that growth cannot and will not continue beyond a certain point proved profoundly upsetting in some quarters, and soon Limits to Growth was prominently “debunked” by public relations efforts organized by pro-growth business interests. In reality, this “debunking” merely amounted to taking a few numbers in the book completely out of context, citing them as “predictions” (which they explicitly were not), and then claiming that these predictions had failed. The ruse was quickly exposed, but rebuttals often don’t gain nearly as much publicity as accusations, and so today millions of people mistakenly believe that the book was long ago discredited. In fact, the original Limits to Growth scenarios have held up quite well

...

I quickly realized that Peak Oil would likely be the first non-negotiable global limit to growth. The hazy forecast that industrial society would hit a wall sometime in the 21st century was suddenly focused to a painful specificity. Growth had acquired a hard expiration date.

Of course, oil does not pose our only societal limit, or even the most important one in the bigger scheme of things: climate, water, and topsoil are clearly more crucial in the long run.

...

I soon realized that the Industrial Revolution was really the Fossil Fuel Revolution, and that our modern food system is based on cheap fossil energy. Further, the entire phenomenon of continuous economic growth—including the development of the financial institutions that facilitate growth, such as fractional reserve banking and the marketing of derivatives—is ultimately based on ever-increasing supplies of cheap energy.

...

Meanwhile, volatile oil prices would frustrate investments in energy alternatives: one year, oil would be so expensive that almost any other energy source would look cheap by comparison; the next year, the price of oil would have fallen so far that energy users would be flocking back to it, with investments in other energy sources looking foolish. Investment capital would be in short supply in any case because the banks would be insolvent due to the crash, and governments would be broke due to declining tax revenues. Meanwhile, international competition for dwindling oil supplies might lead to wars between petroleum importing nations, between importers and exporters, and between rival factions within exporting nations.

...

Yet at the Copenhagen climate conference in December, 2009, the priorities of the most fueldependent nations were clear: carbon emissions should be cut, and fossil fuel dependency reduced, but only if doing so does not threaten economic growth.

The cruel irony, obvious to my Peak Oil-aware colleagues but apparently not to the delegates at Copenhagen, was that the decades-long era of rapid economic growth based on increased fossilfueled production and consumption is over anyway. The world's last chance to collectively, cooperatively negotiate a turn away from the precipice was being squandered for the sake of a goal that was no longer achievable.

...

The world has entered a new era. The project of awakening and warning policy makers and the general public was worthy of the investment of all the effort we could muster. In fact, it would have been negligent of the Limits to Growth authors, Colin Campbell, Jean Laherrère, and thousands of climate and environmental scientists and activists (myself included) not to give it our best shot. But it is now too late to avert a collapse of the existing system. The collapse has begun.

It is time for a different strategy.

13ene/100

Consulta pública sobre el anteproyecto de Ley de Economía Sostenible

Desde la página web del Ministerio de Economía y Hacienda:

Con fecha 11 de enero de 2010 queda abierto a través de esta página Web el trámite de consulta pública sobre el texto del anteproyecto de Ley de Economía Sostenible y su memoria de impacto normativo.

Las observaciones y comentarios pueden remitirse, dentro de los próximos 15 días, a la siguiente dirección de correo electrónico: les@meh.es

* Anteproyecto de Ley de Economía Sostenible (PDF aprox. 1009 KB)
* Memoria de impacto normativo del anteproyecto de Ley de Economía Sostenible (PDF aprox. 411 KB)
* Anteproyecto de Ley Orgánica complementaria de la Ley de Economía Sostenible por la que se modifica la Ley Orgánica 6/1985, de 1 de julio, del Poder Judicial (PDF aprox. 24 KB)

23sep/093

Empleos verdes, más allá de la política.

© Greenpeace / Kate Davison

© Greenpeace / Kate Davison

Empecemos con una anécdota: Van Jones, consejero especial para "empleos verdes", empresa e innovación de la Casa Blanca, presenta su dimisión el 5 de septiembre de 2009.

¿Qué son empleos verdes? Llevamos tiempo hablando de empleo en el "sector ambiental", ocupaciones relacionadas con el medio ambiente y la riqueza que generan. Hay estudios de fundaciones, empresas consultoras, entidades de formación... Tal vez los trabajos más destacables, por su proximidad a lo que podríamos considerar “formal”, sean los desarrollados por el Servicio Público de Empleo Estatal.

En este caso, “formal” es la Clasificación Nacional de Ocupaciones, anterior a uno de los hitos que desencadenan la oleada de publicaciones relacionadas con el empleo verde: la norma ISO 14001 de 1996. En pleno proceso de revisión, la Clasificación Nacional de Ocupaciones es el instrumento que, quizá algún día, nos permitirá hacer estadísticas fiables y trazables en lo que a empleo (verde o de otros colores) se refiere. Eso suponiendo que las estadísticas oficiales pudieran reflejar un sector tan "amplio" y "dinámico" como el de la sostenibilidad. No está de más recordar que hay diversos colectivos profesionales que llevan luchando más de una década por su incorporación en estos listados de oficiales, entre otras cosas para poder inscribirse adecuadamente como demandantes de empleo en el INEM.

Salgo del ciclo de conferencias de EOI pensando que el asunto de los "Green Jobs" es una cuestión política. Lo que no tengo tan claro es si nuestra clase política está dispuesta a actualizar los mecanismos que en nuestro mercado de trabajo garantizarían la trazabilidad a los datos que se nos presentan.

Por cierto, una vez concluido que no sabemos qué sumar en concepto de "greenjob", no se si es sostenible seguir publicando estudios sobre el empleo verde. Lo que sí está empezando a ser insostenible, en el eje social, es que los ciudadanos particulares (no sólo la sociedad civil) no puedan contrastar la información que reciben y participar efectivamente en los procesos de toma de decisiones. Sobre todo si se trata de la gestión de cuestiones de interés general, como son a día de hoy el empleo y el medio ambiente... o los residuos de envases.

Otra anécdota para terminar: en respuesta al Informe de la Comisión de Evaluación del Comité Olímpico Internacional el día 2 de septiembre de 2009, el sábado 19 de septiembre de 2009 se publicaba en el Boletín Oficial del Estado el Real Decreto 1462/2009, de 18 de septiembre, por el que se modifica el Real Decreto 641/2009, de 17 de abril, por el que se regulan los procesos de control de dopaje y los laboratorios de análisis autorizados, y por el que se establecen medidas complementarias de prevención del dopaje y de protección de la salud en el deporte.

24sep/084

Lo gratuito, lo 2.0 y lo sostenible

Julen nos ha regalado unas reflexiones sobre la economía de la gratuidad. Si las juntamos con las de Alorza sobre lo 2.0, tenemos un terremoto de dimensiones blogosféricas. Me confieso incapaz de seguir la inmensa cantidad de enlaces, comentarios y artículos que juntan estas dos entradas (lo achaco a que suelo perderme las clases presenciales).

Las dos entradas son señales sobre la forma en la que está cambiando nuestra sociedad. Avisos de dos personas que observan y nos llaman la atención sobre nuestra forma de consumo (la fatal atracción de saber que no vas a ser timado) y la forma en la que recibimos la información (Blogs a cascoporro). ¿Qué le pasa al mundo? Los dos primeros enlaces nos dan información relevante sobre lo que está debajo, la capa que subyace a esas herramientas de difundir información capaces de crear necesidades. Y la forma de satisfacerlas.

Gratis implica ocultar trasladar los costes a otra parte: mano de obra, materias primas, impacto ambiental... ¿Hasta dónde? ¿Somos responsables o nos dedicamos a la Confusión Social Corporativa?

Como ejemplo de gratis solemos recurrir al ejemplo del software libre o servicios gratuitos a través de internet. Al final, en alguna parte, siempre aparecen personas, conectadas... Y aquí empezamos a encontrar límites. Los seres humanos necesitamos alimentarnos, las máquinas tienen una realidad material, hace falta energía para mantener las los ordenadores funcionando...

energía, materia e informaciónIndependientemente de nuestro gusto por separar lo natural de lo artificial, los seres humanos y nuestros inventos somos producto de la sucesión ecológica: acumulación de información fruto de ciclos de materia movidos por flujos de energía.

Así me gusta creer que funciona en nuestro planeta. Simplificando lo necesario podemos decir que la cantidad global de material es constante mientras que un flujo de energía llega en forma de luz solar y se va disipando en distintos procesos. La energía solar evapora el agua, mueve el viento, permite la fotosíntesis...  el éxito de los distintos seres vivos depende de su capacidad de captar esa energía para realizar los procesos que les permiten coger del medio los materiales necesarios para su desarrollo.

¿Que hacemos distinto los seres humanos? Nos inventamos mecanismos que nos permitan gestionar los movimientos de materia y energía en nuestras sociedades. Decía Ramón Margalef:

"Mi posición es de naturalista y podrá parecer heterodoxa a muchos de los presentes. Yo veo en la adopción de entidades de cambio, del dinero, un mecanismo de regulación que, biológicamente, sería equivalente al comportamiento territorial de muchos animales, fundamentalmente vertebrados, y aún podría encontrar a quien vería en ello ocasión para buscar alguna aproximación al espíritu de la colmena o del hormiguero."

"Un hecho importante es que el instinto del territorio de nuestros más remotos antepasados animales desembocó en el dinero que organiza y desorganiza, a través de nosotros, los flujos de la biosfera y no sabemos bien dónde nos va a llevar. Realmente, nuestra sociedad debe enfrentarse con decisiones inaplazables, como lo son las que conciernen al manejo de un planeta que ya va estando superpoblado por nuestra especie."

¿Se nos está escapando entre las manos?

"En la economía actual, el dinero cada vez circula más por motivos especulativos y menos como contrapartida del intercambio de bienes y servicios. Esto hace que el sistema socio-económico sea cada vez más impredecible. Y el aumento de la impredictibilidad es una de las principales amenazas para nuestra especie."

¿Podemos hacer algo por seguir desarrollándonos infinitamente en nuestro finito medio?

"Las desigualdades deberían reducirse y el territorio debería organizarse en un retículo que garantice la conservación de biodiversidad. Habría que acoplar producción de alimentos y tratamiento de residuos y fertilización, especialmente en los océanos. Habría que reducir el transporte y diversificar los núcleos de población, es decir, los posibles contactos individuales. Y, sobre todo, controlar y restringir el flujo de energía. Margalef sabía que el momento actual es de competencia y expansión y que lo importante sería llegar a los momentos difíciles con ideas para afrontarlos."

¿Es hora del decrecimiento? No tengo ni puñetera idea: tanto por leer y tanta confusión en la noche...

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El esquema sale de un trabajo de aquellos maravillosos años, basado en lo que leíamos entonces.

12feb/081

Trabajar menos para disminuir la huella ecológica

Alorza propone trabajar menos para innovar más y tiene mi voto incondicional en las 1001 ideas. No sólo eso. Me propongo aportar un granito de arena a esta buena causa.

Trabajar menos no sólo es bueno para la innovación, salud pública (trabajo mata) y el bienestar social. El tiempo es el factor más limitado en nuestras vidas y el que más condiciona nuestro modelo de desarrollo. Por eso, trabajar menos puede disminuir la huella ecológica y evita el calentamiento global. Se me ocurren algunos hábitos insostenibles que podrían cambiar con sólo quitarle un poco de tiempo a la actividad de ganar dinero:

Consumo:

Tal vez podríamos reducir el consumo de bolsas de plástico si, en vez de concentrar la compra en el primer domingo del mes y en una gran superficie comercial, pudiésemos disponer todos los días de un rato para comprar en las tiendas del barrio. Esto, a su vez, nos ayudaría a fomentar producciones locales y al consumo de alimentos frescos, frente a productos elaborados y polienvasados que las economías de escala exponen en los centros comerciales.

De vuelta a las bolsas de plástico, conviene recordar que su función básica es repartir la carga que va del carrito del hipermercado al maletero, del maletero del trastero, del trastero al armario empotrado del pasillo y del armario al punto de consumo en nuestro hogar. Si repartimos la compra a lo largo del mes, ni necesitamos llenar el maletero de nuestro vehículo particular, ni bolsas de plástico (nos podríamos apañar con un atillo, o una bolsa de tela). Doble beneficio ambiental: menos consumo de recursos y menos emisiones atmosféricas.

Participación:

Siguiendo con los beneficios de dejar el vehículo particular para ir a la compra, gracias a la reducción concentración de la jornada laboral, tendríamos el paseo diario por el barrio, que nos permitiría un mayor conocimiento e implicación con nuestro entorno, lo que tal vez ayudase a una mayor integración social y un fomento del espíritu participativo tan necesario para el desarrollo de iniciativas de corte ambiental, como son los procesos de participación en procedimientos de información pública, actividades de Agenda 21 Local, o la recogida selectiva.

Si cada ciudadano contase con un rato para echar un vistazo diagonal a los Estudios de Evaluación Ambiental en información pública, podría comprobar si tiene algo que aportar o si está afectado. ¿De que sirve colgar en internet los tochos que presentan los promotores de proyectos si nadie puede mirarlos?

En cuanto al tema de la Agenda 21 Local, está claro. Deberíamos poder distribuir nuestro tiempo de trabajo para acudir a los foros de participación ciudadana de nuestros barrios, leer y opiar sobre los documentos de diagnóstico y participar en los planes de acción ¿acaso hay algo más importante que ser parte activa de nuestra realidad local? ¿qué sentido tienen los procesos de Agenda 21 si ocurren mientras los ciudadanos están encerrados en sus puestos de trabajo?

Y la recogida selectiva. Nadie tiene tiempo de llevar su aceite usado al punto limpio. La solución es clara y evidente: más tiempo para que los ciudadanos puedan utilizar adecuadamente las instalaciones de recogida de residuos.

Conocimiento:

Los teóricos plantean, y los juristas lo recogen en la normativa: no se puede conservar lo que no se conoce. Un poco de tiempo para leer, ver esos documentales que ahora dormimos, pasear por el campo, visitar espacios naturales... es necesario para conseguir una mejor concienciación ambiental y una participación efectiva de la ciudadanía. ¿Para qué nos sirve el etiquetado ecológico de productos y servicios o la agricultura ecológica si los consumidores no saben qué significa o no pueden estarse a buscarlo en las estanterías del supermercado?

Economía:

¿Te parece que todo esto es caro? ¿no sería rentable económicamente? Como ciudadanos, disponer de nuestro tiempo nos puede ayudar a reducir consumo superfluo. El gasto más importante que eliminaríamos es el que realizamos para intentar reemplazar el tiempo que no nos dedicamos porque (recursivamente) estamos dedicando tiempo a ganar dinero con el que consumir para reemplazar el tiempo que no nos dedicamos. No nos lo dedicamos los unos a los otros, ni nosotros a nosotros mismos.

No conozco a nadie que se hiciese rico trabajando. Puedo subsistir mejor trabajando menos tiempo. Se que es una opción muy personal, pero también se me antoja bastante racional, que en el fondo es de lo que va la economía. No debemos confundir valor monetario con valor económico. El dinero de puede mover de muchas formas, la cuestión es si esos movimientos aportan algo a nuestra calidad de vida a largo plazo o sólo a la de unos pocos en el momento presente.

Ya lo dijeron a mediados del siglo pasado y no me extrañaría encontrar referencias anteriores. Bertrand Russell cometió el error de llamar "Elogio de la ociosidad" lo que debería ser el texto central del estatuto de los trabajadores. Si hubiese elegido algo del estilo "optimización del tiempo de trabajo como factor de producción" o "maximización del tiempo libre del currela medio como factor clave del consumo" otro gallo nos cantaría.

Seguiremos practicando entonación...