Siete millardos ¡qué de cuantos!
Según las estadísticas, la población mundial llega estos días a los siete mil millones de habitantes (o, abreviando 7 millardos). Si bien es cierto que no se puede saber exactamente cuantos habitantes hay en el planeta, ni cuando se alcanzó o se alcanzará una cifra concreta de población, la gracia reside en el valor simbólico de asignar una fecha para el nacimiento de una persona a la que se la considerará el ciudadano 7.000.000.000 y su capacidad didáctica.
En esta ocasión, alrededor de la efeméride, distintas instituciones nos invitan a reflexionar sobre las implicaciones sociales, económicas y ambientales del crecimiento de la población mundial, así como de la velocidad con la que se está produciendo este crecimiento: se considera que hasta 1800 no se alcanzó el primer millardo de habitantes y que se tardó algo más de un siglo (alrededor de 1927) en duplicar esta cifra. El ritmo ha continuado acelerándose y los últimos mil millones de habitantes se han sumado en poco más de una década (de 1999 a 2011).
Pero... ¿Puede nuestro planeta soportar este ritmo de crecimiento? ¿Cuantos habitantes caben en La Tierra? La pregunta inquieta y las respuestas más. Básicamente es una cuestión de reparto. ¿Qué superficie del planeta se necesita para satisfacer mis necesidades, cubrir mis caprichos y asimilar los impactos que genera mi forma de vida? Las decisiones de cada uno de esos siete mil millones de personas condicionan cómo vive el resto y la capacidad de los próximos que vengan de vivir como nosotros lo hacemos.
Urge más que nunca reflexionar sobre la forma en la que satisfacemos nuestras necesidades, los procesos de toma de decisiones, el modelo de desarrollo... ¿queremos que el planeta soporte otros 7 mil millones de habitantes? Os dejo unos enlaces para reflexionar:
El bosque azul está en el lado oscuro.
El greenwashing, esa técnica que consiste en hacer un lavado de cara verde sin dejar de contaminar, apesta. Tanto que se ha quedado fuera de moda: ya no mola. Las mismas empresas que han conseguido quemar la "publicidad verde", y de la mano de planteamientos como el de Gunter Pauli, se lanzan a la conquista de nuevos colores: es el momento del bluewashing.
Hace ya unas cuantas décadas, la Unión Europea tuvo que aprobar reglamentos, de cumplimiento voluntario, que garantizasen el correcto uso de palabras como ecológico, biológico y orgánico para evitar la publicidad engañosa. Pero todavía hay un gran número de organizaciones que prefieren ignorar la legislación ambiental, seguir produciendo barato a costa de lo que sea y atraer al consumidor con publicidad engañosa.
Ejemplos cercanos de bluewashing tenemos dos. El primero es el de Volkswagen. Este fabricante de coches está boicoteando desarrollos normativos relacionados con la reducción de gases de efecto invernadero procedentes de la automoción. En particular, según la campaña de greenpeace, que suma ya más de 230.000 seguidores:
- Volkswagen gastaría millones de euros al año en financiar grupos de presión que están tratando de impedir que Europa fortalezca su compromiso de reducción de gases de efecto invernadero del 20% al 30% para el año 2020.
- Volkswagen se opone a unos estándares europeos ambiciosos de eficiencia en el uso de carburante de los coches, medida necesaria para reducir la dependencia del petróleo.
- Volkswagen dice que quiere ser "el fabricante de automóviles más respetuoso con el medio ambiente de todo el mundo", pero los modelos más eficientes solo representaban el 6% de sus ventas en 2010.
A pesar de estas prácticas, manifiestamente contrarias a un compromiso de protección ambiental, la empresa Volkswagen tiene una campaña "azul", totalmente infantilizada, en la que nos vende sus esfuerzos por reducir las emisiones CO2 ¿En qué quedamos? ¿Estamos comprometidos con la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero o sólo con pagar publicidad para llegar al público infantil y a sus papás a través de la publicidad de la película de Los Pitufos? Definitivamente, el bosque azul de Volkswagen está en el lado oscuro de la fuerza.
El otro ejemplo inmediato es el de Endesa, quien, anda buscando, a cambio de dinero, quien hable bien de su "actitud azul" en la blogosfera ambiental. No está mal para una empresa que, gracias a las medidas desarrolladas por un expresidente del gobierno al que ahora cobija en sus filas, está fomentando la pobreza energética en nuestro país y mantiene un modelo de negocio que impide el desarrollo de alternativas más sostenibles, más respetuosas con el entorno y más justas social y económicamente.
No voy a ser tan reaccionario como para decir que la "Economía Azul" no aporta nada nuevo, pero no está de más recordar que la definición de Desarrollo Sostenible del Informe Brundtland, de 1987, ya incluía la necesidad de incluir las variables social y económica, junto a la ecológica, en el modelo de desarrollo:
Satisfacer las necesidades de las generaciones presentes sin comprometer las posibilidades
de las del futuro para atender sus propias necesidades
Modelos de decrecimiento: pueblos en transición.
Como escribía ayer, la red está llena de información y documentales sobre las posibilidades de reconducir el modelo de desarrollo en el que estamos involucrados. No todos han tenido la repercusión que "comprar, tirar, comprar". Particularmente la información sobre decrecimiento y modelos de sostenibilidad queda rápidamente silenciada por los mensajes publicitarios verdes destinados a mantener un ritmo de consumo insostenible.
Así pues, tras el toque de atención de "comprar, tirar, comprar", puede ser un buen momento para dar visibilidad a otros documentales que van más allá y nos ofrecen alternativas al modelo de consumo que la industria nos impone. Sin ir más lejos, en la propia mediateca de RTVE tenemos un documental muy interesante "pueblos en transición".
¿Puede imaginarse una vida sin petróleo? ¿Qué pasaría si mañana el petróleo se convirtiera en un bien escaso y caro? La sociedad industrial se instaló en la historia de los seres humanos aportando desarrollo y riqueza pero haciéndola dependiente del transporte. Una de las respuestas a esta dependencia del petróleo la protagonizan aquellos que defienden un modelo de vida más autosuficiente y mucho más local.
En poco más de 25 minutos se nos expone cómo se está empezando a experimentar en España el movimiento mundial de las ciudades en transición: una forma de organizar el desarrollo teniendo en cuenta aspectos clave como el cambio climático, el final del petróleo barato y la necesidad de ensayar modelos de adaptación a lo que nos espera en un futuro próximo.
pero… ¿tiene arreglo?
A primera vista, la campaña estosololoarreglamosentretodos parece un ingenuo ejemplo de lo que los fricazos llaman wishfull thinking o pensamiento ilusorio.
Pero cuando te enteras de que la cosa está financiada con 4 millones de euros y fomentada por las Cámaras de Comercio, te das cuenta de que no es más que otro perverso ejercicio de gatopardismo (¿premonitorio que recientemente regalasen la peli con un diario de tirada nacional?). Especialmente si la respuesta es un buen puñado de grupos de facebook y páginas web capaces de reunir más seguidores que la propuesta "original". Pero... ¿realmente "esto" tiene arreglo?
Si el mes pasado Richard Heinberg se centraba en argumentar cómo los esfuerzos de las distintas potencias se centran más en ser la última en caer, que en salir de la crisis, su última entrega es una reflexión sobre la vida después del crecimiento. Lo hace de un modo introspectivo, reflexionando sobre su propio posicionamiento respecto al modelo de desarrollo en el que vivimos. Apunta ideas muy interesantes:
¿Es posible volver a la normalidad? ¿Qué pasa si la economía normal de finales del siglo veinte, de aparentemente crecimiento infinito estaba anclada en una serie de condiciones que no se pueden perpetuar? Tal vez la "normalidad" se ha disipado y ha sido sustituida por una "nueva normalidad". Richard Heinberg propone que estamos en una transición desde una fase expansiva de la economía a una situación posterior al crecimiento. Un proceso análogo al de una planta adulta o un ecosistema maduro, donde se establecen unas condiciones de equilibrio que mantienen cierta estabilidad, en detrimento del crecimiento acelerado y la productividad de las etapas anteriores. Lo expresa con cuatro ideas:
- Hemos llegado al final del crecimiento tal y como lo conocíamos: la crisis posiblemente marca una ruptura con las últimas décadas, durante las que se adoptó la visión poco realista, de un crecimiento económico perpetuo necesario y posible. Hay límites incuestionables a ese crecimiento y los hemos encontrado.
- Conocimiento de los factores básicos que conformarán lo que venga a sustituir el crecimiento: aunque no sepamos qué economía y modo de vida serían deseables después del crecimiento, sabemos que se puede empezar a trabajar para mantener la sociedad en los márgenes de la sostenibilidad.
- La economía puede funcionar durante siglos y milenios con escaso o nulo crecimiento: así fue durante la mayor parte de la historia y podrá ser en el futuro. El fin del crecimiento no significa el fin del mundo.
- La vida sin crecimiento económico puede ser plena, interesante y segura: es importante no perder de vista que una economía sin crecimiento o en equilibrio sigue permitiendo el desarrollo de habilidades prácticas, la expresión artística, el avance de la tecnología... Se trata de redefinir objetivos: sustituir más por mejor. Aumentar la calidad de vida de las personas reduciendo su consumo. ¿Por qué no redefinir el mismo concepto de crecimiento?
Richard Heinberg afirma que la transición a sistema posterior al crecimiento económico experimentado en las últimas décadas es inevitable. Y que está en nuestra mano idear y planificar ese nuevo modelo.
The transition to a no-growth economy (or one in which growth is defined in a fundamentally different way) is inevitable, but it will go much better if we plan for it rather than simply watching in dismay as institutions we have come to rely upon fail, and then try to improvise a survival strategy in their absence.
In effect, we have to create a desirable “new normal” that fits the constraints imposed by depleting natural resources. Maintaining the “old normal” is not an option; if we do not find new goals for ourselves and plan our transition from a growth-based economy to a healthy equilibrium economy, we will by default create a much less desirable “new normal” whose emergence we are already beginning to see in the forms of persistent high unemployment, a widening gap between rich and poor, and ever more frequent and worsening financial and environmental crises—all of which translate to profound distress for individuals, families, and communities.
En este punto, volviendo a la campaña de las principales economías patrias, me planteo ¿arreglarlo entre todos? ¿por qué no aprovechar para cambiarlo? Es el momento de concentrar nuestro esfuerzo en construir un futuro diferente, no deberíamos pararnos a escuchar cantos de sirena ni volver la mirada atrás.
En este sentido, la reflexión de Richard Heinberg continua con su experiencia personal, un recorrido desde las evidencias del final de un modelo de desarrollo a la incipiente transición a uno nuevo. De los límites del crecimiento a las ciudades de transición. Pasando por el cénit del petróleo. En definitiva, una lectura muy recomendable para todo el que realmente tenga inquietudes en relación con el momento económico que vivimos o esté buscando alternativas pasa salir de la crisis en la que vivimos.
Me llama la atención como desde distintos puntos de vista se llegua a conclusiones similares en cuanto a lo que nos espera los próximos años:
Richard Heinberg sobre el Peak Oil:
As early as 1998, Campbell, Laherrère, and others were discussing a Peak Oil impact scenario that went like this. Sometime around the year 2010, they theorized, stagnant or falling oil supplies would lead to soaring and more volatile petroleum prices, which would precipitate a global economic crash. This rapid economic contraction would in turn lead to sharply curtailed energy demand, so oil prices would then fall; but as soon as the economy regained strength, demand for oil would recover, prices would again soar, and the economy would relapse. This cycle would continue, with each recovery phase being shorter and weaker, and each crash deeper and harder, until the economy was in ruins.
Marc Vidal sobre la economía española:
la metáfora que ejemplifica mejor la realidad es la de imaginar una pelota cayendo por unas escaleras. A cada rebote parece que supera la altura del escalón anterior, sin embargo, sigue cayendo. Al final se deposita en el firme y rueda en el sótano.
Si no han tenido suficiente aquí tienen algunas citas selectas del viaje de Heinberg:
And so predictably a book saying that growth cannot and will not continue beyond a certain point proved profoundly upsetting in some quarters, and soon Limits to Growth was prominently “debunked” by public relations efforts organized by pro-growth business interests. In reality, this “debunking” merely amounted to taking a few numbers in the book completely out of context, citing them as “predictions” (which they explicitly were not), and then claiming that these predictions had failed. The ruse was quickly exposed, but rebuttals often don’t gain nearly as much publicity as accusations, and so today millions of people mistakenly believe that the book was long ago discredited. In fact, the original Limits to Growth scenarios have held up quite well
...
I quickly realized that Peak Oil would likely be the first non-negotiable global limit to growth. The hazy forecast that industrial society would hit a wall sometime in the 21st century was suddenly focused to a painful specificity. Growth had acquired a hard expiration date.
Of course, oil does not pose our only societal limit, or even the most important one in the bigger scheme of things: climate, water, and topsoil are clearly more crucial in the long run.
...
I soon realized that the Industrial Revolution was really the Fossil Fuel Revolution, and that our modern food system is based on cheap fossil energy. Further, the entire phenomenon of continuous economic growth—including the development of the financial institutions that facilitate growth, such as fractional reserve banking and the marketing of derivatives—is ultimately based on ever-increasing supplies of cheap energy.
...
Meanwhile, volatile oil prices would frustrate investments in energy alternatives: one year, oil would be so expensive that almost any other energy source would look cheap by comparison; the next year, the price of oil would have fallen so far that energy users would be flocking back to it, with investments in other energy sources looking foolish. Investment capital would be in short supply in any case because the banks would be insolvent due to the crash, and governments would be broke due to declining tax revenues. Meanwhile, international competition for dwindling oil supplies might lead to wars between petroleum importing nations, between importers and exporters, and between rival factions within exporting nations.
...
Yet at the Copenhagen climate conference in December, 2009, the priorities of the most fueldependent nations were clear: carbon emissions should be cut, and fossil fuel dependency reduced, but only if doing so does not threaten economic growth.
The cruel irony, obvious to my Peak Oil-aware colleagues but apparently not to the delegates at Copenhagen, was that the decades-long era of rapid economic growth based on increased fossilfueled production and consumption is over anyway. The world's last chance to collectively, cooperatively negotiate a turn away from the precipice was being squandered for the sake of a goal that was no longer achievable.
...
The world has entered a new era. The project of awakening and warning policy makers and the general public was worthy of the investment of all the effort we could muster. In fact, it would have been negligent of the Limits to Growth authors, Colin Campbell, Jean Laherrère, and thousands of climate and environmental scientists and activists (myself included) not to give it our best shot. But it is now too late to avert a collapse of the existing system. The collapse has begun.
It is time for a different strategy.
¿Debate nuclear? no gracias, debate energético.
“Cuando confluyen las revoluciones en el ámbito de las comunicaciones y de la energía, todo cambia, incluido el pensamiento de los seres humanos”
Jeremy Rifkin en la entrevista de la Agenda Viva de primavera de 2008
Está de moda otra vez. Todos los días en prensa y televisión el asunto de las nucleares. ¿Son seguras? ¿Ayudan a paliar el cambio climático? Apasionantes discusiones con todo tipo de contertulios, posicionamientos políticos, argumentos alarmistas, razonamientos científicos... Y la diversidad está muy bien. Si abordamos el problema desde la física teórica diremos que la energía nuclear es segura. Si nos ceñimos algún programa político igual hay que descartarla. Si pensamos en las emisiones de gases de efecto invernadero se nos antoja una buena alternativa. Si somos un poco conspiranoicos veremos amenazas terroristas por todas partes... desde luego no es difícil encontrar argumentos para ser antinuclear. Ni para todo lo contrario.
Abordar el asunto energético desde el punto de vista "nuclear sí, nuclear no" es demasiado simplista. Una visión miope. Creo, sinceramente, deberíamos abrir el debate un poco más y plantearnos ¿qué modelo energético queremos? No discutir sólo sobre los atributos de una determinada forma de obtener energía. Tenemos que mirar qué implicaciones tiene en todos los ámbitos. Generación, distribución, consumo...
Estamos en el momento histórico en el que los ciudadanos podemos superar un sistema energético tradicional y pasar a un modelo energético distribuido. Hasta ahora la producción de energía está concentrada. La solución nuclear conseguiría perpetuar un esquema de producción centralizada. ¿Qué implica esto? Pues básicamente que la mayoría de la población depende de aquellos que controlan las centrales desde las que se distribuye la energía eléctrica. ¿Eso es malo? seguramente no. Pero sería bastante mejor si cada cual fuese su propio productor de energía y su economía doméstica no dependiese de los caprichos del sector eléctrico.
A estas alturas de la película sabemos que nuestros hogares podrían ser autosuficientes energéticamente, que los partidos políticos son conscientes de que existen otros modelos energéticos, que ciertos intereses presionan las decisiones políticas... El debate nuclear está superado: un miedo, más o menos irracional, hace que la sociedad tenga una imagen nefasta sobre la energía nuclear. ¿Por qué intentan imponernos que es la solución? ¿Qué impide que la información sobre nuevos modelos energéticos llegue a la calle y las tertulias de la televisión?
Territorio de abejas, paisaje de hombres
Fito nos envía un enlace al "trailer" para documental sobre la sostenibilidad en el Pirineo Aragonés. El título es una cita de Eduardo Martínez de Pisón, al que podemos escuchar al final de este aperitivo, que también cuenta con aportaciones de Pedro Arrojo.
El documental, que todavía no he tenido oportunidad de ver completo, reflexiona sostenibilidad en el Pirineo Aragonés, su modelo de desarrollo supeditado a las estaciones de esquí y una Iniciativa Legislativa Popular (rechazada) para elaborar una ley en defensa de las montañas.
Gracias a Dani por el documental y a Fito por dármelo a conocer.
Objetivos de desarrollo del Milenio
Los Estados Miembros de las Naciones Unidas adoptaron en el año 2000 la declaración del Milenio y establecieron ocho Objetivos de Desarrollo del Milenio:
1. Erradicar la pobreza extrema y el hambre
2. Lograr la enseñanza primaria universal
3. Promover la igualdad entre los sexos y la autonomía de la mujer
4. Reducir la mortalidad de los niños menores de 5 años
5. Mejorar la salud materna
6. Combatir el VIH/SIDA, el paludismo y otras enfermedades
7. Garantizar la sostenibilidad del medio ambiente
8. Fomentar una asociación mundial para el desarrollo
Puede encontrarse más información sobre los Objetivos del Milenio en:
Base de datos de indicadores de los objetivos de desarrollo del Milenio
Objetivos de desarrollo del Milenio: Informe 2007 (pdf)
MDG Monitor (en inglés)
