Aprendiendo a bloguear

A escribir un blog bloguear, como tantas cosas en esta vida, se aprende.
YO he tardado en darme cuenta de lo más evidente: no se puede echar a correr sin antes empezar a andar. En el tiempo que llevo por aquí me he dado cuenta que implusivo tiene dos vertientes: iniciativa e imprudencia. Sigo tropezando torpemente, pero le voy perdiendo el miedo a las caidas en la blogosfera, supongo que en el futuro las cicatrices del periplo por la red serán tan buena excusa para contar batallitas como las tortas con la bicicleta.
No vale lamentarse de las heridas que ya no se pueden evitar. Es una premisa: para aprender hay que equivocarse.
No estamos solos en el camino y ahora tenemos un manual.
Sí, ya he visto que en la portada, en letras negras, pone "en la empresa", pero en la parte superior, más bonito y atractivo, dice “manual de uso”.
El día menos pensado aparecerá por aquí otra reseña. Hoy solo quería agradecer a todos los que han hecho posible una lectura mucho más que interesante y recomendable para cualquier persona que escriba un blog o se plantee hacerlo, especialmente si se trata de un empresario.
¿Ciudadanía 2.0?
Se lo preguntaba alguien en público antes de proceder a contarnos su experiencia como ciberciudadano. Yo tampoco lo tengo claro. Seguro que tiene que ver con la posibilidad de hacer realidad sueños. Y es que por fin alguien me explicó el fracaso de los Supersónicos frente a los Picapiedra.
El invento también va sobre que no hace falta alfabetizar a alguien para permitirle el ejercicio de sus derechos. Ni imponerle “nuestro” modelo de desarrollo, licencias de software y motor de combustión incluidos. Pero está claro que se pueden ir poniendo los medios que permitan cerrar brechas.
Estamos en un proceso de cambio. Como siempre. Estamos dejando un modelo de organización en masas. Los individuos de grupos homogéneos apenas diferenciados de otros grupos homogéneos empiezan a tomar conciencia de su capacidad para crear la complejidad necesaria para tomar parte en el mundo global e influir en los procesos de toma de decisiones.
¿Vamos por el camino correcto? No se si podríamos medirlo. En tal caso, habrá que elegir indicadores adecuados: la cantidad de personas sentadas en una sala no dice mucho sobre el número de gente que sigue lo que ocurre en ese lugar o tiene la oportunidad de participar en el evento de alguna forma.
Los días 21 y 22 de noviembre, he estado compartiendo algo de tiempo con alguno de los que mi pareja ha dado en llamar “pitagorines del ciber espacio”. Creo que todavía no he conseguido transmitirle que no se trata tanto de aprender a manejar tecnología como de aprovecharla en la persecución de nuestras inquietudes.
Allí he conocido físicamente a personas con las que llevaba tiempo conversando. No era necesario el formalismo de presentación para seguir compartiendo entrañables anécdotas durante la comida. Lo digital había evitado una brecha para la que no encuentro puentes en mi trayecto diario al trabajo. Entre aquellas personas también conocí lo que en un principio me pareció un agente doble, pero resultó ser un simpático bloguescéptico.
También he descubierto que el ordenador portátil tiene otros usos distintos de ver películas y pasar presentaciones en charlas. Cuando desenmarañe los apuntes de mi libretilla de persona con blog le dedicaré otro rato a todo esto.
