Algunas dudas sobre si el Almacén Temporal Centralizado solucionará el problema del paro.
El alcalde de Villar de Cañas da palmas con las orejas. Este pueblo de Cuenca, no tan pequeño para lo que hay en la geografía nacional, ha sido elegido por el Consejo de Ministros para albergar el Almacén Temporal Centralizado (ATC), popularmente conocido como cementerio nuclear. Curioso que en una referencia oficial los argumentos para la ubicación de esta instalación son empleo y euros:
La previsión de inversión total es de unos setecientos millones de euros. Para la construcción de las instalaciones se estima un promedio diario de unos trescientos trabajadores durante los cinco años de la primera etapa, con algún pico de hasta quinientos trabajadores.
Al impacto ambiental o las posibles afecciones a la salud no se hace referencia, está feo que, con cinco millones de parados, alguien hable de los posibles efectos para la salud del transporte de los residuos de las centrales nucleares hasta el municipio conquense, su procesamiento y acumulación por los siglos de los siglos, amén. Ante la promesa de 300 puestos de trabajo, con algún pico de 500, han respondido, según la prensa unas 2000 personas. Basta abrir cualquier portal de empleo para ver el doble de canditados apuntados a una oferta de reponedor de supermercado o auxiliar administrativo, pero el sensacionalismo disfraza de éxito esa pobre resupesta:
Ante la avalancha de demandas, el Ayuntamiento de Villar de Cañas ha decidido pedir ayuda a la Cámara de Comercio e Industria de Cuenca, para que colabore en la gestión de los aproximadamente 2.000 currículos enviados toda la geografía española por personas que quieren acceder a uno de los puestos de trabajo que se ofertarán.
Y, por si no se cumple la previsión de empleo o por si acaso no se cubriera con mano de obra local, el Ayuntamiento se lava las manos:
El Ayuntamiento de Villar de Cañas, al no ser el encargado de la construcción de esta Infraestructura, no puede realizar ninguna contratación.
Este documento puede encontrarse en la del Ayuntamiento, en la que, haciendo un alarde de transparencia y participación plural, se enlaza a la plataforma de apoyo al ATC, pero no se mencionan las manifestaciones ni los movimientos contrarios a esta instalación.
Las preguntas, por ir cerrando esta entrada, que empieza a ser más larga de lo normal son:
- ¿Qué perfiles profesionales se requierenpara instalar y operar el ATC?
- ¿Cuentan con esa cualificación los parados de Villar de Cañas y su entorno próximo?
- ¿Qué perfil tendrán las personas dispuestas a instalarse en Villar de Cañas para trabajar en el ATC?
- Cuando termine la instalación del ATC ¿cuantos empleos van a quedar alrededor de la instalación?
- ¿Cuanta gente va a emigrar de Villar de Cañas y sus alrededores por miedo a los efectos sobre su salud y las de sus hijos?
- ¿Se seguirán desarrollando con normalidad las actividades agrícolas y ganaderas del municipio?
- ¿Qué demanda van a tener los productos de estas actividades?
- Sabiendo que se trata de una cuestión política ¿por qué se empeñan en imponernos la energía nuclear?
- Conociendo los riesgos y el rechazo que causa la energía nuclear ¿Por qué no se plantea un debate sobre el modelo energético?
- ¿Cuanto empleo verde podría generar un modelo basado 100% en renovables?
Gomorra, la peli, esta noche en La 2.
Esta noche el espacio "El cine de La 2" emite, a partir de las 22:00 horas, la película Gomorra, basada en la novela de Roberto Saviano. Una proyección más que recomendable. Sí, dije que no la vería, pero las recomendaciones sembraron la inquietud, que acabó floreciendo y dando sus frutos. Por cierto, no defraudó. Si el libro es un tratado sobre los incentivos perversos y externalidades en la economía real, la película profundiza en cómo todo eso afecta a la vida de las personas. Personas normales y corrientes que se las ven con "El Sistema".
No puedo decir que me gustase más que el libro, que considero una lectura imprescindible, pero sí que mereció la pena. Especialmente porque el reclamo del libro, los platos sucios sobre la gestión de residuos, tienen más protagonismo en el filme. Y este es uno de los valores de Gomorra y de Saviano. Sacan a la luz las miserias de nuestro sistema de consumo: entender las noticias sobre la basura de Nápoles es más fácil después de Gomorra. ¿Cómo acabaron esos residuos peligrosos en el fondo del mar, matarile, rile, rón?
Gomorra, el libro y la peli, son, sobre todo, un toque de atención, una llamada a tener los ojos bien abiertos. Porque la decisión está en nuestra mano. Sí, no es fácil decirle al jefe que no quieres seguir sus pasos, pero ¿qué precio tiene seguir siendo su ćomplice? Calabria parece estar muy lejos, a pesar del incansable esfuerzo promocional para venderse como destino turístico. No hace falta irse allí para encontrar ejemplos de canteras utilizadas, sin licencia, como "depósitos", de residuos hospitalarios que se guardan debajo de la alfombra, o, de regalo, unos quilitos de plutonio sin inventariar.
No se si está claro, pero pretendo animar al personal a ver Gomorra, ya me contaréis si mereció la pena.
Por cierto, podéis conocer un poco más al héroe, sin pelos en la lengua, al que le debemos la novela que inspira la peli en esta entrevista (del minuto 5 al 11).
"Sistema, un término que aquí todo el mundo conoce pero que en otros sitios todavía no ha sido descifrado, una referencia desconocida para quien no está al corriente de las dinámicas del poder de la economía criminal. Camorra es una palabra inexistente, de policía. Utilizada por jueces y periodistas, y por guionistas. Es una palabra que hace sonreír a los afiliados, es una designación genérica, un término de estudiosos, relegado a la dimensión histórica. El término con el que se refieren a sí mismos los pertenecientes a un clan es Sistema: «Pertenezco al Sistema de Secondigliano». Un término elocuente, un mecanismo más que una estructura. La organización criminal coincide directamente con la economía, la dialéctica comercial es la osamenta del clan."
Documental: devolución y retorno de envases.
Hoy os propongo un vídeo corto, no llega a 10 minutos, que explica las ventajas del sistema de gestión de residuos de envases basado en el depósito, devolución y retorno. Es una alternativa al sistema actual basado en el "contenedor amarillo", que permitiría conseguir mejores tasas de reciclaje con un menor coste para los ciudadanos. Porque es sabido que, en materia de residuos, es importante recoger mejor para reciclar más.
Menos propaganda y más contenedores amarillos.
Que no estoy muy conforme con la gestión de residuos es un secreto a voces. Ante el insultante bombardeo de publicidad institucional sobre la recogida selectiva al que estamos sometidos últimamente, traigo dos imágenes que hablan por sí mimas.

Los datos teóricos, los manuales técnicos y la práctica diaria demuestran que el volumen de residuos de envases que se generan en un domicilio urbano medio es mucho mayor que el ocupado por los residuos de la considerada "fracción resto". Incluso los vendedores de cubos de basura se han dado cuenta: el compartimento destinado a envases es entre dos tercios y tres cuartos del volumen total del cubo.
Cuando sales a la calle te encuentras que la proporción de contenedores está invertida respecto al volumen de residuos que deberían recoger: por cada contenedor destinado a envases hay tres para la fracción resto.
¿Por qué se empeñan en decirnos que no queremos participar en la recogida selectiva? ¿Por qué Ecoembes invierte tanto dinero en bombardearnos con publicidad a través de todos los canales de comunicación disponibles?
Tal vez es cómodo culpar al ciudadano de las deficiencias del sistema de gestión de residuos. Pero si en la primera fase, en la prerecogida, fallamos, difícilmente vamos a conseguir buenos resultados. La realidad es que tenemos: para mejorar las tasas de participación en la recogida selectiva necesitamos más contenedores y menos propaganda.
Una de blosas de plástico con mensaje.
El otro día salí de un establecimiento con la compra en la bolsa que aparece en la foto:
"Esta bolsa está fabricada con material 100% reciclado. Utilízala tantas veces como puedas y finalmente, deposítala en el contenedor amarillo para colaborar con una mejor sostenibilidad ambiental".
La frasecilla se las trae... a pesar de ello el mensaje parece medianamente claro. Me gusta saber que, al menos en parte, algo de lo que deposito en el contenedor amarillo no va a parar a la gran sopa de plástico.
No vale hacer campañas para quitarnos el mochuelo de encima. Una buena recogida selectiva y un correcto reciclaje pueden reducir el impacto ambiental de los plásticos. Investigar materiales sustitutivos y ponerlos en el mercado es otro camino interesante a seguir.
Más leña al fuego (otra de incendios forestales)

La presencia de madera muerta en el monte es un interesante tema de debate con aproximaciones diversas. Desde un enfoque biológico, es parte de los procesos naturales, constituye el nicho de diversas especies y permite que se cierren ciclos propios de un bosque. Desde el punto de vista productivo, la presencia de madera muerta puede ser síntoma de ineficiencias en el sistema de gestión, especialmente cuando de lo nos traemos entre manos es una plantación.
En el manejo del monte, la madera y lo que pase con ella es responsabilidad de sus gestores. Deciden qué madera se saca, cuando y para qué. Quien la corta o donde se la lleva. Los procesos ecológicos son importantes, pero están interferidos por las decisiones relativas a la fijación del suelo, la producción de tablones, la creación de sendas sombreadas para paseantes o la prevención de plagas. Y aquí aparecen los incentivos perversos. Cada uno de los agentes implicados intenta maximizar su beneficio. Nos olvidamos del debate y retorcemos los argumentos a gusto del consumidor. Tú saca la madera que te interese y lo que no me lo dejas por allí. Transportar ramillas no te va a dar dinero y yo no tengo medios ni ganas ver qué haces con los residuos de tu actividad. El monte no es de nadie y sancionarte... haría que me devolvieses las subvenciones que hacen que sigas en esto.
Pero llega la hora de la verdad. No tenía por qué pasar, pero... un fuego se descontrola. Arde el monte. Y tomamos decisiones desde despachos en los que se estima la cantidad de material combustible en función de la gestión que se debería haber hecho y no se hizo. Piras de madera seca esperando a que llegase su momento clumplen su función. Y se llevan la vida de personas que sabían que alguna desgracia acabaría ocurriendo. No hay responsables, al fin y al cabo, es una desgracia fortuita... ¿sirve de algo buscar culpables?.
Después del incendio, y para compensar, instalamos una central de biomasa. ¿Vamos a traer esos restos de madera que se siguen acumulando por una gestión paupérrima del recurso forestal? No, claro que no, la central de biomasa es la excusa ideal para esquilmar, en cualquier época del año y por poco productivo que sea, cualquier monte que nos quede a mano. Pedir presupuesto para traer la madera que se acumula en otros montes, mientras nuestros estómagos agradecidos siguen haciendo la vista gorda, podría poner en riesgo un sillón que con tanto esmero calentamos. Es más, ¿por qué no autorizamos nuevas centrales de biomasa y plantaciones de especies exóticas para hacerlas más productivas?
Tecma 2010: había que ir.

TECMA, Feria Internacional del Urbanismo y del Medio Ambiente, es uno de los eventos fijos en mi calendario. La feria bienal supone una buena oportunidad para ponerse al día de equipos y tecnologías disponibles para la gestión de residuos. Desde sistemas para acopio en origen, pasando por contenedores para prerecogida, vistosos vehículos de recogida y transporte y todo lo relacionado con la clasificación y tratamiento. Si algo ha crecido con respecto a ediciones anteriores es la variedad de compostadores domésticos.
La visita a la edición de 2010 ha tenido una excusa didáctica: llevar a los alumnos del curso de Gestión de Programas de Turismo Rural a conocer de primera mano una amplia oferta de servicios y productos relacionados con el medio ambiente. Para mi decepción, la feria ha sido menos diversa que de costumbre. En particular se han echado de menos expositores relacionados con el tratamiento de aguas.
Supongo que será efecto de la situación económica que vivimos. Los expositores ocupaban tres pabellones del IFEMA, pero bastante más esponjados que de costumbre. Y en más de una parada el mismo comentario: "Estamos aquí porque hay que estar". El apartado dedicado a los ayuntamientos patrios dejaba bastante que desear: personal nada especializado ofreciendo el mismo material que ofrecería en FITUR muestra el interés institucional en la materia. Las que no faltan nunca son las grandes empresas y subcontratas a las que se externalizan el trabajo sucio.
Como siempre, ha sido una buena oportunidad para hacer acopio de números atrasados de revistas a las que difícilmente me suscribiría a título particular, pero que me gusta hojear siempre que tengo ocasión. Los pichigüilis cada vez más escasos y menos atractivos (¿se generalizará algún día la memoria usb como objeto promocional al ámbito del medio ambiente?). En el lado más positivo, la sorpresa de descubrir la campaña "La Limpieza es nuestra Cultura" del municipio mejicano de Aguascalientes.
Recoger mejor para incinerar menos.
No todo son sombras en la gestión de residuos urbanos. Silvia escribía hace unos días sobre un ejemplo digno de estudio. Se trata de una serie de municipios que han instaurado un sistema de recogida selectiva puerta a puerta. El objetivo de la iniciativa parece ser cuestionar la necesidad de instalar una incineradora en la zona. Y los datos son demoledores:
“El 82% de los residuos son recogidos selectivamente mediante este sistema; el grado de pureza de las fracciones recogidas es muy alto habiendo solo un 1%-2% de impropios para la orgánica y un 5%-10% para los envases ligeros. Por otro lado, el 77% de los ciudadanos se ha adaptado bien a la recogida "puerta a puerta". Tan sólo el 12% manifiesta problemas mientras que el 68% de la población apoya este sistema de recogida.”
Entre otros, los quebraderos de cabeza de los agentes implicados en la gestión de residuos, en particular en los procesos de recogida y tratamiento, están en justificar la escasa participación ciudadana y mejorar las tasas de reciclaje al final del proceso. Y aquí este sistema también parece dar buenos resultados:
“Tras el éxito del puerta a puerta, cada vez más vecinos de la zona se preguntan la necesidad de una incineradora, ya que si se están alcanzando tasas de reciclaje del 82% (frente al 28% que logra la media del resto de localidades), la incineración no parece la solución más acertada.”
Lo más interesante de este caso es la forma de afrontar el dilema complejo de qué hacer con los residuos. A pesar de lo previsto en los convenios internacionales, con su correspondiente reflejo en la normativa nacional, las posibilidades de participación ciudadana y de planteamiento de alternativas distintas a las fomentadas desde el poder político son bastante limitadas. Incluso se suelen llevar al conflicto, tipificando como “efecto NYMBY”, no el rechazo a las consecuencias de una solución inevitable, si no cualquier alternativa posible a decisiones que no siempre maximizan el beneficio global.
A ver si cunde el ejemplo y los responsables políticos que se oponen a la instalación del almacenamiento temporal centralizado se animan a fomentar la autosuficiencia energética de los vecinos que habitan en los territorios que gobiernan. Lo mismo descubríamos que es posible reducir la necesidad de centrales nucleares, la producción de residuos radiactivos de alta actividad y aligerar la carga económica que su pone calentar e iluminar los hogares de los votantes.
Para la recogida selectiva hacen falta contenedores.
Me alegra saber que, por encima de las cifras de gestión de residuos más o menos satisfactorias y argumentos más o menos complacientes, siempre quede alguien dispuesto al análisis y a la crítica. Sí, es tan simple: para que la recogida selectiva funcione correctamente es necesario dotar al sistema de los contenedores adecuados. La concienciación, la participación ciudadana... también son importantes, pero sin contenedores es difícil conseguir una buena separación de nuestras basuras.
Igual es sólo por oposición política, desconozco la línea editorial (y no me voy a poner a investigar), pero me hago eco de la interesante visión del asunto publicada en La Voz de Salamanca:
La reducción en la recogida selectiva no es culpa de los salmantinos ni del descenso en el consumo tal y como han querido hacer ver desde la concejalía de medio ambiente tirando una vez más balones fuera o poniéndose la venda en los ojos. En esta ocasión nos encontramos con que el Ayuntamiento no ha hecho los deberes y no se aplican políticas que fomenten el reciclado ni se hace un aumento o una buena distribución de contenedores selectivos por toda la ciudad.
En fin... mientras podamos hacernos trampas al solitario seguiremos sin aprender a sumar.
Por cierto, se me han saltado las lágrimas cuando he visto que han utilizado una foto mía para ilustrar la noticia y han citado la url de donde la han sacado, un detallazo que no todo el mundo tiene: gracias.
Reduciendo envases de forma responsable.
Cuando se estudia gestión de aspectos ambientales en la empresa te enseñan que hay dos formas de afrontarlos: mediante soluciones de final de tubería o a través del análisis del ciclo de vida de productos o servicios. Las implicaciones de los dos enfoques son variadas, siendo, generalmente, las primeras un parche para cubrir el expediente en un momento dado, mientras que las segundas implican una revisión de la forma de hacer en la organización para adaptarla a futuros retos ambientales.
Con el asunto de la reducción de residuos de envases, tenemos los dos enfoques encima de la mesa. Desde hace más de una década, la normativa establece objetivos de reducción, así como una serie de obligaciones relativas a los agentes que pusieran en el mercado envases y otros productos que con su uso se convirtiesen en residuos. ¿Cómo han abordado el reto los agentes implicados?:
Solución ingeniosa de fin de tubería: buscar un envase que se produzca en cantidad e inventar un truco semántico para librarnos de él. Por ejemplo cobrar las bolsas de plástico de un solo uso y vender, como alternativa, bonitos capazos de plástico multiusos. La cantidad de plástico y pintura adherida al plástico en circulación será similar, pero los capazos no se consideran envases por la normativa… cumplimos el trámite de reducción de envases... y nuestros clientes van a la última moda a la vez que hacen, orgullosos, propaganda, previo pago, de nuestro establecimiento.
Análisis del ciclo de vida de producto: retiro de mis estanterías los productos sobre los que tengo poca capacidad de decisión. A continuación estudio, para aquellos productos sobre los que puedo influir, procesos de envasado y transporte… y me ahorro un montón de pasta reduciendo dobles precintos y sacando de los paquetes de mis productos aquello que transporto pero no beneficia a mis clientes… al final, el aire entre los pistachos también hace que la bolsa de la compra abulte más... Y si al resultado añado lo que no me gasto en hacer creer a los demás que lo estoy haciendo bien… más que me ahorro.
Esperemos que la transposición de la nueva directiva deje menos espacio para hacer trampas...

